FRAGMENTO DE MI DIARIO

Paseo en “El Cristo de las Sierras” – Tandil, Buenos Aires

[25 de febrero de 2018]

No sé si es el aire cargado de natural verde o el olor que rebalsa de misticismo en la atmósfera, pero me resulta ineludible el hecho de empañar los ojos con el agua dulce de mi pecho encendido, inflado de la luz de los sueños. Estar allí no se puede descifrar en palabras.

Es como esa mano divina, imponente que se aloja allí.

Es como esa mano que toca el alma de manera elocuente, en caricias de algodón, en nubes de terciopelo. Esas nubes que casi se alcanzan con las manos, de tan bajo que se encuentran. Y es que es mi altar sacrosanto, límpido. No encuentro tanta paz, capacidad de meditación y confesión como al pie de tamaña deidad. Allí los sueños flotan en las piedras escondidas entre los árboles, las hierbas silvestres abundantes, las aves, los caballos y burros habitantes, y las pocas almas humanas que frecuentan el secreto que allí habita.

Ahí no hay pena que no se esfume entre las sierras inmensas y eternas que cohabitan junto a la fauna.

Mi sueño de ayer se cumplió y se adornó de flores al salir a la luz.

Mi sueño de hoy está a salvo en ese santuario de deseos.  El mismo que descansaba junto al sueño de ayer y que ahora queda tan solitario como exclusivo. Está en la carne urgente, latente, se acopla entre los pájaros que sobrevuelan el pedregal, se cuela por los huesos pulidos con el ardor provocado por el sol y se instala en los ojos empañados una vez más, empapados del agua que nace en el pecho traslúcido y recorre las pupilas así como a las pestañas.

4 comentarios en “FRAGMENTO DE MI DIARIO

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