Cobarde

Cobarde

 

COBARDE

Hace tiempo que mi vida comenzó a carecer de sentido. No podría determinar el momento exacto en que esto ocurrió, pero imagino que fue un cúmulo de circunstancias el que hizo que, poco a poco, fuera dejando de tener ilusiones. Me cerré de manera hermética al mundo hace ya unos cuantos años. No estoy hablando de quedarme recluida en casa ni nada por el estilo. Continué con mi vida cotidiana, con mi trabajo, con mis rutinas, con todo aquello que fuese necesario para pagar las facturas. Pero nada más.

Todos mis sueños e ilusiones, que con tanto trabajo había construido en una sólida pirámide, comenzaron a tambalearse a mi alrededor, hasta que se desplomaron por completo. Perdí las fuerzas para seguir luchando por ellos, no encontraba sentido a seguir esforzándome en algo que jamás obtendría la recompensa esperada. Y, simplemente, los recogí todos, sueños e ilusiones, y los guardé en una jaula en el rincón más alejado de mi corazón. Allí donde sabía que me iba a resultar muy difícil acceder. Y de donde sabía que nunca podrían volver a salir, no habría ningún fantasma del pasado al acecho.

Puede que fuese una posición cobarde, lo reconozco, pero fue la única que fui capaz de tomar. Así fue cómo todo, de repente, careció de sentido. Hubo momentos muy difíciles, en extremo complicados, en los que hubiese preferido quitarme la vida y finalizar de una vez por todas con esa apatía en la que me vi sumergida. Pero nuevamente por cobardía fui incapaz de hacerlo. El calificativo cobarde rondaba mi cabeza una y otra vez hasta que, en último término, acabé aceptándolo.

Era una cobarde sin metas en la vida, sin sueños por cumplir y sin ilusiones que me mantuviesen viva. Poco a poco fui alejándome de la sociedad, con timidez, pero con decisión. Primero fueron los amigos, a los que ponía falsas excusas una y otra vez para no tener que salir con ellos. En segundo lugar, la familia. Llegó un momento en que mi vida social se limitaba única y exclusivamente a mi trabajo, y ni siquiera este lo desarrollaba con la misma eficiencia que siempre me había caracterizado. Dejé de arreglarme, apenas comía, me convertí en un auténtico esqueleto andante, ausente y desaliñado.

Entonces llegaste tú. Aún no consigo entender de qué manera conseguiste atravesar la dura coraza que me había auto impuesto, pero lo hiciste. A decir verdad, no sé ni siquiera de dónde saliste. Me pillaste por completo desprevenida. Y con ello mi corazón se comenzó a reblandecer, a volverse cálido, a precisar cariño, a tener ganas de ofrecerlo. Y, dando un pasito detrás de otro, llegaste hasta aquel rincón tan apartado de mi corazón donde se encontraban recluidos todos mis sueños e ilusiones.

Me animaste a liberarlos, a luchar por ellos. Me insuflaste la fuerza necesaria para hacerlo. Por eso hoy, a la suave luz del anochecer, saco de mi interior la llave que mantenía cerrada la jaula y la abro. Libero mis ilusiones y las dejo volar libres, junto con mis sueños, hasta que lleguen a alcanzar el lugar al que quieren llegar.

Ahora ese hueco en mi corazón lo ocupas tú. Y a ti, salvador de mi vida, sí que no te voy a dejar salir de él jamás.

Soy Ana, financiera de profesión y escritora de vocación. Tratando de cumplir mi sueño. Aprendiendo, siempre aprendiendo. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

12 comentarios en “Cobarde”

  1. Me encanta, Ana.
    Un apunte, desde mi punto de vista uno no es cobarde por tomar una decisión con respecto a quitarse la vida. Es elección de cada uno. Sólo le pertenece a uno mismo. Y, aunque duela, es algo que hay que respetar.
    Un besazo, preciosa

  2. El amor es un poderoso antídoto para renacer con fuerza y recobrar nuevas ilusiones…Precioso relato preciosa amiga.
    Besos todos corazón!!!

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