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Damnatio Memoriae, la condena al olvido

Los Imperios suelen ser muy rencorosos con las deslealtades hacia el mismo. No hay Imperio que se precie que no haya llevado a cabo la felonía de esconder los fracasos  y las atrocidades cometidas bajo tal forma de gobierno. El gobernante imperialista hará todo lo posible por magnificar la grandeza del Imperio, y condenará al olvido cualquier rasgo que represente una fisura en relación a tal concepto de Imperio. Ese fue quizás el fin la legión VIIII (IX) del Imperio Romano que desapareció para siempre y cuyo rastro se pierde en Oriente hacia el año 132-135, después de su derrota en Camulodunum (hoy Colchester, Essex, Inglaterra) hacia el año 120. Hacia el año 162, ya no hay mención relativa a tal legión en los anales imperiales. La diferencia entre un imperialista y un dictador está en que este último sólo aspira a magnificar su propia persona, y por supuesto, el “damnatio memoriae” es también empleado como herramienta de exaltación patria. Stalin fue un gran usuario de tal condena al olvido de sus opositores y detractores, al igual, que cualquiera de los dictadores que nos vienen a la mente y el recuerdo, y de aquellos otros de los que ni siquiera hemos oído hablar. No hay mayor “ninguneo” ni bellaquería sublime que supere el castigo al olvido histórico. Pero este mundo está hecho a imagen y semejanza de los vencedores, que también prodigan de la manipulación de la verdad y de los hechos históricos. De tal forma que esta última, la verdad, es difícil de apreciar si no es tan solo de una forma relativa y partidista. La condena al olvido es una “patada en los cojones” a la verdad, pues hace que la verdad histórica no exista como enseñanza aleccionadora de vida. Los nacionalismos también utilizan la propaganda desacreditadora para influir en sus propios intereses políticos. Y es que la verdad histórica es un “ramera” al servicio de cualquier poder fáctico que la necesite. La ley del mínimo esfuerzo y  la ignorancia hacen todo lo demás.  Algún día este asqueroso e hipócrita mundo se habrá olvidado.

 

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