El rugido del dragón - Página de escritores

El rugido del dragón

Volvió a escuchar el rugido del dragón desde la tenebrosa cueva que lo custodiaba. Camuflado tras el sopor de un narcótico sueño esperaba impaciente el oportuno momento para salir de su guarida y atemorizar a la dueña y señora  del castillo aprovechando su debilidad en las horas en que más vulnerable se hallaba.

Llamaradas despedían sus fauces desde las entrañas del submundo en el que la  oscuridad reinaba. Bestia abominable, sin piedad el terror sembraba en el corazón y el alma.

Olvidó cerrar las compuertas donde lo mantenía en silencio en muchos tiempos, olvidó que la bestia con vida permanecía y podía despertar de su letargo en cualquier momento. No quiso concederle tregua y que el rugido más fuerza tomara y ahogó su grito en medio de las tinieblas, extintores de gritos y palabras graves lanzó contra el monstruo que la acosaba mas el monstruo no se amilanaba y no retrocedía.

Volvió a escuchar el rugido del dragón y destempló su sueño en todas las madrugadas, se negaba a escuchar y a servir a tan vil criatura y quedar atrapada, inmóvil ante su hipnótica mirada. No quiso dar oportunidad de que raptara su voluntad y la secuestrara una vez más manteniéndola en el inframundo enjaulada. No quiso ceder al terror del rugido sordo y abandonarse al miedo sin presentar batalla.

¿Cuántas veces le tocaría combatir contra la oscuridad, cuántas batallas habría de librar para dar muerte definitiva a la bestia y devolverla al lugar de las tinieblas del que procedía? ¿Cuántas lágrimas habría de derramar hasta inundar y apagar las llamaradas que la bestia de su boca despedía?

¿Cuándo vería por fin la victoria consumada y libre volaría sin sentir el peso sobre sus espaldas de pensar que la bestia podría despertar y sembrar con su rugido el terror repitiendo una vez más el ciclo de volver a combatir contra los pánicos ficticios que le mostraba?

Se le ocurrió de repente una medida desesperada, a las batallas la bestia se había acostumbrado y al veneno de sus dardos quedó inmunizada. Se plantó ante ella manteniendo fija su mirada, valentía y decisión su actitud mostraba. La bestia confundida por el cambio de actitud se retorció indignada envolviéndose con su fuego entre rugidos y llamaradas. Retrocedió sobre sus pasos que la llevaron al destierro de su guarida sintiéndose vencida por la seguridad y firmeza con que aquellos ojos la desafiaran.

 

@Marina Collado Prieto

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