Cuando abramos las ventanas (Diario de un confinamiento)

Segundos y más cosas han transcurrido desde aquella tarde aún invernal en que nos anunciaban  un confinamiento universal; hemos visto pasar la colorida primavera, el húmedo verano, el hermoso otoño con sus tonos dorados.

Y hoy, el frío se ha hecho presente de nuevo envolviendo con sábanas esponjadas nuestras noches de invierno.

-Cuando abramos de nuevo las ventanas – me digo en tenaz intento de convencimiento a mí misma.

Cuando abramos de nuevo las ventanas y las puertas; cuando salgamos de nuevo, tal vez seremos amados desconocidos relacionándonos de diferente manera, extrañando lo que eramos antes de la pandemia, pensando en los que se fueron, recibiendo a los nuevos lazos que se han formado y reconociendo nuestro propio yo.

Cuando abramos de nuevo las ventanas y las puertas.

Intentaremos vivir, en lugar de ir latiendo por la vida; porque en estos nueve meses vamos a haber aprendido el valor de una mirada que se fija directo a los ojos, del calor bendito de un abrazo, del amor que sólo se percibe verdadero al contacto de los labios.

También llevaremos a cuestas la lección de la fragilidad de la vida en donde los planes se vuelven arena que se lleva el viento y las ilusiones son fragmentadas por la muerte; a veces cercana y otras no tanto, pero que al final abofetea los días cargándolos de dolor y temores.

¡Uff! – Cuando abramos de nuevo las ventanas –

Todos habremos llorado un sinfín de lágrimas o reído un eterno rosario de carcajadas, porque nunca antes habíamos conocido tantos sentimientos como en los últimos trescientos días; quizá tendremos todos el recuerdo de esas respuestas sin sentido ante el interés de cómo nos encontramos; respuestas tan dispersas e incoherentes como la realidad nos ha obligado a sentir.

-¿Cómo estás? –

-Bien, mal, triste, eufórico, esperanzado, en abandono total, feliz, enojado, frustrado, abatido, amoroso, cansado, deprimido, lleno de vida . . . –

Al final, cuando sea posible abrir las ventanas, cuando abramos las puertas de par en par y podamos volver a sentir el sol acariciando el cuerpo; gozaremos el sabor de la vida disfrutando a pequeñitos sorbos su dulzura con todos aquellos a quienes hoy extrañamos tanto.

A los que permanecen y los que se han marchado.