Infiel (II/III).

Habían pasado cinco meses desde aquella reunión en Bruselas donde conoció a Bjorn, cinco meses desde que Sonia pasó aquella primera noche con él.

Cuando regresó de Bruselas y se encontró a Carlos esperándola con un ramo de flores en el aeropuerto, Sonia se sintió la peor persona del mundo y sintió pánico solo de pensar en la posibilidad de perderle. Pero lo cierto era que ya habían pasado cinco largos meses y su matrimonio cada día se apagaba más.

Sonia tan solo tuvo unos pocos días de tregua desde que llegó de Bruselas hasta que Carlos le reprochó de nuevo que no quisiera tener hijos. Las discusiones eran constantes, por cualquier cosa se enfadaban y la relación entre ellos cada vez era más distante. Pero lo peor era que Sonia no dejaba de pensar en Bjorn, incluso se colaba en sus sueños.

Al mes siguiente acudió a la reunión mensual de la empresa, que esa vez le tocaba organizar a la delegación de Milán, en Italia.

Sonia estaba nerviosa, sabía que volver a ver a Bjorn significaba tener que ponerse a prueba frente a la tentación de sucumbir al deseo anhelado de volver a estar entre sus brazos. Y, tal y cómo había supuesto, volvió a caer en la tentación. Y, durante los siguientes tres meses, volvió a caer de nuevo en la tentación cuando viajó a las delegaciones de Ginebra, Londres y París.

Cuando regresaba a casa después de sus viajes, Sonia continuaba su vida de casada en Madrid, pero su matrimonio a esas alturas tan solo existía de cara a la galería. La relación con Carlos se había vuelto bastante tensa y, desde que Sonia regresó de Bruselas, podía contar con los dedos de una mano las veces que había mantenido relaciones sexuales con Carlos, y no era porque él no lo intentase.

Sin embargo, su relación con Bjorn se había convertido en algo más que una simple aventura mensual. Durante los últimos meses la había estado llamando con frecuencia hasta el punto que ahora la llamaba por teléfono todos los días al despacho y le enviaba un mensaje todas las noches. Con paciencia y sutileza, Bjorn trataba de hacerle ver a Sonia que ella ya no estaba enamorada de su marido y que su relación no era una simple aventura para romper la rutina. Poco a poco, Bjorn se había ido enamorando de Sonia y no estaba dispuesto a rendirse solo porque ella estuviera casada. Bjorn iba a poner todo de su parte para abrirle los ojos a Sonia y pensaba hacerlo durante los días que durase la reunión en su delegación. Múnich sería el escenario perfecto, allí jugaba en su terreno.

Sonia estaba haciendo la maleta en la habitación, al día siguiente tenía que viajar a Múnich y volvería a ver a Bjorn. Había estado contando los días que le quedaban para volver a estar con él, saber que volvería a estar entre sus brazos era el aliciente que necesitaba para levantarse todas las mañanas.

–          ¿Te vas otra vez? – Le preguntó Carlos cuando llegó a casa del trabajo y la vio haciendo la maleta.

–          Así es. – Le respondió Sonia sin siquiera mirarle.

–          Podrías haberme avisado. – Le reprochó Carlos.

Sonia se mordió la lengua para no contestarle que lo hubiera hecho si no hubiera llegado de madrugada los últimos días, pero no quería discutir. En unas horas estaría con Bjorn y eso era todo en lo que quería pensar.

–          ¿A dónde viajas esta vez? – Insistió Carlos.

–          A Múnich.

–          ¿Cuántos días estarás fuera?

–          Depende de lo que dure la reunión, un par de días mínimo y una semana como máximo. – Le respondió Sonia.

–          ¿Una semana? Nunca has estado tanto tiempo de viaje.

–          La empresa crece y los problemas a resolver también. – Fue la única respuesta de Sonia.

–          ¡Está claro que te preocupa más esa dichosa empresa que nuestro maldito matrimonio!

–          ¿Qué matrimonio, Carlos? – Le espetó Sonia cansada de morderse la lengua. – Hace meses que nuestra relación es un matrimonio solo por un papel firmado, pero nada más.

–          ¡¿Y me echas la culpa a mí?! – Le espetó Carlos. – La gente normal se casa, disfruta de su pareja, tiene hijos y son felices. Pero tú tienes otros planes, ¡a ti te da igual nuestro matrimonio! ¡Lo único que te importa es tu maldita carrera en esa empresa!

–          Puede que entonces lo mejor sea que nos divorciemos. – Le respondió Sonia con un tono de voz tan frío que a Carlos se le puso el vello de punta.

–          Creo que lo mejor será que nos tomemos estos días para relajarnos y pensar, ya hablaremos con más calma cuando regreses. – Convino Carlos. – Aprovecharé estos días para ir al pueblo a ver mis padres, regresaré el próximo domingo. – La miró a los ojos con ternura y añadió: – Avísame si regresas antes que yo y quieres que vuelva.

Sonia asintió con la cabeza desviando la mirada, no podía mirarle a los ojos. Carlos dio media vuelta y se encerró en la habitación de invitados, la habitación en la que dormía desde hacía un par de meses, cuando se cansó de que Sonia le rechazara una y otra vez.

Carlos sabía que Sonia le había sido infiel, podía verlo en sus ojos. Aunque aquella infidelidad le enfurecía, lo que más le preocupaba es que no se tratara de una simple aventura. Sonia se había distanciado de él muchísimo durante los últimos meses, corría el riesgo de que se enamorara de otro hombre y le dejara. Carlos no estaba enamorado de Sonia, de hecho, aunque jamás se lo confesaría, él también le había sido infiel en numerosas ocasiones, pero él quería que Sonia siguiera siendo su esposa y formar una familia, para eso se casó con ella.

Sonia se metió en la cama cuando terminó de preparar la maleta y cogió el móvil para activar la alarma-despertador cuando vio que tenía un mensaje de Bjorn: “Buenas noches, nena. Estoy deseando que llegue mañana para tenerte entre mis brazos. Te echo de menos. Besos. B.” Sonia suspiró, sin poder evitarlo se había enamorado de Bjorn. Respondió a su mensaje: “Buenas noches, nene. Yo también te echo de menos y estoy deseando estar entre tus brazos. Besos. S.”

A la mañana siguiente, Sonia se levantó a las cinco y media, se dio una ducha, se vistió y se dirigió a la cocina para desayunar, donde se encontró a Carlos preparando el desayuno.

–          Buenos días, cariño. – La saludó con una amplia sonrisa.

Sonia le devolvió el saludo haciendo un gesto con la cabeza. La noche anterior habían tenido una conversación bastante dura y ahora actuaba como si fueran un matrimonio feliz, dejando totalmente descolocada a Sonia.

–          Te he preparado el desayuno. – Le dijo Carlos sirviéndole una taza de café y una tortita de chocolate que acababa de hacer. – Me voy a la ducha o llegaré tarde al trabajo, espero que vaya bien el viaje.

–          Gracias. – Le contestó Sonia evitando su mirada.

–          Descansa estos días. – Le susurró Carlos al mismo tiempo que le daba un beso en la mejilla a modo de despedida.

Sonia desayunó, cogió su maleta y se marchó hacia el aeropuerto en un taxi antes de que Carlos saliera de la ducha, no quería volver a despedirse de él.

Nada más subirse al avión, antes de despegar, le envió un mensaje a Bjorn: “Apunto de despegar y deseando llegar para verte. Besos. S.” No tardó en obtener respuesta: “Estaré esperándote en el aeropuerto, muero de ganas por sentirte mía. Besos. B.”

Sonia suspiró y apagó el teléfono móvil para despegar. Durante las dos horas y media que duró el vuelo, Sonia trató de relajarse y olvidar todo lo que tuviera que ver con Carlos y su matrimonio, solo quería pensar en Bjorn y que le hiciera olvidarse de todo.

Cuando el avión aterrizó, Sonia se dirigió hacia la recogida de maletas y, cuando traspasó la puerta de llegadas y lo vio allí de pie, apoyado en una columna, con las manos en los bolsillos y una seductora sonrisa en los labios. Bjorn era realmente atractivo y en esa postura estaba muy sexy. Sonia tuvo que recordar cómo se respiraba para no desmayarse allí mismo. Bjorn se acercó a ella, la agarró por la cintura y la estrechó entre sus brazos al mismo tiempo que la besaba en los labios apasionadamente.

–          Te he echado de menos, nena. – Le susurró al oído.

–          Y yo a ti también. – Le respondió Sonia.

Bjorn agarró con una mano la maleta de Sonia y con la otra mano agarró a Sonia por la cintura para dirigirse hacia el parquin. No quería mantenerse alejado de ella ni un solo instante ahora que podía tenerla junto a él.

Llegaron al parquin y se subieron al coche de Bjorn, que en lugar de llevarla a un hotel para que se instalara, la llevó a su casa.

–          ¿Dónde estamos? – Le preguntó Sonia cuando llegaron, aquello no tenía pinta de ser un hotel.

–          En mi casa, he pensado que aquí estarías más cómoda. – Le respondió Bjorn abrazándola desde atrás y besando su cuello. – Vamos, quiero enseñarte la casa.

Bjorn le hizo de guía mientras recorrían las tres plantas que tenía la casa. Le asignó la habitación de invitados que estaba al lado de la suya y le dijo con la voz ronca:

–          Solo dejo que te instales en esta habitación por si necesitas un poco de espacio e intimidad, pero tengo pensado meterte en mi cama todas las noches a menos que tú digas lo contrario.

Sonia se volvió hacia a él y lo besó en los labios apasionadamente. Anhelaba tenerlo cerca, anhelaba sus caricias, sus besos,…

–          Nena, si no paramos ahora llegaremos tarde a la reunión. – Le recordó Bjorn. Sonia hizo un mohín y Bjorn le dio un beso en la punta de la nariz antes de decir: – Reserva fuerzas para esta noche, voy a dejarte sin energía.

Con tan solo esas palabras, Sonia se humedeció. Aquel hombre la hacía sentir deseada y amada, ni siquiera recordaba haberse sentido así alguna vez por Carlos.

Subieron la maleta de Sonia a la habitación de invitados y, tras instalarse, se dirigieron hacia las oficinas de Múnich, de las cuales Bjorn era el director.

Sonia conocía bien las oficinas de Múnich, había pasado allí mucho tiempo cuando despidieron al anterior director de la delegación. Todos los directores, incluida Sonia, tuvieron que echar una mano con la dirección de la delegación de Múnich mientras contrataban un nuevo director, así que los viajes a Múnich fueron regulares durante algún tiempo. Sin embargo, desde que habían contratado a Bjorn como director, no había regresado a Alemania.

–          Ya hemos llegado. – Anunció Bjorn mientras aparcaba en su plaza. – ¿Estás bien? Estás muy callada.

–          Perdona, solo estaba distraída. – Le dijo Sonia dedicándole una sonrisa.

Se montaron en el ascensor y subieron hasta la última planta, donde se encontraba el despacho de Bjorn y la sala de reuniones de dirección.

Sonia se paró un minuto a saludar a Frida, la recepcionista de la última planta. Había congeniado mucho con ella y con Claudia, la secretaria de dirección.

–          ¡Sonia, qué alegría volver a verte! – La saludó Frida con un efusivo abrazo que Sonia le correspondió con cariño.

Ambas iniciaron una conversación en la que se pusieron al día rápidamente mientras Bjorn las observaba a escasos metros de distancia, sorprendido por ver cómo Frida, a la que tenía por una mujer fría y distante, se comportaba cariñosamente con Sonia. Cuando se adentraron por los pasillos y pasaron frente a la mesa de Claudia, Sonia también la saludó con cariño. Durante los meses que había estado viajando a Múnich se habían hecho amigas y se alegraba de volver a verlas, aunque solo fuera por unos días.

–          ¡Sonia, estás guapísima! – Le dijo Claudia. Acto seguido saludó a Bjorn. – Buenos días, señor Fischer. La sala de reuniones ya está lista para recibir a todos los directivos.

–          Gracias Claudia. – Le respondió Bjorn. – Estaré con la señorita Fernández en mi despacho, avísame cuando lleguen el resto de directivos.

Claudia asintió y Bjorn le hizo un gesto a Sonia para que pasara a su despacho. Sonia entró en el despacho seguida de Bjorn, que cerró la puerta con llave y se acercó a Sonia para abrazarla desde la espalda.

–          Echo de menos sentirte entre mis brazos, nena. – Le susurró al oído al mismo tiempo que comenzaba a depositar pequeños besos sobre la piel de su cuello. – Estás preciosa, ¿te lo he dicho ya?

–          Puedes repetirlo, no me cansaré de oírlo. – Bromeó Sonia estirando sus brazos para rodear el cuello de Bjorn y darle acceso a sus pechos.

–          Oh, nena. – Dijo Bjorn acariciando los pechos de Sonia. – No voy a poder parar si continuamos así, me vuelves loco.

–          Es temprano, todavía tenemos media hora hasta que lleguen todos. – Le propuso Sonia.

Bjorn no dijo nada, se limitó a continuar acariciando los pechos de Sonia y poco después deslizó su falda hacia arriba, enrollándola en la cintura. Se separó un momento de Sonia para contemplarla. Se había puesto un liguero para sujetar los pantys y llevaba un diminuto tanga que realzaba su perfecto trasero. Acarició sus nalgas y pegó su erección al trasero de Sonia para hacerla saber lo mucho que lo excitaba. Sonia gimió y se movió rozando la entrepierna de Bjorn, provocándolo. Bjorn deslizó su mano por el vientre de ella y descendió hasta perderse entre sus piernas. Ella abrió un poco las piernas para facilitarle el acceso y Bjorn buscó entre sus pliegues hasta encontrar su hinchado y húmedo clítoris. La acarició y la besó hasta que la tuvo al borde del orgasmo, momento en que la penetró de una sola estocada y, tras varias embestidas, ambos alcanzaron el clímax. Bjorn la abrazó hasta que sus respiraciones se normalizaron y le susurró al oído:

–          Esto solo ha sido un anticipo de lo que te espera esta noche. – La besó en la sien y la ayudó a acomodarse la ropa. – ¿Te apetece un café?

–          Sí, por favor. – Le respondió Sonia.

Sonia se retiró al baño privado de Bjorn para terminar de colocarse la ropa y repasar su maquillaje. Mientras tanto Bjorn le pidió a Claudia que le trajera un par de cafés al despacho.

Bjorn tenía que hablar con Sonia de la situación de la delegación, no quería que se enterara en la reunión, sobre todo teniendo en cuenta lo que Patrick tenía pensado proponerle.

Cuando Sonia salió del baño, Claudia ya había traído los cafés. Se dio cuenta de que Bjorn estaba nervioso y le preguntó:

–          ¿Qué ocurre?

–          Tenemos que hablar, Sonia.

A Sonia no le pasó por alto que Bjorn la llamó por su nombre en vez de llamarla nena, como acostumbraba a hacer cuando estaban a solas, pero no dijo nada. Se sentó en uno de los sillones frente a él y le escuchó hablar:

–          El trabajo en la delegación está creciendo mucho más rápido y queremos dividir la dirección, es decir, contratar un nuevo director y dividirnos las tareas. – Comenzó a decir Bjorn mientras Sonia le escuchaba con atención. – El caso es que queremos a alguien de confianza y el presidente ha mencionado tu nombre. Quiere que seas tú quien ocupe ese puesto y quiere ofrecértelo hoy durante la reunión de manera oficial.

–          ¿Se lo has pedido tú? – Le preguntó Sonia desconcertada.

–          Esto no tiene nada que ver conmigo, Sonia. – Le aseguró Bjorn. – Pero no te voy a negar que me gustaría que aceptaras el puesto y que por supuesto daré mi opinión cuando me pregunten.

–          ¿Quieres que acepte compartir contigo la dirección de la delegación de Múnich? Eso supondría mudarme, trasladarme de ciudad y también de país. – Le dijo Sonia sin descartar del todo esa opción.

–          Si aceptas el puesto, podríamos estar juntos, Sonia. Yo ya no puedo seguir así. No puedo conformarme con tenerte unos días al mes, sabiendo que después regresas con tu marido. Te quiero solo para mí. – Le dijo Bjorn mirándola a los ojos.

El teléfono del despacho empezó a sonar y Bjorn descolgó con el altavoz.

–          Señor Fischer, el señor Sannen acaba de llegar y me ha informado que el resto de directivos están subiendo en este momento. – Dijo la voz de Claudia.

–          Gracias Claudia, hágales pasar a la sala de reuniones. – Le contestó Bjorn antes de colgar. Se volvió hacia a Sonia y añadió: – Continuaremos con esta conversación cuando lleguemos a casa.

Era la primera vez que Bjorn hablaba de su matrimonio con Carlos y, de un modo sutil pero efectivo, también se lo reprochaba.

La besó en los labios y acto seguido ambos salieron del despacho y se dirigieron a la sala de reuniones, donde todos los directivos ya se estaban acomodando y tomando asiento en sus respectivos sillones.

La reunión se centró básicamente en el rápido crecimiento de la actividad en la delegación de Múnich, pues había triplicado la producción y un solo director no podía asumir semejante carga de trabajo. El presidente quiso dejar claro que Bjorn estaba haciendo un gran trabajo desde que se había incorporado en la empresa, pero era consciente de que necesitaban a alguien más que le ayudara a controlar la situación. Como Bjorn ya le había prevenido, el presidente le ofreció oficialmente el puesto de la nueva vacante a Sonia y, tanto Patrick como Bjorn, apoyaron aquella candidatura.

–          ¿Qué le parece la propuesta, señorita Fernández? – Le preguntó el presidente a Sonia.

–          Agradezco la confianza que depositan en mí, pero no es una decisión que pueda tomar a la ligera. – Le respondió Sonia. – Aceptar el puesto supone cambiar de ciudad y de país, alejarme de mi familia y de mis amigos. Necesito tiempo para pensarlo.

–          Y lo tendrá, señorita Fernández. Somos conscientes del cambio que supondría en su vida si aceptase el puesto, por eso quiero que lo piense detenidamente. – Le dijo el presidente.

La reunión continuó hasta que cayó la noche. Bjorn tenía pensado llevar a cenar a Sonia a un restaurante romántico, pero nada más salir de la oficina y subirse al coche, Sonia le dijo:

–          Estoy deseando llegar a casa y que continúes con lo que hemos dejado a medias esta mañana.

A Bjorn no le hizo falta más para cambiar de opinión y puso rumbo en dirección a su casa. Ni siquiera les dio tiempo a llegar a la habitación. Entraron por la puerta interior del garaje que daba a la cocina e hicieron el amor sobre la encimera. Después Bjorn cogió a Sonia en brazos y cargó con ella hasta su habitación, donde la dejó sentada sobre la encimera del baño para llenar la bañera y la desnudó por completo. Volvieron a hacer el amor en la bañera antes de bajar a cenar a la cocina y continuaron disfrutando del deseo y la pasión que a ambos sentían y ansiaban.

–          Nena, no quiero presionarte, pero necesito que tomes una decisión respecto a nosotros, no podemos seguir así. – Le dijo Bjorn cuando sus respiraciones se normalizaron. – Te deseo solo para mí, no quiero compartirte con nadie. Quiero disfrutar de ti y de los días que vamos a estar juntos, pero deberás pensar en ello cuando regreses a Madrid. Por cierto, ¿cuándo regresas a Madrid?

–          Puedo quedarme en Múnich hasta el domingo o el lunes.

–          ¿Una semana solo para mí? – Preguntó Bjorn gratamente sorprendido, no esperaba que Sonia se quedara tantos días en Múnich.

–          A menos que te canses antes de mí. – Bromeó Sonia.

–          Yo nunca me cansaré de ti, nena. – Le susurró Bjorn al oído, la abrazó y ambos se quedaron dormidos.

Los días fueron pasando y cuando llegó el lunes y Sonia tuvo que regresar a Madrid, se dio cuenta de que quería quedarse en Múnich con Bjorn. La idea de regresar a Madrid y encontrarse con Carlos la deprimía, pero al menos tenía clara una cosa: quería el divorcio.

Bjorn la acompañó al aeropuerto y se despidió de ella con un fuerte y largo abrazo. Sonia había estado muy callada las últimas veinticuatro horas y Bjorn se temía que ya hubiera tomado una decisión y que esa decisión fuera la de regresar con su marido.

–          Te echaré de menos, nena.

–          Y yo también. – Le aseguró Sonia antes de besarle en los labios.

Estuvieron abrazados hasta que anunciaron por megafonía el último aviso para embarcar en el vuelo hacia a Madrid y tuvieron que separarse.

Sonia tenía muchos asuntos que resolver en Madrid, así que trató de relajarse durante el vuelo y encontrar la fuerza que necesitaba para afrontar todo lo que se le venía encima. No iba a ser fácil, pero estaba dispuesta a hacerlo por amor.

 

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

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