Hora de despertar

 

 

 

 

Despertó aquella mañana del sueño en el que había permanecido anclada durante tanto tiempo. Despertó y quiso volar aun con las alas dañadas.

Miró el reloj y comprobó que su vida se estancó entre nostalgias, sinsabores y dolores que hizo suyos sin que nadie se lo pidiera.

Despertó aquella mañana y enarboló muy alto su bandera. Se detuvo ante el espejo y contempló incrédula la imagen que reflejaba, irreconocible para sí misma, no era su yo, era una lamentable proyección de un alma malherida.

Tomó la mano que le tendía su exacta gemela y arrancó de cuajo la máscara pétrea que su cuerpo cubría. Deshizo su envoltura y en jirones convirtió su cuerpo. Por cada desgarro sufrido, la piel caída fue mutando a medida que su pensamiento se iba modificando. Un nuevo soy renació de lo vivido, dispuesta a recordar por siempre lo aprendido.

El nuevo hoy se convirtió en la hora de todas las horas, hora de abandonar la lúgubre morada en que habitaba. Era hora de contemplar la luz del sol con los ojos descubiertos, sin miedo a que la luz solar cegara su mirada.

Era hora de descargar el lastre que su espalda aplastaba, era hora de correr y volar, de reír y saltar, de llorar de emoción y de alegría. Era hora de vestirse de amor para sí misma. Era hora de vaciar su alma de dolor, de abrazarse con fuerza a la felicidad que le pertenecía, de vivir la vida que en su amnesia olvidó que le correspondía. 

 

 

 

Imagen de la red

 

 

 

 

6 comentarios en “Hora de despertar

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