Prolongar la semilla de un volcán

que en su erupción sacuda al personal

y reinvente la pasión que nunca,

nunca se debió marchar.

Al recuperar la sonrisa,

vino el viento con celosa tempestad

a insuflar un corazón que se apagaba

sin temor a la incertidumbre.

«No hay fuego que no apague el mar»

 

 

Imagen del autor: Gustavo García Pradillo