En la penumbra de todo espacio, rodeada de nada y noche, de luz y todo, cubiertos los pensamientos con reflejos de silencio que acompasan las horas de madrugadas de embriagado ensueño, esculpiendo luces de fantasmagóricas formas, inventando patrones de nuevos tiempos.

En la penumbra del espacio en el que se envuelve la magnitud de un tiempo inexistente, donde se gestan y paren múltiples proyecciones que dan vida y forma a las ideas que fluyen como manantiales de agua pura, fuentes de cristalinas aguas en la que se contemplan las imágenes creadas escapando de los argumentos convencionales con que la mente en su retahíla intenta convencer al sagrado poder que habita en el interior de la inmensidad de su existir.

En la penumbra, escuchando el silencio en un compás de apacible calma, deshaciendo los obstáculos que crecieron como enormes montañas de granito, elevando su cúspide hacia el infinito, cayendo en la madrugada tras el último estertor del sonido. Soliviantando el silencio, interrumpe las armónicas notas de múltiples sensaciones, de múltiples emociones dispuestas a hacer acto de presencia a la mínima señal de nuevos moldes con los que recrear nuevas proyecciones.

 

 

@Marina Collado