El juego de las miradas…

El juego de las miradas…

 

Cien días bastaron, desde que descubrí su existencia.

Desde el momento en que se cruzaron nuestras miradas, brevemente, entre aquella ventana que ocultaba la intimidad de su habitación.

Hasta el momento en el que se convirtió en un juego de miradas que se esquivaban mutuamente, y que solo por un segundo se encontraban.

Donde ella jugaba conmigo, enloqueciendo mi corazón en cada segundo; que tras descubrirme se escondía, apartándose de aquella ventana, para asomarse de nuevo, de manera fugaz, mostrando una leve sonrisa.

Otros, donde conseguía no sentirse observada y donde despertaba todo en mi interior. Pasé de enamorarme a desearla.

Quería ver aquella mirada, cargada de pasión, no solo en mis sueños, sino clavada a la mía sin temor a ser descubierto.

Besar sus labios un millón de veces, lentamente, para saborear el dulce elixir que llegaba a embriagarme, para llevarme a la felicidad.

Descubrir el contorno de aquel cuerpo dibujado tras su blusa de lino, que escondía toda su belleza.

Quería aprendérmelo como si fuera aquel mapa que traza el camino correcto para encontrar un preciado tesoro.

Recorrerlo, acariciándolo con las yemas de los dedos para sentir su piel reaccionando a mis caricias, hasta provocar el suspiro que hasta podría enamorar al silencio.

Envolverla en el día con cientos de miradas y poder descubrirla en la noche, en cada noche, por completo, como si nunca antes hubiese llegado a hacerlo.

Y allí estaba, en aquel vagón de metro colmado de gente, ella, quien tantas veces deseé, tratando de que no se percatara de mi presencia. Percibiendo el aroma de su perfume.

Y una vez iniciado el viaje, allí permanecí, hasta que ella, cuando el tren llegó a su primera parada, acabó por descubrirme.

Sentí cómo un suave roce se deslizaba por mi mano. Cómo sus dedos comenzaban a entrelazarse con los míos, hasta agarrarme fuertemente.

Y comenzó a girarse, lentamente, dibujando aquella sonrisa que tantas veces vi durante nuestros juegos.

Sentí cómo su mirada conectaba con la mía, esta vez, sin intención alguna de retirarla, llegando a lo más profundo de mi ser.

Percibí su perfume, envolviéndome por completo, demostrándome la cercanía de ambos cuerpos.

Eternos parecieron los segundos, hasta que fundió sus labios con los míos, regalándome su dulce beso.

Y tras separarlos lentamente, comenzó a recorrer con ellos mi rostro y mi cuello, suavemente, hasta lanzarme un leve mordisco en el lóbulo de mi oreja, para después susurrarme:

-”Ha llegado nuestro momento, te juro que será eterno”-.

Durante el trayecto hasta la siguiente parada, pudimos liberar todos aquellos besos, atrapados entre los cristales de su ventana.

Y bajándonos del vagón, nos mezclamos de nuevo entre la marea de gente para volver caminando allí, donde surgió aquel deseo.

Volví a verla, día tras día, asomada a aquella ventana, tras las noches en las que se fundían nuestros cuerpos, cuando la rutina de la vida diaria me obligaba a marchar. Con la certeza de que el resto de mi vida la vería despertar.

 

Eterno aprendiz de escritor, poeta o como pueda llamarse.
Ya que esta afición lleva acompañándome desde mis tiempos de escuela.
También es un medio para evadirse de esta realidad que en ocasiones pesa..

2 comentarios en “El juego de las miradas…”

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