Y dices tú de recuerdos Grace!… Si yo te contara!

Recuerdo aquella emisora de radio porque era la única en la ponían música que nos gustara y que nada tenía que ver con las músicas que se escuchaban en canales comerciales. En ésta y como una jugada, o más bien conjugación del destino coincidieron en el tiempo un grupo de jóvenes desalmados, que osaban en cuanto tenían un descuido los censores, atropellar al régimen político en vigor por entonces, con todo tipo de improperios antifascistas. Unos comedidamente y otros de una forma más abierta nos iban dando nociones de todo aquello que hasta entonces habíamos tenido que estudiar a escondidas en las bibliotecas, fuera de los libros de texto. Esa parte de la historia que había sido deliberadamente amputada por una tijera dictatorial injusta con las ideologías rojeras.

Había diversos horarios que nos mantenían pegados a la radio, pero de entre todos ellos había una voz que no se porqué razón desde el primer día que la escuché sonó a música celestial, nada menos que eso y lo confirmo porque a ciertas edades y circunstancias, cualquier parecido con la realidad es cuando menos lejano. Ya sabes la manida historia de la niña inmadura y tierna que se enamora perdidamente de la voz que escucha en la radio, sin tener ni idea siquiera de la historia que pudiera haber detrás, ni siquiera de lo que le espera físicamente.

Aquel día tomó una decisión llamaría por teléfono para hablar con él, lo hizo, era tan especial y resolutiva, inteligente y vivaz que hasta el mismo pensó que era mayor de lo que en realidad era.

Lo que no habría podido imaginar es lo que unos días después ocurriría, algo que iba a truncar aquella incipiente amistad de la que ella se había propuesto disfrutar.

-“Españoles,  Franco ha muerto”

Aquella frase rompió con la rutina diaria, de repente su voz no estaba, había otro locutor, el programa que se estaba emitiendo en su franja horaria era diferente.

– “Nooo, no puede ser, ¿que le han echado, ¿porqué?… ” -Se dijo-

Silencio mientras el sustituto le explicaba que se había producido una fiesta en la emisora riéndose de aquella conexión tan esperada, y que algunos de los locutores habían incluso brindado con cava para celebrar la largamente esperada nueva.  Al comenzar su programa , él, o LMQ,  había cometido la tremenda osadía de dirigirse a aquel señor, que daba la noticia del fallecimiento en todos los medios de difusión, dedicándole un mote (que circulaba siempre pero en privado), “El Orejas o Dumbo” o algo parecido, y había recibido una llamada de la dirección de la emisora comunicándole su fulminante despido.

Y ahí estaba ella con su sueño por los suelos, una cría llorando inconsolada por aquella maldita frase inoportuna. Los días que siguieron hubo muchas llamadas, que si le iban a contratar en tal sitio, en otra emisora, yo que sé, miles de historias inventadas. La cuestión es que pensó que nunca volvería a saber de él, y procuró en su locura de jovencita hacerse a aquella idea.

Escuchó siempre la radio, muchos programas, diferentes emisoras, muchísima música se amontonaba en su memoria de enfant terrible de la recién  estrenada democracia, pero nunca más volvió a sentir lo que la voz de aquel locutor había logrado despertar, una incontenible pasión, unas enormes ganas de conocer lo que había detrás de quién despertaba su piel sin siquiera tocarla un cosquilleo que le erizaba el bello y subiendo levemente su temperatura.

Recordaba aquella conversación telefónica que duró muchísimo rato, en la que hablaron obviamente de algo que ambos tenían en común su amor por la música y desplegaron sus preferencias, compartiendo simpatías por temas y grupos de diferentes épocas. 

¡Ay Grace… Si yo te contara!, dices tu de recuerdos, yo tengo un atlas lleno de lugares y personas, de paisajes y voces, de mañanas, tardes y madrugadas.

Y esta historia  apenas acaba de comenzar, es sólo una de las mil que me habría encantado contarte. Ahora tengo tiempo, y ojos para mi teclado en el que veo mis letras aparecer tras los suaves golpes de mis yemas y soy feliz, sonrío por poder ver las palabras aquí reflejadas. Tanto que casi puedo imaginarlas en tus pupilas húmedas de esa misma alegría regalada.

Ahora tengo tiempo y prometo seguir la historia para no dejarte a medias, sólo si tu me lees, tendrá sentido. Ya me cuentas que has decidido, y si eso seguimos, que ya no tengo miedo…

@carlaestasola

Madrid  7 de Abril de 2017 a las 11:35

 

7 comentarios en “Y dices tú de recuerdos Grace!… Si yo te contara!

  1. Qué decir de tantos recuerdos, en los que veo mi antigua imagen delante del espejo del tiempo brindando con cava con los amigos ausentes, al grito de Franco ha muerto….Aunque los fantasmas sigan sueltos…Historias de amor enterradas en un reloj de arena…Espléndido relato Carla, apuesto.porque continúes con él…

    • Qué decirte a ti?, mi fiel lector y escudero, compañero de andanzas y afín… Fueron tiempos duros, muchos no sobrevivieron, otros quedaron marcados de por vida, y otros tantos van cayendo. Pero en el otro lado se perpetúan los beneficiarios, se agarraron al poder y aun dejan rastro en sus alevines que se siguen beneficiando. Se repartieron la supremacía y han hecho de ella legado usufructuario. Abrazo estoico y sabio para ti, para los que seguimos aguantando 😘😘

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