La espinita

Me dijeron que no podría, que no era fuerte, que no era digno, que no era suficiente. Me dijeron que para poder no bastaba con mis manos, que mi inteligencia no alcanzaba, que nunca llegaría a lograr aquello que tanto había soñado.

¿En qué basáis vuestros dogmas que taladran mi autoestima con tanta determinación? ¿Es que conocéis acaso todas mis capacidades, todas mis limitaciones, todos mis actos de fe? Si ni tan siquiera yo mismo nunca alcanzaré a comprenderme, ¿cómo me conocéis tan bien?

Vais clavando la espinita que llevo guardada adentro sin ningún tipo de conmiseración. ¿Os habéis parado acaso a pensar si es que me duele o me ocasiona temor?

Tanta herida acumulada le ha puesto coraza al alma, Betadine al corazón, y ha ejercitado los músculos atrofiados de mi autoestima. Hoy camino por la cuerda floja de la vida sin ningún tipo de arnés y hago al vuelo malabares para mostrar mi sonrisa, aunque me duela por dentro, aunque no caiga de pie.

He construido un castillo con todas las piedras lanzadas con tiro certero al centro de mi diana. En él me siento seguro, soy capaz de erigir muros con tan solo una mirada. ¿Y aún no me suponéis fuerte?

Seguid lanzándome piedras, que dentro de mi castillo, con ellas construiré la atalaya más alta, desde la que se divise el infinito horizonte que algún día alcanzaré.

1 comentario en “La espinita”

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