Cómo me gustaría

Cómo me gustaría

Diario de yo XXIX

Hoy me he acordado de aquella frase tuya. Tenías muchas, no lo negaré, pero aquella era especial, impactante y divertida.

Tú no estabas bien, yo no estaba bien, el mundo no estaba bien. Tú no lo sabías, yo tampoco. Yo pasaba mis días y mis noches alejado de ti, de mí, del mundo. Me dedicaba a explorar todo lo que se podía explorar. Yo lo sabía, tú no. La vida era entonces un tren sin puertas, sin asientos, sin paredes. Nadie lo sabía mejor que tú y yo. Pero ni siquiera ese conocimiento, esa mezcla de intuición y experiencia podía juntarnos. Si era complicado hacernos coincidir en la misma habitación al mismo tiempo, llegar a comunicarnos como seres civilizados era el paso que sigue a la utopía, a la ensoñación del borracho y a la consciencia del enfermo. Tu sexto sentido te hacía caer una y otra vez del tren. Te aferrabas con las uñas al suelo que, traicionero, se agitaba bajo tus pies.

Enfermedad y autodestrucción

¡Cómo me gustaría verte coger un libro!

Y a mí, mamá. A mí también me gustaría.

 

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