EN LA ORILLA

 

Tu traje de vestir rojo transparente, que mi alma en lujuria envuelve, si es que te ves desnuda como un regalo de la suerte, que cualquier mortal deseara poseerte, oh, bello duende, de tez clara y ojos celestes; junto a la barca, te deshaces de las bragas y me invitas a un beso largo y caliente.
El mar en calma pide paciencia a nuestros impulsos, pero somos animales vivientes, y se rebelan los instintos ilusos en el cálido ambiente.
Eres Sol que en su transcurso me elevas el deseo de corresponderte. ¡Oh, rubia ardiente! ¡Hija de Lilith! Contigo tengo suficiente para ser feliz.
Anhelo tu ideal en mi mente, revoloteando tu cuerpo cual colibrí, que con sólo verte, te clavas de lleno en mi alma baladí.

 

Eduardo Ramírez Moyano