Inmersa en mi propio universo en una galaxia que para mí invento, me elevo hacia recónditos lugares, exploro con atención todo lo que me rodea. El silencio me acompaña, me permite visualizar más allá de lo conocido, capto con mi sutil radar lo que acontece en cada movimiento que impulsa mi vuelo. Mi cuerpo se convierte en voluptuosa muselina que se eleva formando piruetas en el aire, describiendo formas geométricas, dibujando imágenes que se representan en el firmamento.

Inmersa en mi propio universo, en la ingravidez del tiempo me atrevo a soñar con un mundo perfecto. Silencio el ruido que quiere imponerse al momento, interrumpo las voces que persisten en llamar mi atención y convencerme de sus argumentos.

Inmersa en mi propio universo esculpo a mi antojo lo que deseo, sonrisas sin disfraces que del corazón nacen, llantos de alegría que en sonoras carcajadas explotan, luces multicolores que iluminan las mañanas salpicadas de amarguras y pesares. Lluvia que en forma de abrazos de mis nubes caen, acariciando el corazón, confortando el alma, colmando de dicha a los que perdieron la ilusión y la esperanza en un nuevo cambio. Agua infinita brotando y fluyendo en todos los manantiales, acabando con la sequía en los pueblos en los que sus fuentes se secaron, fertilizando la tierra con nuevos nutrientes que la paz devuelve al planeta.

Inmersa en mi universo creo nuevos lienzos, tapices dorados, luz de amor que se expande por todos los corazones, humanizando la humanidad, despertando al durmiente de la inconsciencia en la que se mantiene, sumergido en una ceguera permanente.

 

@Marina Collado