REFLEXIONES

El Ojo de Horus

El Ojo de Horus es un amuleto de protección. Y bien nos hace falta con los tiempos que corren. De talismanes y amuletos deberíamos tener cubierto todo el cuerpo para que los cuervos políticos desalmados no arruinen la existencia que nos queda. Como siempre, la felicidad es la protagonista, y nos sorprende con su asociación a creencias perdidas como sostén de su propia naturaleza. La felicidad tiene su propio alter ego en las raíces del propio «Libro de Muertos». Como para la felicidad, el paso por el Inframundo es un tránsito que sólo podía hacerse con sortilegios mágicos. De no ser así, la esencia etérica del hombre o mujer en su periplo por el más allá quedarían para siempre vagando por él. Y créanme, por mi lectura del «libro», el Inframundo no parece un sitio agradable para estar vagando como si nada. La mitología encierra tantos encantos y sabiduría como crueldad y paradojas emocionales. El fin último era pasar a otra dimensión en dónde poder ser feliz. Tal vez se les venga a la memoria aquella película de «Stargate». El Inframundo aterra sin verlo, tan sólo imaginándoselo uno se siente perdido por entre espectros de no buenas intenciones. El Ojo de Horus es un resumen de lo que cuesta conseguir algo de paz en este Mundo. Cualquier trozo que encuentre de paz vale más que todo el oro que pueda llegar a poseer. Como dicen, el tiempo no es oro; el oro no vale una vida: la vida es tiempo.

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