Cuando te veo

Cuando te veo

CUANDO TE VEO

Me doy cuenta de que duermo cuando te veo a mi lado, cuando escucho tu respiración pausada en el silencio de la noche, cuando siento tu cálido aliento resbalar sin descanso sobre mi piel.

El insomnio se instaló en mi vida como un indeseado inquilino desde que tú saliste de ella. Noche tras noche aguardo su visita con la insana esperanza de que no acuda, pero es un fiel visitante que siempre llega puntual a esas citas que yo nunca programé en mi agenda. Se desliza entre los pliegues del sosiego nocturno como si fuese un vulgar ladronzuelo que no quisiera ser descubierto. Nunca le veo llegar, pero su presencia me quema, me inquieta, me asfixia.

Mi cuerpo desamparado se retuerce entre las sábanas frías que hace ya tiempo perdieron tu olor. Gira y gira, en busca de la posición acertada que mitigue tu ausencia y sofoque las llamas que prenden mis ojos. Me escondo entre ellas, como si así fuese a ser capaz de evadir la inquietante presencia del desvelo diario, en un cómico juego del escondite en el que siempre llevo las de perder y no tengo compañero que me salve la partida.

Las manecillas del reloj se alían con mi enemigo. Detienen su avance, parecen querer mantenerme en mi escondite en una jugada eterna en la que no hay ningún límite de tiempo ni tan siquiera cuenta atrás. Y giro, giro, giro… Doy las mismas vueltas con la mente que con mi cuerpo en la cama hasta que me introduzco en un hipnótico círculo vicioso del que no puedo ni quiero salir.

Es entonces cuando te veo. Estás aquí, a mi lado, y me abrazas. Me susurras al oído y me besas en los ojos hasta que caen rendidos. Es entonces, y solo entonces, cuando me doy cuenta de que, por una vez más, le he ganado la partida al insomnio.

Duermo.

Sueño…

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