Hojas amarillas

Sentada en un banco con la lluvia de hojas alfombrando el paseo, mirando como alguna que otra cae sobre mí fundiéndome con en el paisaje.

Estoy en la misma estación, desnuda como los árboles, sin esperanza de primavera, apurando los días tibios antes de que el frío invierno nos aprese.

Unas gotas resbalan por mi rostro como si quisiera limpiarme el alma y llevarse las tristezas pasadas.

Me quedo esperando a que el agua me empape, y llene el vacío de las lágrimas derramadas.

Así mientras camino hacia mi invierno, deseo que mis ojos puedan seguir siendo fuentes con sonidos cristalinos en momentos de alegría, y regueros silenciosos ante la tristeza de la pérdida.

La vitalidad de la primavera desapareció, el verano también, sin embargo el otoño está dentro de mí, con una fuerza inusitada que transpira por todos los poros de mi piel.

Llena de ilusión por la vida, disfrutando de tantas maravillas naturales y las creadas, y el amor en todas sus vertientes. El otoño es mi primavera y mi verano particular, que pintan de colores mi existencia.

Un viento se levanta que deja despejado el paseo de hojas amarillas, con su soplo aleja los nubarrones dando paso a un celeste iluminado, mientras su bálsamo barre de mi mente los ingratos recuerdos y me llena de una savia nueva.

Y otra vez como el tiempo cambiante de la estación, en este instante luce el sol y sus rayos tibios templan mi espíritu.

 

Toñi

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