Cuéntame un cuento…

Una tenue luz zigzagueante en el suave reflujo que deja la brisa. Encandila el suave baile que muestra  la llama anaranjada de la vela, su mirada perdida que no deja  ver más allá del color esmeralda que adornan sus ojos.  Una medida sonrisa brota para perfilar sus labios aun tocados con el intenso rojo que hoy, rompiendo su peculiar manía de utilizar colores más apagados, ha utilizado.
Mientras desfila la sombras producidas por sus rasgos, queriendo también sumarse al baile sin música que observo,  atento, mientras ella parece estar en cualquier otro lugar.
Juguetea entre sus manos un viejo libro que en alguna ocasión  se lleva el premio de verse llevado hacia su pecho. Hasta que me veo yo también premiado por un ápice de su atención,  olvidando por un segundo, este extraño rito al que me he acostumbrado en cada noche sin luna.
El tiempo parece detenerse, se sienta y permanece entre la luz deslizando un segundo tras otro, amordazado por este silencio que para nada resulta incomodo. Incluso su respiración se une a ese ritmo tranquilo, mientras repite ese gesto apartando el mechón rebelde de su pelo, empecinado en caer  sobre su cara. Suspira y eleva su mirada al cielo. Allí, sin reflejos de esa luna que vive hoy oculta a nuestros ojos, allí hoy, ese centelleo del mosaico de estrellas se muestra con su máximo esplendor. Vuelve a crecer su sonrisa como si fuera una bella flor que poco a poco se abre, y te deja, ver sus formas, su fragancia, su color…
Aparecen sus palabras como un melódico canto de sirenas, aquel, que lograría llevarte en su embrujo para sucumbir sin remedio, olvidando que desde ese momento ya eres preso y tu libertad, ha pasado a ser un regalo que ella maneje. Enternecedora es ahora
su expresión mientras dice:
Siempre me contaba un cuento, en estas noches donde no hay luna en el cielo, puedo escuchar sus palabras enlazadas con esta suave  brisa sin cerrar mis  ojos
Y aparece en este último acto la melancolía, como un manto fino que cae sobre sus hombros, sobre los míos.
Posa su mano sobre su vientre, se detiene de nuevo y, esta vez su mirada al encontrarse con la mía es un pasadizo que lleva directa a su alma.
El cuento ya es para dos, para quien viene y para quien se marchó– susurra, provoca mi sonrisa que me abordo sin permiso y escucho:
Erase una vez una bella princesa que vivia en un inmenso castillo….
Y así, vuelvo a escuchar como ella recita un párrafo tras otro, como su padre siempre hizo en noches como esta y me repito para mis adentros…
Cuéntame un cuento mi dulce amor…

3 comentarios en “Cuéntame un cuento…

Deja tu comentario, así nos haces grande

A %d blogueros les gusta esto: