En el silencio de la noche el más mínimo movimiento es perceptible, incluso el pensamiento del vecino se hace audible, el más suave respirar se escucha tras el fino cartón de viviendas de las grandes y pequeñas urbes. Sonidos que pasan desapercibidos durante la trepidante aceleración del día se amplifican como por efecto de megafonía. Los sentidos se agudizan y nada queda fuera de su radar cuando el sueño perezoso se torna y se lanza a la conquista del desvelo. Vueltas y más vueltas a un lado y a otro de la cama en espera de poder cerrar los ojos y conciliar de una vez el sueño, pero…¡¡¡nada, los ojos abiertos como platos quedan!!!

El silencio araña, el silencio se expande y ruidos y más ruidos se escuchan en un aparente silencio que cruje hasta la exasperación. Todo cobra dimensiones descomunales en el silencio de la noche que ya de por sí arde con el calor del tórrido verano.

Vuelo de mosquitos que en danza macabra merodean el cuerpo buscando el mejor lugar en el que succionar su alimento. En el intento de atrapar a la fiera una y otra vez se golpea sin demasiada fortuna, el insecto resulta ser más rápido y de los golpes se escapa, de la torpeza del insomne se burla y con sorna se jacta de su habilidad para esquivar la muerte.

Puertas que se cierran, ventanas que se abren, motores y compresores de aparatos de aires acondicionados no dejan de incordiar con su cháchara y el insomne se agota y al borde de una crisis de nervios se sitúa y estalla y de un salto de la cama se levanta directo al baño para darse una ducha bien fría, acto seguido entra en la cocina y una buena taza de valeriana que le aplaque los nervios se prepara y se toma para evitar cometer la locura de subirse por las paredes o salir al balcón medio desnudo y gritar cual energúmeno en medio de la noche exigiendo a la noche que se apaguen todas las voces, que cesen los sonidos que se filtran por los oídos hasta reventar los tímpanos, que necesita dormir y el calor y los ruidos en el supuesto silencio de las noches de verano se lo impiden.

Al otro lado de la sala Morfeo observa atento la escena desde hace mucho rato, con pesar se aleja sabiendo que otra noche más no podrá vencer a su contrincante, el insomnio se rebela de nuevo como único vencedor de la contienda y piensa que otra noche más habrá de irse sin compañía a la cama.

 

 

@Marina Collado Prieto

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