RETO #DameLaHistoriaTú

#DameLaHistoriaTú

Ausente en un lugar lleno de gente, se quedaba extasiada mirando como giraban los números en el marcador de horarios, como los trenes iban ascendiendo hacia la cabecera de la lista y luego desaparecían sin más, en el limbo de los trenes invisibles.

Su mirada perdida no llamaba la atención de ninguno de los miles de pasajeros que transitaban esa estación cada día. Nadie parecía darse cuenta de su presencia. Allí aprendió a ser invisible.

A veces caminaba unos pasos para acercarse a la zona de asientos, y descansar sus pies de aquellos zapatos que siempre había mantenido calzados a pesar del agotamiento. Otras caminaba entre la gente, muy al contrario que el resto de una manera pausada, como en cámara lenta, escudriñaba sus caras por si acaso él se hubiera despistado sobre el lugar exacto en el que habían quedado.

Imposible recordar su casa, o a su familia, había estado demasiado tiempo alejada. Seguramente habrían pasado a mejor vida en todos esos años, teniendo en cuenta que eran ya mayores cuando les dejó en casa, mientras emprendía un viaje sin retorno.

Lo que nunca adivinó es que él se retrasase tanto, pero que otra cosa podía hacer ya que estaba allí y nada importaba ya, sólo él. Se mantuvo ocupada en no hacer nada. Por fin podía permitirse el gran lujo de perder el tiempo…  Al fin y al cabo era lo único que le pertenecía o acaso ni eso. El tiempo tampoco pertenece a nadie, nos lo prestan en usufructo. Algunos hacen acopio de él, o parece que les renta más que a otros, sólo eso, pero sigue siendo un bien comunitario, pensaba. Se perdía en sus disquisiciones, reflexiones sin fin sobre los teoremas eternamente sin respuesta, para seguir sin llegar a una conclusión que le cuadrara. Una constante cuadratura del círculo.

A veces dudaba, su incertidumbre la embargaba hasta pensar que quizás se equivocó de estación, que le habría entendido mal, porque si de algo estaba segura es de que él nunca le fallaría. La culpa siempre era suya, y así asumía su posible error cada vez que ese peregrino pensamiento se dignaba a pasar por su mente.

En algún momento, cual Penélope su reloj se paró para siempre, dejando su alma encerrada en aquella estación en una eterna espera, pero al fin y al cabo esa espera era lo único que habría merecido la pena toda una vida.

El nunca llegó, ella nunca se fue, pero ambos quedaron atrapados en esa estación para la eternidad. Ella en la espera y él en el tránsito de los que nunca llegan. Es el fantasma de la estación, lo único que parece real entre tantos que parecen vivir en movimiento constante, y le gusta ser un fantasma que nadie ve.

Sólo de vez en cuando alguien que vive realmente es capaz de sentirla, los niños son las únicas almas con ojos que de vez en cuando parece que la sienten. Y disfruta de su sonrisa cuando esto ocurre. Lo demás no existe.

Hace tanto tiempo que ya ni alcanza a recordar la fecha en que llegó a esa estación, o quizás había vivido allí toda una vida, varias de sus vidas, esperando, esperándole… Le esperará siempre.

 

@carlaestasola

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