El viaje maldito


El viaje maldito

Ed y Mia estaban a punto de celebrar su boda solo les faltaban unas semanas para el gran evento y lo tenían todo meticulosamente calculado y organizado excepto el viaje de novios, no se decidían a donde querían ir, Ed era un apasionado de las películas de terror y el quería ir a Rumanía a hacer la ruta del príncipe de las tinieblas por las montañas de los carpatos recorrer sus espesos bosques atravesar transfagarasan la carretera infernal, llegar a Sighisuara donde nació el conde Drácula y acabar en Bran la ciudadela que alberga el castillo del príncipe. Sin embargo Mia prefería un lugar cálido lleno de piscinas y un mar cristalino donde pudiera pasar horas tumbada al sol y probar todos los cócteles osea ella prefería ir a alguna isla del océano índico a ponerse morena y disfrutar de la cultura.
Fueron a una agencia de viajes a informarse de precios, horarios y demás menesteres. Los dos pusieron encima de la mesa sus ideas que tenían para hacer el viaje y entonces empezó Sue la mujer de la agencia a manejar el ordenador intentando complacer a ambos. Una vez termino con los dos presupuestos se los mostró y dijo:
– Mirar pareja el viaje de Mia a las islas Mauricio son 11 días con 9 noches en hotel de lujo con los vuelos y traslados vale 6950 euros, dijo Sue…
– Ostras!!!!! exclamaron los dos a la vez… un poco caro dijo Ed.
– Y el viaje de Ed a Rumanía 9 días pasando por las ciudades que me ha descrito y alojándose en hoteles de 4 estrellas con vuelos y traslados menos las excursiones por vuestra cuentas asciende a 3875 euros, aquí os dejo toda la información en este dossier y con calma lo miráis y decidís, tenemos tiempo aun quedan dos semanas pero no tardeis porque los precios de los vuelos irán variando según se acerque la fecha.

-Muchas gracias Sue por todo.-  dijo Mia

Estuvieron toda la tarde y la noche pensando y haciendo números de todos los gastos ocasionados y el dinero que les quedaría para darse ese pequeño pero caro capricho de viajar. A la mañana siguiente acabaron de desayunar y mirándose a los ojos se dieron un beso y decidieron ir a Rumanía puesto que era más barato, el otro viaje quedaría pendiente, ese fue el trato entre los dos.
Al cabo de dos semanas los novios se casaron felizmente,al día siguiente de la boda con la resaca todavía encima tuvieron que coger las maletas y se dirigieron al aeropuerto.
– va a ser alucinante Mia, estoy super nervioso poder adentrarme en el mundo del conde Drácula…Gracias Preciosa.- le dijo Ed a su mujer.
– Llevas todo lo necesario, cámara de fotos, video y demás. -preguntó Mia.
– Sí, sí lo llevo todo y el móvil por si acaso.
Cuando llegaron al aeropuerto se dirigieron a la ventanilla de su operador y enseguida embarcaron las maletas y su vuelo saldría en una hora aproximadamente. Mientras esperaban a salir estuvieron dando una vuelta por la terminal y Mia entró en una tienda para comprar unos chicles, cuando fue a pagar la dependienta la miró a los ojos y metiendo la mano en un cajón saco un crucifijo con una cadena de plata y le dijo…– tenga señora, le hará falta allá donde va.
Mia lo cogió y asustada le preguntó .-como lo sabe dónde voy?.
– La dependienta agachó la mirada y susurró.. lo pone en los billetes que lleva en la mano.
Mia salió de la tienda con una media sonrisa, pero no convencida del todo que esa mujer le diera el crucifijo porque lo había visto en los billetes.
– Buenas tardes señor Ed y señora Mia bienvenidos a Rumanía, estamos en la capital Bucarest, soy Mihail pero me podéis llamar Mike y seré su chófer particular para llevarles a su hotel.
– Gracias Mike muy amable…dijo Ed
– Les explicarán en su hotel un poco de los recorridos y las ciudades que visitaremos allí se les entregará una guía con toda la información necesaria y teléfonos por si acaso se pierden, pero tranquilos no seríais los primeros jajaja esbozó una sonrisa maléfica… era una pequeña broma nadie se ha perdido seguro.
-ufffff !!! Mia suspiró soltando todo el aire, sintiéndose más aliviada después de la broma.
– Primera parada dijo Mike.. estamos en la ciudad de Sibiu en el centro de Rumania, fue construida sobre un asentamiento romano y es el centro económico y cultural de transilvania, como veréis pasa un río que se llama Cibin, este es su hotel…Feliz estancia y cuidado con Drácula  jajajaja riéndose a carcajada….
– Otra broma no Mike? le preguntó Ed…
– No, está vez es verdad. Respondió… asustando aún más a Mia.

 

(Continuará….)

Declaración a ratos

-Si yo no te quisiera, lo sabrías. Ay, madre mía Marcela, si lo sabrías! Así que valorame estos ratos.

Porque hombre que no quiere, no respeta. Aparenta. Pero no te llena. Embellece a tus andares, pero no protege tus espaldas.

-Si tú no me quisieras amado mío, no estarías. Ay, madre mía, qué lejos serías!

Porque no hay mujer que quiera a su costado un trasto. No te encontré en el rastro. Ni te busqué en esquinas. Eres hombre a mi lado, porque soy mujer que te deja estarlo.

-Si yo permanezco aquí, es porque te amo, porque estar con alguien obligado es lo mismo que vivir soñando eternamente que llegue el día en que me enamores con tus actos.

Enamoran las personas. Que son bellas por sus aspecto, pero lo que es bello es lo de dentro.

Eso es lo que veo en tu mirada, mi Marcela del alma.

-Eso es lo que creo que ves en mi persona. Una belleza escondida tras otra, descarado.

-Bajo el mismo manto. Frente al mismo infierno te comería a besos, Marcela. Es lo que yo siento.

Y no tengo miedo a morir en el intento de convencerte cada día que te quiero.




-Si tú no me quisieras, amor mío, no estarías. No seríamos. No cabría otro intento. Ni tu eres mío, vida mía. Ni yo lo seré en la vida.

Ven y siéntate a mi lado y repite que me amas. Ese modo tuyo de cantarlo. Que me encanta. Después de tantos años, aun me gusta escucharlo.

-Te amo, Marcela. Aunque no lo creas. Y ni tu eres mía, ni yo lo seré en la vida, pero si tú mueres, yo detrás tuyo muero. Y eso no lo verás. Pero te juro ahora mismo. Que eso es tan cierto como los años que te llevo amando. Te lo digo cantando, rezando o como me pidas escucharlo.

-No es necesario. Permanece sin más. Rózame de vez en cuanto. Estate atento a mis actos. Si caigo, no dejes que me haga daño. Cae tu conmigo, para que yo caiga en blando. A mi edad ya no me llenan los halagos, me llenan los actos, siempre serás mi eterno enamorado….. sigamos recordando, el primer beso, nuestro primer abrazo, que eso siempre queda. seguir recordando.

By Miriam Giménez Porcel.

 

Y me llevaron a la hoguera

hoguera

 

Y ME LLEVARON A LA HOGUERA

Recabé en aquel pequeño pueblecito de montaña casi por casualidad, huyendo de un hogar donde el amor hacía tiempo que se había marchitado y los golpes habían sustituido a las caricias. Aprovechando un despiste de mi marido, cogí a mis dos pequeños de la mano y salí corriendo de aquella casa, sin más equipaje que los ropajes que llevábamos puestos, raídos y decolorados. Corrí y corrí sin pausa, sin mirar atrás, tirando de los pequeños, de apenas 4 y 6 años, tras de mí.

A las cuatro o cinco horas de carrera me detuve exhausta. Cuando vi el aspecto que tenían mis hijos, quise morir. Estaban por completo deshidratados, rasguñados, apenas podían abrir los ojos del máximo cansancio que llevaban en las espaldas de sus diminutos cuerpos. Sin saber qué hacer, cogí al más pequeño de ellos y lo acogí en mi pecho. Procuré darle de beber de la poca leche que aún me quedaba y, con los ojos cerrados, empecé a cantarle una canción. Una canción por completo desconocida para mí, que jamás había oído, en un lenguaje extraño, pero que salía de mis labios con fluidez.

Cuando abrí los ojos, al terminar la canción, mi pequeño estaba curado por completo. No había signo de cansancio alguno en su cuerpo. Le rebusqué por todos lados buscando algún rasguño, algún moratón de las caídas que habíamos tenido en el camino, pero no encontré nada. Por alguna extraña razón, había conseguido sanarle.

Miré hacia mi hijo mayor. Él continuaba tirado en el suelo, apenas podía respirar. Con rapidez me incorporé y me dirigí hacia él, repitiendo la misma operación que hice con el primero. La canción fluía de mis labios como si siempre hubiese sido ese su destino. No conocía el significado, pero continué cantando. Para mi sorpresa, al abrir los ojos mi hijo mayor estaba por completo recuperado, al igual que le había pasado al primero.

Hicimos una hoguera en mitad del bosque, en un pequeño claro rodeado de árboles, y allí descansamos algo durante la noche. Estábamos hambrientos, pero no importaba, lo importante era descansar un poco y seguir nuestro camino sin rumbo, pero lo más alejado posible de la mala bestia que teníamos en nuestro hogar.

Al amanecer, antes de que saliese el sol, desperté con cariño a mis dos pequeñuelos y reemprendimos nuestro viaje. No llevábamos ni una hora de camino cuando encontramos una pequeña aldea, escondida dentro del bosque en la ladera de la montaña. Sus habitantes nos recibieron con los brazos abiertos y nos ofrecieron cobijo y alimento. Les estaré eternamente agradecida. A pesar de todo.




Todo fue bien durante varios meses. Yo ayudaba en las labores del pueblo y mis niños iban a la pequeña escuela que había, junto con diez niños más. Hasta que un día ocurrió la desgracia. La hija del alcalde cayó gravemente enferma. Nunca se supo de la enfermedad que la había indispuesto, pues el médico del pueblo no llegaba a entender de males mayores y tampoco podía ser trasladada a un hospital. La pequeña pasó dos semanas horribles, convulsionando y con fiebres altísimas.

Una fatal noche, el doctor dictaminó que el pequeño cuerpo de la niña no podría soportar esas condiciones apenas unas horas más. La noticia corrió como la pólvora por el pueblo. En un santiamén, todos estábamos congregados en casa del alcalde, esperando noticias de la evolución de la niña. En ese momento recordé el incidente con mis propios hijos durante nuestra huida, algo que había dejado escondido en un recóndito rincón de mi memoria.

Le propuse al alcalde que me dejase entrar a ver a la pequeña, que en ocasiones había ayudado al médico de una gran ciudad y a lo mejor podía hacer algo aún por ella. Me consintió la entrada pero estando él presente. Tuve dudas, no lo voy a negar, pero tampoco podía dejar que un alma tan joven nos dejase de aquella manera. Así que, delante del alcalde, la tomé en mis brazos. El pequeño cuerpo de la niña, aún más mermado tras las últimas semanas, ardía como si fuese una hoguera. Podía notar hasta el último de sus pequeños huesos. Saqué un pecho y le ofrecí a beber de mi leche mientras, con los ojos cerrados, volví a cantar una vez más aquella canción misteriosa.

Todo fue algarabía aquella noche cuando la pequeña se levantó por sí misma de la cama, sin rastro de las fiebres que la estaban consumiendo. Todo el mundo me estaba agradecido y yo recibía sus muestras de afecto con humildad. Pero no es oro todo lo que reluce, y a los pocos días comenzaron a correr rumores en la aldea sobre mí. Me tachaban de bruja.

El propio alcalde, convocó un pleno con todos los habitantes, a mi excepción. Yo, que había salvado a su hija de una muerte segura en cuestión de horas, ahora era una criatura del diablo que merecía ser aniquilada sin ningún miramiento. Así lo decidieron entre todos.

Ya han preparado la gran pira donde me piensan amarrar esta misma noche. A las doce, la hora bruja, qué paradoja. Solo puedo mirar a mis hijos y dejarles el legado de que su madre fue una buena mujer que murió en la hoguera por el solo hecho de hacer el bien.

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