Escribiendo más cerca del cielo

Escribiendo más cerca del cielo

Septiembre 16 de 2015.

Hoy fue uno de esos días en que las cosas suceden a un paso inesperado, incontrolable pero por alguna razón que no me explico, siempre salen bien.

Luego de dos semanas trabajando a miles de kilometros de casa, hoy es mi regreso. El primer vuelo esta programado para despegar a las seis y treinta de la tarde para luego de casi tres horas combinar con el vuelo que definitivamente me lleva de vuelta a mi país. 

Hora de salida de USA: seis treinta y cinco de la tarde

Hora de llegada a Chile: nueve cuarenta de la mañana del dia siguiente.

Ruta: Fort Lauderdale – Dallas – Santiago de Chile.

Aun cuando estoy feliz y ansioso de regresar a casa, la combinación de vuelos y la expectativa de un tiempo de vuelo total de casi quince horas no es de lo más reconfortante. 



Como soy zanquilargo, la clase turista en que cada día los asientos están más cerca uno de otro no me ayuda a la hora de estirar las piernas, por lo tanto debo luchar por conseguir un asiento en el pasillo para estirar las piernas aun a riesgo de ser arrollado por el carrito de la comida y bebidas.

En fin, le miro el lado positivo por la acumulación de kilómetros y tramos recorridos en mi programa de viajero frecuente.

Programado para llegar al aeropuerto con la debida anticipación, hago mi maleta y ya tengo todo listo alrededor de las tres de la tarde. No me gusta andar corriendo cuando viajo, por lo que tomo todas las precauciones de tiempo posibles.

Me dispongo a cerrar y guardar mi computador cuando por el rabillo del ojo miro mi teléfono y veo entrar un correo electrónico de la aerolínea indicando que el primer tramo de mi viaje se ha retrasado en veinte y cinco minutos. 


Malas noticias…

Este retraso implica que pierdo mi combinación en Dallas y me quedo un día completo varado en Texas esperando el siguiente vuelo veinticuatro horas después. 

Llamo a la aerolínea explicándoles mi situación y reiterándoles la necesidad de viajar hoy. El agente que me atiende se da cuenta que voy a perder mi combinación por lo que me ofrece la siguiente opción:

Hora de salida de USA: nueve cuarenta y cinco de la noche

Hora de llegada a Chile: siete quince de la mañana del dia siguiente.

Ruta: Miami – Santiago de Chile.

Aun cuando tengo que desplazarme desde Fort Lauderdale a Miami, este itinerario reduce considerablemente mi tiempo arriba del avión y además me hace llegar más temprano a casa.

Además en mi último viaje, ya alcancé la categoria de viajero frecuente que permite a un mortal como yo acceder al proceso de embarque a través de la fila de clase ejecutiva. Al menos el tiempo de hacer fila en el aeropuerto se ve reducido y finalmente obtengo un asiento de pasillo, el 13H.

Mientras me dirijo a la zona de embarque, reviso mi teléfono móvil y veo mucha actividad en el grupo de Whatsapp de mis ex compañeros de colegio. Al empezar a leer, me entero que ha habido un terremoto en Chile hace diez o quince minutos… 


Como siempre no todo podía ser perfecto.

Me comunico con mi familia y me entero que además del susto, no ha pasado nada y no han habido destrozos. Mis compañeros tambien me dicen que están asustados, pero que nadie ha sufrido desgracias personales.

Ya más tranquilo me dispongo a comer algo en el aeropuerto antes de embarcarme, pues nunca me ha gustado la comida del avión. 

La comida en los aeropuertos merece un capitulo aparte, pues es solo combustible de mala calidad. Sin embargo el aeropuerto de Miami conserva, como una joya escondida, el restaurante cubano La Carreta donde se puede comer un plato de comida cocinado con dedicación y me atrevería a decir que hasta con cariño por el comensal. Un tesoro escondido entre la comida chatarra que abunda en el lugar.

Luego de comer, me dirijo a la puerta de embarque a esperar la salida de mi vuelo. Me instalo con la intención de cargar mi telefono que ya se ha descargado por el ajetreo de saber como esta mi familia con el terremoto. Ya sentado, instalado, cargando el teléfono y con la intención de no moverme hasta que sea hora de embarcar. 

En ese momento en que me dispongo a cerrar los ojos y descansar un rato, escucho por los alto parlantes “Sr. José C, acérquese al mostrador de la aerolínea”…

¿Otro cambio? 


Esa llamada me intranquiliza un poco, por lo que rápidamente guardo mis cosas y me acerco al mostrador identificándome y preguntando que pasa. La asistente del mesón me indica que dado que el avión esta completo porque han derivado pasajeros de otra aerolínea, me deben cambiar de asiento.

Ahí se va mi asiento de pasillo pensé yo, mientras miro a la empleada que rompe mi pase de abordar sin misericordia y me entrega un nuevo documento con una sonrisa en su cara y un “que tenga un muy buen viaje“.

Miro el nuevo pase de abordar rápidamente para darme cuenta que es un asiento A, lo que significa ventana. Al seguir leyendo veo que el cambio es desde 13H a 7A. 

Miro el documento nuevamente para asegurarme que no estoy soñando y finalmente me convenzo al ver la palabra “BUSINESS” marcada en letras destacadas en el medio del documento.

Una serie de cambios inesperados pero favorables me llevan a reclinar mi asiento y escribir otro de mis apuntes de viaje, esta vez, más cerca del cielo.

ホセ

About JoseC (ホセ)

Soy escritor por afición, fotógrafo por sentimiento e ingeniero por formación. Llevo en el alma esa mezcla inestable entre la razón y la pasión, el pensamiento y el sentimiento.

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