Cuando de nuevo despierte en la quietud de la incipiente luz que se refleja en mi almohada anunciando la llegada del sol de la mañana deslizaré mi mano en busca de certezas, acariciaré tu espacio y te mostraré la calidez del tacto de mi piel envuelto todavía bajo la suavidad adormecida de las heladas sábanas del desnudo lecho, cómplice callado de mis confidencias. Delinearé las formas habidas de tiempos inolvidables, cálidas huellas perfumadas de recuerdos acumulados.

Cuando despierte de nuevo recordaré cada palmo de tu cuerpo acunando en la madrugada todos mis desvelos. Cuando despierte otra vez, el sol se hará más patente y luminoso en todos los rincones de mi alma, mi estancia brillará con la dorada luz de los más potentes rayos del astro rey como ofrenda de bienvenida.

Cuando vuelva a despertar del letargo de los tiempos, resurgiré de entre las sombras que cancelan la luz imponiendo sus tinieblas. Se impondrá el amanecer eclipsando la frialdad existente, madrugarán las estaciones que se perdieron en el camino del destiempo, anochecerá primavera y renacida volverá en el nuevo día perpetuando su reinado al compás de la nueva sinfonía que de serenidad impregnará el aire.

Cuando despierte de nuevo ya no quedará resquicio alguno de ayeres dolientes, las sombras quedarán atrás, disipadas entre cánticos de esperanza que serán guía en el trayecto de ida y vuelta. Cuando de nuevo despierte se detendrá la mirada en la contemplación del espectáculo de vida naciente.

 

 

@Marina Collado