En esas tardes de lluvia

 

 

 

 

 

 

En tardes de silencio, de recogimiento, en tardes de cualquier estación del año en que la lluvia cae y su sonido invita a soñar, a dejarse llevar por el constante repicotear del agua en los cristales. En esas tardes de nostalgias y de entrega a los recuerdos vuelan las imágenes de tiempos pasados, vuelan y se disparan las emociones a través de la película que en la mente se va proyectando.

En esas tardes en las que el silencio solo se rompe con el continuo salpicar del agua en el jardín o en la terraza es cuando tomo consciencia del tiempo, tiempo que tan rápido discurre cuando ahora, en este, mi tiempo, es como si de repente las agujas del reloj y las hojas del calendario se hubieran puesto de acuerdo y conspirasen contra mi voluntad corriendo con desenfreno. ¡Qué diferencia de pensamiento de hace otros años en que pedía lo contrario! en los que imperaban las prisas y deseaba que el reloj marcara las horas de dos en dos, que todo se acelerase. Prisas de la edad en la que se quiere crecer a toda velocidad y en la que no se piensa en lo despacio o deprisa que el tiempo transcurre.

Es en las nostálgicas tardes de lluvia de estas estaciones en las que sin querer la mente me invita a su viaje a través de los años. Años de la infancia rodeada de risas y juegos, de fiestas de barrio, de olores a vida en familia. Van y vienen como en una danza queriendo comparar los tiempos en que vivimos con aquellos otros tiempos en los que no abundaba el dinero ni sofisticadas tecnologías pero nunca nos faltaron juegos en la calle de lo más sencillos, algún cacharrito en Reyes envuelto en el mejor papel de regalo, el del esfuerzo por conseguirlo, con todo el amor de los padres hacia sus hijos.

¡Qué lejos quedan aquellos tiempos! Como en un abrir y cerrar de ojos el tiempo ha pasado y con él obligado es hacer balance. En mi vida ha habido de todo un poco, muchas adversidades, mucho sufrimiento, mucho batallar para salir adelante de situaciones y conflictos, en fin, mi vida no ha sido para nada fácil. Sin embargo, a pesar de todo lo malo pasado, que también, claro está, hubo bueno: hijos, amigos, maravillosos momentos que mantienen el equilibrio para compensar lo menos bueno, de nada de lo vivido me arrepiento y si por arte de magia tuviera la oportunidad de cambiar algo, mi decisión sería contundente: ¡NO! Nada modificaría porque si cambiara cualquier eslabón de la cadena, mi vida no sería la misma, quizá mejor o peor, pero mucho de lo que tengo hoy sin duda no lo tendría y no hablo de bienes materiales porque esos dejaron de interesarme con los años, bienes que no hay dinero en el mundo suficiente para, si estuvieran en venta comprarlos: Familia, Amistad, Amor, ese es mi gran logro, el mejor tesoro que conmigo, en mi recuerdo llevaré cuando de este mundo marche.   

 

Imagen de la red

2 comentarios en “En esas tardes de lluvia

Deja tu comentario, así nos haces grande

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: