Cincuenta dedos

 

¿Dónde estás cuando se rompe?

cada vez lo hace más a menudo,

cada vez más fuerte y mas lejos

saltan sus pedazos

 

No refleja sonrisas en su lecho

se han muerto todas las rosas

inundadas en tinta

tiñéndose de negro.

 

Algunos contraen matrimonio,

yo contraigo demonios,

que me crecen desde fuera

penetrando mi piel

esquirlas de cristal  se me clavan.

 

Y soy más yo, rota,

y tu no eres más tu por perverso.

Dibujamos estrellas de color rojo

en un lugar extraño,

plantaron caricias caducas

que no eran bellas.

Sudaron al unísono,

mientras mordían por separado,

abriendo a tiras el estupor

al masticar de perros enjaulados.

 

Ni siquiera es dulce el olvido,

al menos ya no araña los brazos.

Apenas es fuente que recicla el agua

chorros que salpicaron

en verano, al albor de las aceras.

 

Hay que darse prisa,

no deben quedar recoldos,

nada hay que recordar,

en este horrible día de corridas

y toros

nada hay ya para quemar

tras los pistoletazos

de la traca final.

 

Ellos, no sé, ni quiero saber

ella con las estacas vampíricas

clavadas .

 

En una noche eterna

sin días, que la luz quedó tras

aquella puerta,

ese umbral que sola cruzó

con sus enemigos detrás.

 

Ahí he yacido, yazgo

al helado tacto de un raíl ferroso,

marcadas por doquier las piedras del destino.

Su cuerpo yace inerte,

queriendo acabar con el suplicio.

Intenta salir a la calle

tras el portazo,

apenas puede incorporarse.

 

Más cuantas veces ha de ser abusada?,

por  cuántos miembros atravesada?

para liberarse de esta esclavitud.

En cada una de ellas

me siento ultrajada.

 

En cada cuerpo que no has respetado,

a ese ser animal y enfermo

que eres, yo maldigo.

Al vientre que te albergó

has insultado y envilecido.

 

No bastó con ser juego

impusiste tu fuerza

al arrastrarla por el suelo.

En su boca te mantuvo erguido

mientras la rodeaban

diez manos, cincuenta dedos que despedazan

hacen imposible el olvido

para desgracia de todos.

 

Le veo en un coche

vestido de blanco

con su reloj último modelo a juego

y una nausea recorre mi cuerpo.

 

Quiero vomitar tus demonios

provocarte infiernos

porque tu me has matado

en compañía de otros.

 

Déjame soñar rebaños,

pastando libres ladera abajo

Aunque los lobos ya no están en el campo.

 

Callad que sale ya la manada,

cinco cabrones que han sumido

un país entero en el desconsuelo.

 

@carlaestasola

Un fatídico día en que 5 machos cabríos salen en libertad después de sembrar el terror en cada mujer, y el horror en muchos hombres.

 

#manada #violada #ultrajada #dedos

 

Ella
Carla Duque es el pseudónimo de una mujer que no creía en sí misma. Aprendió a integrar en su vida cotidiana todos los grandes adelantos de la tecnología desde hace tanto que no alcanza a recordar, lidiando con todo tipo de engendros con teclados. Sobrevivió al cambio de siglo adaptándose a su entorno, no sin esfuerzo. Fue acusada en juicio sumarísimo de huir de la realidad con este personaje, no sabían sus jueces que nada había más lejos de su realidad que la vida real.

Yo
Soy en la medida en que me dejo llevar por las teclas, procuro con toda la torpeza comprensible en una advenediza, enlazar sílabas, componer palabras que se asocien entre sí expresando todo aquello que mí día a día no me permite expresar.

Desde niña me desahogué ante un folio y traté de asesinar mis recuerdos, más todo acababa siempre en una papelera, una hoguera, o en un cubo de basura, siempre hecho añicos.

Llego al mundo bloguero y monto mi primer blog en el año 2008. Luego, mi inconstancia me llevó al olvido. Volvía en el 2011 con otro, y otro blog… Pero no fue hasta el 2013 cuando surgió “La Mala Rosa”, le siguió “Subversión Labial”. No fue hasta mi colaboración para “El Poder de las Letras” desde hace dos años al que debo mi recién estrenado metodismo. He conseguido a regañadientes sentarme con periodicidad a escribir para mi cita de los viernes con los lectores.

Y hasta aquí puedo escribir, el futuro es incierto, sigo sin creer en mí misma, pero no cejo en el empeño de conseguirlo algún día.

8 comentarios en “Cincuenta dedos”

    • Gocho muchas gracias, como sabes bien terminar de escribir es como cuando despiertas de un sueño y no recuerdas nada. A veces me sorprendo al leerme por segunda vez. Mil gracias por leerme. ?

  1. Es sublime la fuerza que lleva tu poema y salpica y corroe el alma los aullidos que desprenden tus letras como la realidad vivida, sentida juzgada y borrada por la justicia como si nada hubiera ocurrido.

    De fiesta en su casa, con sus amigos, con bromas, seguro que sobre ella. De donde sacará ella las fuerzas para salir y decir yo soy, de nosotras de todas y de todos.

    De donde saldrá la justicia de nuestras palabras y tal vez hoy entre todos la escuchen ellos…

    Abrazo Carla

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