En cuestión de segundos puede desparecer toda expectativa.

En cuestión de segundos,

las ilusiones  quedan hipotecadas,

prisioneras con los cuerpos,

encerradas en el mismo habitáculo,

entre las paredes que día a día parece que  se van estrechando,

oprimiendo la vida,

secuestrando el limpio aire que circula por las calles solitarias.

Los rescoldos de tiempo se acrecientan y se amontonan

en la pesadilla de la monotonía,

de la desesperación por abrir las puertas y ventanas

y lanzarse de cabeza a la vida que quedó atrás con la maldita pandemia.

En cuarentena cuento los días que pasan,

los que aún quedan por acabar de una vez con este azote que ha puesto en jaque a la humanidad.

 

 

 

@Marina Collado