Sentía el acelerado latido de su corazón, quería detenerlo, apaciguar el pálpito que se ahondaba en sus entrañas y resonaba como campanadas en medio de un mundo de silencio. Sentía un frenético impulso de correr y correr hasta el agotamiento poniendo a prueba su resistencia ¿Sería su corazón capaz de soportar sin explotar la maratón al que lo sometería o por el contrario sobreviviría? Era una locura, lo sabía perfectamente pero así se sentía, aunque no, no expondría a su corazón a semejante prueba. En su enajenación solo había la intención de aplacar de alguna manera la angustiosa espera a no saber exactamente qué sucedería.

Algo dentro de sí gritaba por salir a la superficie mas su grito quedaba asfixiado en una garganta muda por la que solo salía el aire que inhalaba a bocanadas sin poder tragarlo. Se sentía atrapada dentro de una enorme fosa de la que no acertaba cómo salir, la pendiente hacia el exterior le resultaba cada vez más y más inclinada y ya las fuerzas le fallaban.

Se sentía flaquear, era un ser vulnerable dentro de una frágil cúpula de cristal, en cualquier momento podía hacerse añicos de la implosión de emociones que la sacudían. Se sentía perdida en medio de su incertidumbre, cansada, hastiada, una y otra vez se repetía la misma escena, la noche se perpetuaba sin que se viera la luz de la mañana.

Encogida, acurrucada en la antesala del ahora o nunca se debatía entre las decisiones a tomar, quedarse estancada en el abismo del foso o arrancarse la piel y ascender por la empinada cuesta que la prueba le imponía. Cansada, hastiada se sentía, no soportaba la constante comparecencia al tribunal de cuentas al que era sometida, juicios y castigos impuestos por la más injusta de las jerarquías inquisitivas.

Se retorcía de indignación y callaba los gritos que de las entrañas salían. Debía deshacerse de la mordaza que su grito amortiguaba y dejar en libertad la carga que no le pertenecía, ante nadie debía justificarse, razones le sobraban, nadie más que ella sabía su historia, no dejaría en manos de la inquisición el poder de condenarla y crucificarla sin conocimientos de causa.

Se armó del valor y fuerza que de su interior provenía hasta lograr ascender por la escarpada pendiente. Rasguños y heridas la ascensión a su cuerpo produjo pero logró salir al exterior donde la luz para ella se abría y se hizo con el timón y rumbo de su vida.

 

@Marina Collado