La casa…

-Calla- le dije a esa muchacha que se había empeñado en acompañarme a esa casa abandonada que siempre me llamo la atención.
Obedeció y mantuvo silencio, mientras tratamos de que nuestros pasos fueran como los de un felino.
Un vago ruido parecía provenir detrás de aquella puerta que daba acceso al desván.
Sus ojos se llenaron de pánico mientras dijo susurrando
– Vámonos, aqui ahí alguien mas-.
– No, llevó varios días vigilando esta casa y no he visto entrar a nadie, será una rata-
le contesté comprobando como le repugnaba la posibilidad de encontrarse con dicho animal.
Volvió ese ruido y la cercanía parecía que eran golpes en aquella puerta.
-Yo me voy, esto no me gusta nada-
dijo y sin más se alejó de mi.
Perdí su pista cuando salió hacia el pasillo.
De repente los golpes en aquella puerta se hicieron más repetidos. Un segundo después escuché el chillido de aquella muchacha que venía conmigo.
Corrí hacia aquel pasillo, pase por el salón hasta salir de la casa.
No había nada ni rastro de ella. Era casi imposible que le hubiera dado tiempo de salir, aunque quizás el miedo…
Me gire y vi una sombra que pasaba por la ventana.
-¿Ella?-.
Me pregunté mientras decidía si volver a entrar a esa casa.
Aunque con asombro comprobé como la puerta se cerró de manera brusca. Entre ese silencio unos pasos corrían por el interior de la casa, hasta que cesaron igual como aparecieron.
Para entonces mi corazón ya estaba completamente acelerado, y casi podía percibir como latía esa vena de mi cuello que me mostraba mi tensión.
Examine los alrededores de la casa, llamándola en repetidas ocasiones.
– Elisa, Elisa-
ninguna respuesta.
De nuevo los pasos acelerados aparecieron aunque esta vez se vieron acompañados por los chillidos que casi destroza mis tímpanos.
Corrí hacia hacia aquella casa esperando que la suerte se volcará de mi lado y la puerta trasera no se encontrase cerrada.
Ni suerte ni nada, estaba cerrada. Mire a mi alrededor buscando cualquier elemento contundente, que me sirviera para romper el pequeño cristal que había en la parte superior del pomo.
Y ante mi incredulidad observe, como ese pomo se giraba, y la puerta quedaba entreabierta. Alguien desde dentro abrió la puerta.
Me acerqué con sumo cuidado, empuje levemente para dejar el hueco necesario por donde cabía mi cuerpo.
Entre y allí no había nadie, mientras pensaba que había sido un estúpido al entrar asi.
Si llega a estar alguien detrás…
Avance con más miedo que cautela, mi respiración agitada.
– Perfecto ahora una bajada de azúcar, lo que me faltaba.- Busque en mi bolsillo algunos de esos caramelos que llevaba.
Jamás hizo tanto ruido ese envoltorio de plástico, exageradamente pensé que se había escuchado en cada rincón de esa casa. Entonces escuché un ligero chisteo..
– Shhh!! Estoy aqui-.
La voz provenía de aquella puerta que seguramente sería una despensa. Se abrió lentamente.
– Corre volverá en un segundo-  me dijo Elisa y tan pronto como callo los pasos se escucharon. Alguien venía por el pasillo.
Corrí casi de puntillas para que fueran lo más leve el ruido de mi carrera, entre y ella cerró con cuidado esa puerta.
– No hagas ningún ruido- me advirtió.
Su mirada seguía llena de pánico.
– Ves, ya te dije que aqui había alguien mas-
me susurró a mi oído.
La tenía tan pegada a mi que podía escuchar su corazón latir tan rápido como el mío.
Aquellos pasos cada vez se escuchaban con mayor claridad, tomaron una pausa hasta que se pudieron percibir de nuevo alejándose de donde estábamos. Escuchamos como el cerrojo de la puerta por la que yo había entrado  se cerraba.
Bien ahora si que estamos atrapados, pensé mientras de nuevo un grito me atravesó el alma.
Seguramente el pánico tomó también mi mirada porque Elisa se abrazó a mi.
– ¿Como vamos a salir de aquí? – le susurre.
– No lo sé quizás sólo salga uno de nosotros –
me dijo dejandome confuso.
-¿ Que estas diciendo?, saldremos los dos-
respondí.
Ella me sonrió, abrió aquella puerta y me ofreció su mano.
– Venga vamos- dijo.
Agarre su mano.
Deje que me fuera guiando hasta que nos encontramos al borde de aquel pasillo.
Justo a la mitad estaba la puerta que daba al salón. Caminamos despacio tocando con la yema de los dedos la pared sin dejarnos llevar por el pánico de aquellas súplicas que se percibían y que sin duda provenían del desván.
Un pequeño alivio me invadió cuando alcanzamos el salón, pero aquella voz seguía penetrando en la cabeza.
“No, por favor, haré todo lo que quieras” se escuchaba repetidamente al tiempo que esos pasos pesados.
De repente dos detonaciones secas retumbaron en toda la casa. Sentí como la mano de Elisa se soltó de la mía y escuché el impacto de su cuerpo contra el suelo.
El pánico me cubrió y dude si girarme, esperaba volver a escuchar esas dos detonaciones de nuevo y sentir como sacudian mi cuerpo, incluso cerré los ojos mientras los pasos seguían acercándose.
Unos segundos después los pasos dejaron de escucharse. Rápidamente me vinieron a la cabeza las palabras que ella había dicho y que vaticinaba que sólo saldría uno de nosotros.
Me gire, allí estaba tendida en el suelo, su rostro ya no presentaba ese color rosado, me fui acercando poco a poco maldiciendo haber dejado que me acompañará. Me puse de rodillas mientras una lágrima recorrió mi mejilla y cayó sobre su pecho.
– Sal de aqui, no quiero intrusos en mi casa-
me dijo al mismo tiempo que se incorporaba lentamente.
Corrí como alma que lleva el demonio, casi sin dar crédito a lo que había ocurrido, salí sin mirar atrás.
No podía ser era imposible, sólo cuando cerré esa puerta ella se acercó al cristal y me dijo
– la próxima vez no te mostraré mi muerte serás tu quien morirá- …
Jamás volví a acercarme a esa casa aunque no puedo borrar su imagen mirando a través de los cristales de aquella puerta….

8 comentarios en “La casa…

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