Despierta, con la mirada desvelada, sus grandes ojos se abrían como platos en mitad de la noche sorprendidos al contemplar la insólita escena que desde la ventana observaba sin dar crédito a lo que estaba sucediendo. Era una noche de esas en que la luna lucía de lo más esplendorosa, enorme esfera plateada, brillante, hermosa, se crecía la nocturna diosa. Su luz era tan brillante y nítida que cegaba con su destello y belleza al mirarla, al mismo tiempo que iluminaba con toda claridad aquella extraña y variante forma etérea y lumínica de identidad desconocida que asomaba tras el velado cristal de la alcoba.

Inmensa bola encendida descendiendo entre la noche lentamente, formando cabriolas en una sinuosa danza, adoptando en cada giro nueva forma. No sabía si soñaba o despierta se mantenía, contenía la respiración por la emoción que dentro de su interior sentía sin importarle realmente si se trataba de una fantasía, producto del embrujo que la luna en estado de vigilia la mantenía o si se trataba de una experiencia real. Lo que su Ser sentía era la verdad que  la esfera de luz le transmitía.

Hipnotizada se hallaba dentro de un circuito de luz que de paz y armonía la envolvía. Una extraña y potente conexión con aquella lumínica forma se establecía, pareciera que se comunicaba con su corazón y al alma le hablaba.

Inmóvil permanecía tras la ventana por donde se filtró con suavidad la sutileza etérea introduciéndose dentro de su Ser, inundando de luz cada parte de su cuerpo, cada una de sus células. Toda ella era luz y como luz viajó hacia la Fuente de Luz de  Amor de su origen y procedencia.

 

 

@Marina Collado