Enmudece el sonido y se aquieta el alma mecida por la serenidad que reina en el silencio. En el anochecido espacio que crea la ausencia se esparcen descargas de diminutas chispas multicolores, la sumisa calma se mantiene en velada sinfonía queriendo recrear el entorno de paz en el que conviven el silencio y la soledad. Retorna el eco de la voz afónica proclamando la hora en que la quietud se hace merecedora del trono en un mundo crispado en el que nada pueda perturbar la armonía establecida.

Enmudece el sonido cuando el alma reclama el lugar que le corresponde, es su voz la que impera y se impone al ruido mental en la tormentosa oscuridad en que encerrada permanece, en un acto de rebeldía se hace escuchar y se libera de las sombras que presa la mantienen.

Silencio sepulcral habita en la morada del alma, sobrecoge la ausencia ensimismada de la conciencia inconsciente de la llamada que la reclama. Se manifiesta la forma en que debe salir de su cueva  en un grito sin voz donde se agolpan las emociones reprimidas en medio de la soledad que la acompaña.

Nada habrá que detenga su paso en medio de la niebla y el silencio. Por primera vez se siente acompañada por la imperturbable paz que se va imponiendo al abrirse el espacio por donde circula la claridad del día. Enmudece el sonido y se mecen la horas en el vaivén de la serena calma donde quedan catapultados al olvido todos los fantasmas del pasado.

 

 

 

@Marina Collado