El Muelle

Los recuerdos le daban vida. Más de setenta y cinco años habían pasado desde que en su juventud trabajó en ese muelle.

Corría el año mil novecientos cuarenta y dos cuando los barcos cargados de azúcar morena llegaban al muelle, hoy convertido en un paseo familiar y turístico.

El proceso era de gran esfuerzo físico para acarrear esos sacos llenos del precioso y dulce cargamento que era luego transportado en un tren que recorría los en ese tiempo desolados paisajes de la costa de la ciudad.

Cada Sábado don Pedro vuelve a recordar sus tiempos de mozo empleado en aquel lugar que le vio crecer y que hoy como testigo mudo permanece de pie resistiendo el paso de los años, el agua y la sal.

 

ホセ

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