De cuando tu propia vida se convierte, sin que nadie se lo pida, en protagonista

 

Puede que la interpretación de mis peores pesadillas me haya castigado convirtiéndose en realidad.

En el fondo escribimos siempre sobre esa parte que no podemos expresar, acerca de nuestros miedos y preocupaciones que de una forma casi imperceptible se cuelan en nuestros escritos, sorprendiéndonos desnudos ante la visión del lector.

Es cierto que mi peor pesadilla siempre cuestionaba ese momento en que algunas miopías magnas suelen terminar. No hace falta entender de lo que hablo, si en algún momento habéis leído alguno de los capítulos de  “El Ciego” sabréis que ahí se escondía ese terror hacia la ceguera. Pero no al genérico, no a la consecuencia total, no al vivir sin ojos, sino a la vertiente más concreta y quizás pueril para algunos, me refiero a la lectura.

Siempre que alguien me preguntaba cuál era el peor de mis sueños, siempre respondía naturalmente una mentira. Algo semi visionario sobre el futuro del mundo, del ser humano, de la naturaleza, de todo lo transcendente que queda tan intelectual como manido.

Si tan sólo una vez hubiera respondido la verdad, habría sido algo mucho más personal, incluso demasiado egoísta que alguno seguramente, muy pocos por cierto, entenderían.

Lo más horrible para la que suscribe sin lugar a ninguna duda siempre flota en mi mente mientras respondo otras cosas, la verdad es que podría como muchos soportar tantas cosas que en este momento presente no quiero imaginar. Tan sólo hay una para la que no creo estar preparada, no puedo imaginar mi vida sin la lectura.

Puedo sentir el sufrimiento de forma física incluso sólo de imaginar que no podría volver a leer una página de un libro, hasta lloro sólo al pensarlo, por muy cursi que alguno pueda parecerle. Tal es así, que por eso surgen los capítulos de “El Ciego”, lo único que se me ocurrió para poder hacer frente a la falta de la lectura, después de ver varias películas sobre lectores más o menos incomestibles, por supuesto, que no soy yo tan original. Por eso Irene se convierte en lectora, porque ella misma se compadece de aquellos a quienes les ocurre, intentando paliar esa carencia que para ella, o debo decir para mí, resultaría insoportable.

Perdonad que hoy no os cuente una historia, pero es que mi propia vida se ha convertido sin que nadie se lo pidiera en la protagonista, actual. Perdonad que no revise lo que escribo y lo suelte así a bote pronto, desordenado y sin revisar, pero es que no tengo mucho tiempo. Perdonad, si no nos vemos por un tiempo.

Pero es que he decidido ser valiente y luchar por seguir aquí. A pesar de lo que pueda pasar mañana. Por si acaso no pudiera algún día seguir escribiendo para vosotros, para mí en el fondo. Independientemente de lo que un quirófano pueda  o no resolver.

Hoy sólo tengo un deseo, seguir leyendo toda mi vida, lo mucho o poco que quede de ella. Y si alguna vez no pudiera, no os pido nada más, no es gran cosa, y sin embargo tan difícil. Sólo una cosa, y es eso,  que alguien me lea, por favor. ¿Lo haréis?

Mil gracias a los voluntarios lectores, en su caso, si es que los hay.

@carlaestasola

Madrid, 15 de diciembre de 2016 a las 22:18

 

About Carla

10 comentarios en “De cuando tu propia vida se convierte, sin que nadie se lo pida, en protagonista

  1. Si fuera el caso, cuenta conmigo, a veces hacía de Lazarillo para mis tios que eran invidentes. Entonces se leía en un aparato con cintas magneticas que proporcionaba la ONCE, el Libro hablado le llamaban, hoy tiene que haber aparatos mucho más sofisticados. Un abrazo que te traiga mucha suerte, Rezaré por ti esta noche.

  2. Tu escrito me ha conmocionado Carla. Me gustaría transmitirte toda la confianza y ánimo en la intervención por la que tienes que pasar y desear con todas mis fuerzas que no habrá ningún problema y no vas a necesitar que nadie te lea porque seguirás siendo tú quien siga disfrutando del placer y la pasión que produce la lectura. En caso de necesitarlo no dudes en contar conmigo, pero estoy convencida de que no te va a hacer falta. Muchos besos y abrazos y todas mis más potentes y mejores energías te las envío para que te den fuerza.

  3. ¡Muchísimo ánimo, Carla! Somos luchadoras, nada nos puede, recuérdalo siempre. Claro que podrás seguir leyendo, eso seguro, pero en el hipotético y remotísimo caso de que no sea así, creo que tendrás una larga lista de amigos deseando leerte, entre los que me incluyo. Millones de besos y abrazos para ti.

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