La cordura

He perdido el control de mi locura. 

Parece de locos e incluso incoherente, pero lo cierto es que vuelvo a estar cuerda y no me gusta.

He perdido las ganas de todo. 

Si bien es cierto que todos aconsejaban, sin haberles preguntado, que debía retomar el camino adecuado, jamás les tomé en cuenta. 

No escuché sus miedos. 

Todos infundados, porque yo me sentía viva.

Pero ahora, ¿qué he ganado? – les pregunto. 

Porque no me siento mejor. Ni siquiera realizada. Ni resuelta.

Era feliz con aquella soltura, con aquel modo mío particular de ver el mundo. 

Al fin y al cabo mi mundo. 

He perdido las ganas de vivir, porque vivir de este modo no es bonito.

Hacía el bien. Me llenaban las ilusiones, me entristecían las penas.

Pintaba los días del color que me gustaba,

escribiendo poemas y cartas.

Sonreía al sol cada mañana.

Y recibía la lluvia agradecida.

Maquillaba mis labios de rosa fucsia.

Jugaba con las texturas.

Construía sabores. Formaba sensaciones.

¿Crees que es una broma?

Era mi particular cordura. 

Y ¿quién es quién para evaluar cada conducta? 

Merece la pena saber quién eres y qué buscas. Tu filosofía. Merece la pena ser autentica, real, única. Y eso solo lo sabe un@ mism@.

By Miriam Giménez Porcel.

6 comentarios en “La cordura

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