Crónica anunciada de un susurro sordo

El reflejo de tus manos en el espejo, un rostro aún apurado por la prisa, el agua corre entre tus dedos, te observas con detenimiento, tu apariencia es la de un desconocido.

Asientas aprobando las ráfagas que se repliegan en tu cerebro, tras de ti, el reflejo del sol en las baldosas que gritan a tus sordos instintos, invitándote a salir.

Vedado el jardín donde cancela de viejo hierro forjado franquea el ayer sembrado de incompresibles espacios vacuos.

Aletargado entre las sombras del tejadillo se despereza con la calma de quien se sabe poseedor del mañana, aunque todos piensen que es un pobre diablo.

Una camisa color teja es toda su vestimenta con un ligero movimiento de sus delgados dedos se desprende de ella dejando al descubierto su piel blanca y su cuerpo delgado.

Sólo una pequeña marca sobre su pecho en el lado derecho, la acaricia despacio, suavemente, recreando todos sus sentidos en ese acto, con los ojos cerrados, su mente …

Fragancias en el aire que atraen recuerdos aniquilados una y otra vez despertando irónica sonrisa, mirada que lanza un reto hacia el vacío cielo cuyo aire respira sin reserva mientras extiende sus manos y se encoge de hombros esperando…

Nada ocurre, la tarde se viste de silencio mientras en sus manos ensangrentadas, aún late.

Un mudo susurro gime el aire en su rastrero caminar domeñando el tormento que infringen los afilados cantos que cubren la tierra tras su hazaña.

Grabado en piel que mejor lienzo para imprimar un poema cuyas primeras letras son “Eres mía…”

 

1 comentario en “Crónica anunciada de un susurro sordo

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