Evocación

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Era primavera Juana Mª celebraba su cumpleaños, pero entonces no había tartas ni velas para soplar, tampoco regalos al uso, si te hacía falta algo de ropa o zapatillas se aprovechaba esos momentos para hacerlo, se jugaba en la calle apenas sin juguetes, ni falta que les hacía, se entretenían con los ju aprendido de sus mayores.

Vivía en San Andrés un pueblo de la meseta castellana, lo bañaba un hermoso río y un minúsculo afluente con un molino que ayudaba a moler el cereal de sus campesinos, con la harina se alimentaban ellos y con el salvado a todos los animales.

En esta estación todas las plantas florecen los balcones estaban llenos de tiestos al igual que en la solana, las casas cómo las calles, tenían un olor especial.

Su padre además de trabajar en el campo le gustaba cazar, con lo que obtenía de la caza ayudaba al sostenimiento familiar, su madre además de las faenas de la casa que eran muy duras, pues carecían de los electrodomésticos que ahora conocemos. No había luz eléctrica ni agua corriente en las casas. La colada se hacía en los caudalosos arroyos que por allí transcurrían, tenían que, llevar a cuestas la losa de madera con el jabón y el balde con la ropa, a la ida apenas pesaba pero a la vuelta el esfuerzo era enorme. También contribuía en las labores del campo junto a su marido.

Juana Mª era una niña inquieta y vivaracha, sonriente siempre dispuesta a ayudar a todas las personas que se lo solicitaran, sobre todo los más ancianos del pueblo. Eso no era óbice para que también hiciera las trastadas cómo cualquier niño del lugar.

Una tarde, ya a las puertas del verano, después de comer se echaban la siesta, el pueblo permanecía dormido durante dos horas. Ella no se acostaba, le gustaba imaginar constantemente mundos diferentes para ello se ayudaba del único libro de teatro que tenía, que leía una y otra vez.

Casi se lo sabía de memoria de la cantidad de lecturas que le hacía cada vez que en las tardes veraniegas todos se acostaban y la casa quedaba en silencio.

Entró despacito sin hacer ruido en casa de los abuelos, se metió en su cama, le gustaba tanto las guirnaldas pintadas en la cabecera y en los pies, ¡era tan alta!, ancha y estaba tan fresquita… que antes de comenzar a leer su librito se durmió.

Mediada la tarde Juana Mª no aparecía por ningún sitio sus padres la buscaban en las casas de los familiares sin éxito. Los abuelos preocupados preguntaban a cualquiera, pero con el mismo resultado.

Se reunieron todos para dividirse en grupos, y así repartir las zonas de búsqueda. Miraron en los pozos de los huertos cercanos, en las regaderas, acequias, arroyos e incluso se acercaron a la ribera del río. Ningún lugar quedó sin registrar. En casa de los abuelos repasaron los recorridos y lo infructuoso de la búsqueda.

Las voces despertaron a Juana Mª que abriendo la puerta del dormitorio preguntó: ¿Qué pasa? Entonces quedaron sorprendidos ante su aparición, los padres y los abuelos la abrazaron y las lágrimas fluyeron de los ojos de su madre. Aturdida no comprendía el porqué de tantos aspavientos.

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3 comentarios en “Evocación

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