La luz del faro se distinguía en la lejanía. Brillo de luz de luna se posaba sobre las profundas aguas del mar y con agradecido silencio acogía en sus brazos los destellos que de la Diosa fluían.

Navego en solitario en plena noche a mar abierto, desconozco el motivo por el cual me hice a la mar sin plan de navegación ni cartografías que no entiendo. Me dejo arrastrar por lo que me dicta la intuición, aguardando el momento de alcanzar el horizonte cuando al alba la noche muera y el sol despunte anunciando el nuevo día.

La mar permanece en calma de acorde a mi latido, escucho el sonido que muy cerca de mi embarcación dejan escapar las diferentes especies marinas, delfines, ballenas y algún que otro habitante que más que ver, intuyo y me imagino.

Se me hace extraña la osadía de surcar el mar en solitario, se me hace extraño navegar bajo la total oscuridad del mar, bajo el plateado manto de estrellas que alfombra el firmamento. Diminutos puntos que destellos emiten y dotan de misterioso encanto el silencio sacro de este mar calmo.

Perdí el temor sin saberlo, no lo dudé ni por un instante, escuché la voz de mi interior que me dio fuerzas y coraje. La voz del reconocimiento, cadenciosa y melódica repitiendo en un eco:

«Ven a mí, sal a mi encuentro. En la profundidad del azul, donde tu vista ya no alcance, oculta tras la luna espera mi alma. Ven a mí, sal a mi encuentro. Anclada en el azul mi voz será señal, guía y reclamo para que la oscuridad no te confunda y en la niebla no te pierdas. Acariciando el espacio con el arrullo de la melodía que de mi amor nace, dejando para ti una estela de luz con mi canto para que sin problemas me encuentres y en un abrazo te fundas conmigo por siempre «.

Vislumbré la luz y por un momento mis ojos quedaron ciegos, hipnotizada por la voz que me reclama, la voz de seducción me atrajo como imán y avancé y avancé sin timón, la suave brisa marina hacia tu voz me transportaba.

Llegué a tocar tu voz, llegué a acariciar tu cadencia, te abracé con el corazón y fundida en ti rescaté lo que de mi alma quedó cuando en la humedad de la noche tu voz se acalló.

El mar nos acogió con los brazos abiertos en su lecho de espuma y algas y en la placidez de sus aguas reposaron los cuerpos, bajo un manto de estrellas se cobijaron nuestras almas.

 

 

 

@Marina Collado