En tercera primera persona

 

 

 

 

Siempre supo que en su vida habían ocurrido cosas que le habían hecho pensar que no transcurrió de manera normal, no lo fue su niñez, ni su infancia ni su juventud…No, su vida no fue fácil, pero nunca se detuvo a pensar en aquella parte de su vida en la que se casó y lo efímero de aquel matrimonio como una parte en la que fue víctima de un maltratador en potencia. Quizá esto fue así porque no permitió que aquello se alargara en el tiempo. No se había contemplado a sí misma como un víctima quizá porque supo pararlo a tiempo.

Ha sido ahora, después de ya pasados más de cuarenta años cuando de forma de lo más fortuita y por una conversación mantenida con su grupo de amistades de whatsapp cuando ha tomado consciencia de ese pensamiento, de poner nombre a aquella vivencia. Durante años, al pensar o contar esa historia siempre se había referido a la persona con la que se casó como un ser primitivo, retorcido, con una mentalidad muy obtusa y educado a la usanza de aquellos tiempos tan terribles en que todo estaba prohibido y se vivía bajo el yugo de muchas represiones, entre ellas la represión sexual que tanto daño hizo durante la dictadura franquista y el apoyo eclesiástico.

Aunque no quiera tiene que hacer referencia a aquella época represora porque todo tiene mucho que ver en su historia y aunque no quiere tampoco divagar demasiado, sí que es importante el contexto en que se produjo aquella vivencia.

Los signos de control empezaron durante el tiempo en que empezaron a salir juntos, durante el “noviazgo”, los celos comenzaron a hacer acto de presencia y ella se daba cuenta de que aquello no iba demasiado bien, no era normal, se veía a sí misma teniendo que dar explicaciones por todo, justificándose por todo y, reconoce que a veces, un cierto temor la invadía cuando algún compañero de trabajo la saludaba o se le acercaba sin más intención que comentarle alguna cosa…la mirada de su novio se clavaba con furia sobre ella como queriendo fulminarla.

Por mucho que intentaba hacerle razonar del sinsentido de todo aquello no conseguía hacerle entrar en razón. Ella creía estar enamorada de él y creía que con el tiempo él se daría cuenta de que no tenía motivo alguno para mostrar esa actitud y que sus celos eran del todo infundados.

Poco a poco, él fue mostrando la parte más machista y controladora que poseía entrando en una letanía de prohibiciones y deberes que suponían muchas discusiones. Siempre consideró de suma importancia el hecho de que a pesar de esas muestras de tiranía , ella no se callaba, ni se sometía a su voluntad, al contrario, todo se lo rebatía pero seguía confiando en que con el tiempo aquella situación cambiaría. Creía que así sería por las muestras de ternura o de “amor” que mostraba en otros momentos…

Se casaron, pero antes de hacerlo ella le dejó claro que no quería tener hijos todavía, ésta fue una gran batalla porque entonces la famosa píldora anticonceptiva empezaba a conocerse pero solo se recetaba por privado y él se negaba a que ella la tomara, como alternativa le planteó la “marcha atrás” asegurándole que lo cumpliría…Cuando se casó ella tenía 20 años, no quiere detenerse en contar lo terrible que fue la “celebración” después de la ceremonia. Aquella persona bebía y se presentó al acto en medio de una gran resaca consiguiendo avergonzarla y humillarla en muchos de los momentos de aquel día.

Él no cumplió con su promesa de no dejarla embarazada, para ella ese siempre fue el primer acto de violación. Había pasado por alto que ella no quería hijos de momento y ahí se sintió traicionada, defraudada, desautorizada y lo más terrible vivió aquello como una violación en toda regla amparado en la legalidad que confiere el matrimonio. Pudo comprobar cómo bajo el amparo de las leyes de la Iglesia se puede cometen diario las más terrible violaciones contra las mujeres. No, es  No, tanto dentro del matrimonio como en una convivencia en pareja o en cualquier momento de la vida.

Tuvo a su hijo a los 21 años ya que el embarazo se produjo de inmediato y fue lo mejor que obtuvo de aquel matrimonio. Después de dar a luz ya no permitió que le volviera a poner la mano encima ni tener relaciones sexuales sin anticonceptivos. Las discusiones eran cada vez mayores, el hecho de no tener sexo le ponía en un estado frenético, pero ella no cedía. Durante los dos años siguientes que siguieron casados las discusiones no cesaban y el ambiente entre ellos cada vez era más tenso. Él salía de fiestas nocturnas sin importarle lo más mínimo su hijo. Llegó la gota que colmó el vaso con otro acto de violentos celos y ahí fue donde ella le plantó la maleta en la puerta después de una gran y espectacular bronca.

No tardó en acudir a pedir asesoramiento legal y consiguió que se redactara una separación de hecho mientra en España llegaba la ley de divorcio. Fue un tiempo de lo más duro ya que sobre su cabeza pendía la espada de Damocles con la amenaza continua de que en algún momento pudiera llevarse a su hijo con el único fin de hacerle daño, al mismo tiempo que tenía que lidiar con la incomprensión familiar y las miradas de desprecio que mostraban algunas compañeros y compañeras de trabajo de las que fue el blanco perfecto de habladurías.

Por fin llegó el tan esperado divorcio y por fin pudo sentirse realmente libre de todo vínculo con aquella persona, libre por fin para respirar y poder continuar con su vida sin temor a que le pudieran arrebatar a su pequeño. Eso fue siempre lo que más temió ya que no podía fiarse de las reacciones y acciones de aquella persona. Por su hijo luchó y peleó lo indecible. Nunca se alegró tanto de no haberse sometido a la voluntad del que fue su marido de dejar de trabajar después de la boda y pudo sacar a su hijo adelante sin su ayuda. Jamás le reclamó nada, siempre pensó que su hijo no era una mercancía y que el dinero que le pudiera dar no le iba a compensar si no recibía amor.

Jamás se arrepintió de la decisión tomada, su hijo tenía dos años cuando se divorció pero nunca pudo echar de menos el cariño de la figura paterna ya que tuvo la enorme suerte de poder contar con el gran amor de su abuelo materno y después, con el tiempo, del cariño de la pareja con la que convivió y de los padres de él que fueron realmente sus abuelos por lo que creció feliz y alegre como correspondía a su edad.

Esta historia está contada en tercera persona y vivida en primera persona. El mensaje que me gustaría dejar es que al más mínimo signo de vejación, humillación, control, etc. que un hombre quiera ejercer sobre una mujer, sin dudarlo un segundo, apártalo de tu vida, por mucho que llore, implore, te diga lo mucho que te ama y te necesita, no es cierto, es solo una estrategia inconsciente para convencerte y apresarte en sus garras.

¡¡¡No dejes que nadie controle tu vida ni decida por ti, mujer!!! ¡¡¡No permitas que en nombre de un mal entendido amor acaben con tu vida!!!

 

Imagen de la red

Me gusta todo lo relacionado con el arte, la cultura, literatura sin ser experta . Me encanta leer y escribir y estoy en este mundo de las letras de forma accidental.

2 comentarios en “En tercera primera persona”

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