Crece una mancha en la mañana clara

Crece una mancha en la mañana clara

 

 

Crece una mancha en la mañana clara

(El sacerdote,

con los ojos volcados a la tierra

y sin mirar la mácula creciente,

murmura “es el pecado”)

y a eso de la diez,

cuando la vida fluye en los bosques del mundo,

surges de la mancha,

desnuda,

azul a veces,

otras blanca

hasta que tu cuerpo termina de formarse.

 

Y de la  epifanía cósmica

pasas a las escenas cotidanas

y me ofreces que nos descalcemos

para sembrar azaleas en el jadín de enfrente.

En la media tarde

entornarás los ojos por tres veces

para que te haga el amor sobre la tierra removida.

 

Y me preguntarás por Grecia

y te diré que Homero

falleció hace tres milenios

y que Solón se acostó a morir con una joven

y que ahora,

en el submundo,

lleva los asuntos de Perséfone.

 

Es de noche. Hay tormenta

Me pides que te acaricie en el corredor del patio

Nuestros hijos no nacidos

aplauden desde el viento que sopla

y sopla

por las rendijas de la vieja casa.

 

Después te marcharás

en otra mácula que dibujará sin prisa

la siguiente alborada

y al sentir  mi tristeza

me acariciarás la mejilla susurrando

“las llegadas son igual a las partidas.

No son ni sufrimiento ni júbilo. Tan sólo

  llegadas y partidas”

 

En el momento de marcharte,

 el sacerdote alzará la vista un solo instante

y verá tu gloria en la mañana

azul y definida.

“es el pecado”

volverá a murmurar

antes de perderse  entre las sombras.

 

GOCHO VERSOLARI

4 comentarios en “Crece una mancha en la mañana clara

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