CHILICUTOS* ROCK

 Era la época del rock, cómo no. La sombra de James Dean y la del más cercano Elvis Presley planeaban sobre una juventud que vivía al ritmo de las guitarras eléctricas Fender, vestida con bluyines apretados, casacas cortas de cuero negro con el cuello alzado por la parte de atrás y el cabello peinado con Glostora (“El fijador de la juventud triunfadora”) o con gomina Fixina, ostentando un estudiado jopo o cresta adelante y costados relamidos.

 

La película “West Side Story”, años después en 1961, hizo un  retrato de los originales americanos: las pandillas de los Sharks (portorriqueños) y los Jets (de origen irlandés). Retrato que ahora  es un estereotipo.

 

Entonces era el rock y en Barranco “Los Tabacos Negros” encarnaban a lo que hoy sería una pandilla. Mucho más monses en realidad, sin la agresividad de los actuales; tratando de mostrar una rebeldía copiada del cine, estos muchachos “malditos” y contestatarios tenían su propio parque detrás del estadio Gálvez Chipoco, en el medio de un barrio de clase media pudiente.

 

“El Parque de los Tabacos Negros” era tranquilo durante el día y por él paseaban las nanas empujando cochecitos y los niños daban vueltas en bicicleta. Al caer la tarde se despoblaba y cuando llegaba la noche, la oscuridad hacía presa del lugar, porque los focos de alumbrado público eran minuciosamente rotos a pedradas por los integrantes del clan tabaquístico. Era el reino de los “Tabacos Negros”. Allí se reunían a fumar, a planear aventuras o maldades y a esperar al amigo con carro que los metiera a todos dentro y los llevara al prohibido Miraflores donde los “Gatopardos” campeaban.

 

Pobre de la empleada que se aventurara a cruzar despistadamente por la zona rumbo a la bodega: era atrapada y amarrada a un poste a pesar de gritos y forcejeos. La banda se desbandaba o se iba en grupo a otro lugar y la víctima quedaba hasta que alguien llamara a la policía que la rescataría indemne pero asustadísima.

 

No se trataba de violar mujeres, sino el modo de afirmar su dominio del territorio lo que llevaba a los “Tabacos Negros” a efectuar tropelías del tipo de las que hoy se practican en preparatoria.

 

Nosotros mirábamos a estos “grandes” que hacían de parte de nuestro distrito su coto privado.  Sus graffiti estaban en los muros del malecón Paul Harris  y su nombre era pronunciado en secreto y los mayores se lamentaban de lo perdida que estaba la juventud.

Decidimos tener nuestra propia banda. Una noche, en bicicleta, bajamos hasta el malecón y en la curva cerca al final de la avenida El Sol, una pared nos sirvió para pintar el nombre del nuevo “gang” barranquino: “Chilicutos Rock”.

 

Según mi amigo Lucho, con quien pintamos la pared, el chilicuto era una especie de grillo, supongo que mexicano. La realidad es que nunca se nos ocurrió que estábamos haciendo historia, que fundábamos la tercera vía; ni “Tabacos Negros” ni “Gatopardos”… ¡”Chilicutos Rock”!

 

Por supuesto pasamos varias veces por allí y calculo que soltábamos el tema como al desgaire, por si alguien conocía las identidades que se escondían tras ése nombre extraño. Los “Chilicutos Rock” nunca pasamos de dos, nunca hicimos otra cosa que crear una identidad ficticia pintando en una pared de cemento, ya llena de garabatos, corazones y lisuras.

 

Los “Tabacos Negros” terminaron teniendo al padre Castañeda como capellán, recogiendo periódicos viejos  casa por casa para las obras sociales de la parroquia de la Santísima Cruz. Los “Chilicutos Rock” nunca existieron y sus buenas acciones fueron llevar a diario en bicicleta el portaviandas de fierro enlozado con el almuerzo preparado en casa para el señor Genaro Argote, anciano encuadernador que vivía en el Centro Católico de la parroquia, en la calle Grau. Allí en una habitación abarrotada de papeles, con una prensa de tornillo muy grande y estampitas por todas partes, don Genaro Argote Vidaurre (como rezaba su sello) sólo se quitaba el sombrero para saludar, para ir a Misa y supongo que para dormir.

 

*Chilicuto: Se le dice así también al grillo.

 

 

(Del libro “EL PASADO SE AVECINA, historias del Barranco” por Manolo Echegaray, editado en Lima diciembre 2010.)

 

 

Imagen: sp.depositphotos.com

 

1 comentario en “CHILICUTOS* ROCK

Deja tu comentario, así nos haces grande

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: