Desgarro III

 

 

 

Se le nota la voz,

la vida se detiene

y recuerda el calor

que le daba su gente.

El susurro del viento

no le llena los pulmones

y sueña en la playa,

la vida es de colores.

El minuto de arena

rompe los cristales,

que tiempo no le queda,

invade sus postales,

y baja la mirada

la quiebra se le acerca.

Doña guadaña,

oscura se presenta.

Con cara tapada

le espera en la puerta.

Ni sus brazos ni piernas

le ponen problemas

por seguir su galope

donde el premio le toque.

y no encuentra persiana

que le sople en su noche

sabe que por la mañana

subirá en ese coche.

En cajón de madera,

con mirada obstruida,

corazón dolido,

la magia pérdida.

Y en un rincón

desesperados,

sus dos ramas rodean

los abrazos perdidos.

No son más que retoños

de un invierno tardío.

Que sus ojos morados,

de llorar  al viento

los recuerdos se quedan

clavados por dentro.

Y cuando llega el final,

no necesito nada,

no quiero nada.

Sólo ser de verdad.

Sólo ser infinito.

 

 

Gustvo García Pradillo

 

 

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