El bolígrafo verde

El bolígrafo verde

EL BOLÍGRAFO VERDE

Mi vida cambió por completo el día en que me regalaron un bolígrafo de color verde. Sí, sí, como lo oís, no penséis que exagero. He aquí una prueba más de que la cosa más insignificante puede suponer un cambio muy grande. Una especie de «efecto mariposa» en plan casero. En mi caso, todo comenzó por un bolígrafo de tinta verde.

La cuestión es que yo sabía de la existencia de estos bolígrafos, obviamente, así como de muchos otros colores, pero nunca había utilizado ninguno. Y he de decir que, cuando estudiaba, mis apuntes estaban impecables con los tres colores clásicos: azul, negro y rojo. Utilizaba el color rojo para los títulos de los temas, el negro para los subtítulos y el azul para el contenido. No necesitaba más. Después de eso, en mi vida laboral, el uso de bolígrafos quedó limitado casi en exclusiva a los colores negro y azul. Mi predilecto siempre ha sido el negro, pero para las firmas de documentos siempre he utilizado el azul, por aquello de que se notase a simple vista que eran originales y no vulgares fotocopias.

Cierto día, uno que estaba siendo particularmente duro, una reunión con un cliente fue la que me cambió la vida. Así de sencillo. Yo andaba con un humor de perros y, como ya habíamos forjado cierta confianza entre nosotros, decidió echarme una mano y contarme su secreto. Él es una persona tranquila, a la que jamás he visto alterada, por muy dura que hubiese sido la situación.

—¡Vaya! Parece que estás teniendo un mal día hoy, ¿no es cierto? —me comentó, como quien no quiere la cosa, después de que yo hubiese soltado una larga ristra de tacos tras una inoportuna llamada telefónica.

—No me hables, no me hables… —le contesté, mientras le ofrecía un café.

—¿Sabes qué? Te iba a contar una cosa, pero seguro que no me vas a creer, así que… —me dijo, interesante. Sabía de sobra la rabia que me da que me pongan el caramelo en los labios para luego no contar nada.

—¡Ah, no! Ahora me lo cuentas… Con el día que llevo, no me dejes así o soy capaz de morderte —le hice un gesto imitando a un mordisco, para enfatizar mi respuesta.

—Vale, pero me tienes que prometer que no te reirás, ¿de acuerdo? Y, sobre todo que, por ridículo que te parezca, lo probarás.

—Venga… cuenta… —le contesté. Ya estaba empezando a impacientarme y eso no era nada bueno ni para él ni para nuestro negocio.

—Verás. ¿Sabías que algo tan sencillo como el color del bolígrafo que utilizamos puede cambiar nuestro estado de ánimo?

—Jajajajaja, ¿me lo estás diciendo en serio?

—Me has prometido que no te ibas a reír…

—Es cierto, llevas razón. Continúa, por favor —le solicité, mientras trataba de esconder una sonrisilla burlona.

—Apuesto a que utilizas bolígrafos de color negro, ¿me equivoco?

Como ya os lo he contado antes, ya sabréis que no, no se equivocaba. Ya me había picado un poco la curiosidad, así que asentí para que continuase.

—Verás, es muy sencillo. Si solemos escribir con bolígrafo azul, nuestra vida nunca tendrá nada de especial. Eres una persona tradicional, no proclive a realizar cambios, que se encuentra demasiado a gusto en su zona de confort. Si el que utilizamos habitualmente es el negro, nuestra vida será propensa a ser de ese color. ¿Lo entiendes?

Aunque no confiaba mucho en esa descabellada teoría de los colores, asentí y le insté a que continuase. Quería saber a dónde llevaba todo aquello.

—El rojo siempre se ha asociado al color de las correcciones y los fallos. No te lo recomiendo, tu vida será un desastre. Tu cerebro interpretará que todo lo que escribes es erróneo y nunca tendrás la suficiente seguridad en ti mismo.

¿Así que aquello tenía que ver con la interpretación que tu cerebro hiciera? Ya que había entrado al trapo de aquella manera, decidí que lo mejor sería dejarlo continuar.

—Como sabrás, podemos utilizar bolígrafos de todos los colores posibles, pero yo te recomiendo, en tu situación, que comiences a utilizar el verde.

—¿El verde? ¿Por qué el verde? —pregunté, extrañado. Nunca me había parecido que fuera un color muy agraciado.

—El verde es el color por antonomasia de la esperanza. Es el color de los prados, de la naturaleza. Es positivo y relajante. Pruébalo. Ya verás cómo lo notas —y sacó de su maletín un bolígrafo de gel verde, que me entregó.

Sé que suena extraño, pero no tenía nada que perder, ¿no? Desde aquel día comencé a utilizar el bolígrafo verde que me regaló mi cliente. Y después de ese han venido muchos más. Todo, absolutamente todo escrito que tengo que hacer lo redacto en color verde, incluso las firmas de los documentos. ¡Ya son famosas mis firmas verdes en los pagarés! He de reconocer que, desde que utilizo este color, la vida ha cambiado para mejor. Tengo mucha más paciencia, soy más positivo y creo que podría decir que me siento incluso más feliz. Los malos días de ánimo malhumorado son cosa del pasado y disfruto más de cada día. Lo podéis creer o no, pero es así. Quizá sea solo psicológico… o puede que el color de la tinta con la que escribimos pueda afectar en realidad a nuestro estado de ánimo. No lo sé con seguridad.

Y vosotros, ¿os pasáis al verde?

1 comentario en “El bolígrafo verde

  1. Pues tiene su lógica, el color importa y por qué no? Verde es el color de la esperanza y no se pierde nada con probar!!!
    Genial relato mi preciosa amiga!!! Besazos todos, corazón.❤❤❤

Deja tu comentario, así nos haces grande

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: