FRAGMENTO DE MI DIARIO

Paseo en “El Cristo de las Sierras” – Tandil, Buenos Aires

[25 de febrero de 2018]

No sé si es el aire cargado de natural verde o el olor que rebalsa de misticismo en la atmósfera, pero me resulta ineludible el hecho de empañar los ojos con el agua dulce de mi pecho encendido, inflado de la luz de los sueños. Estar allí no se puede descifrar en palabras.

Es como esa mano divina, imponente que se aloja allí.

Es como esa mano que toca el alma de manera elocuente, en caricias de algodón, en nubes de terciopelo. Esas nubes que casi se alcanzan con las manos, de tan bajo que se encuentran. Y es que es mi altar sacrosanto, límpido. No encuentro tanta paz, capacidad de meditación y confesión como al pie de tamaña deidad. Allí los sueños flotan en las piedras escondidas entre los árboles, las hierbas silvestres abundantes, las aves, los caballos y burros habitantes, y las pocas almas humanas que frecuentan el secreto que allí habita.

Ahí no hay pena que no se esfume entre las sierras inmensas y eternas que cohabitan junto a la fauna.

Mi sueño de ayer se cumplió y se adornó de flores al salir a la luz.

Mi sueño de hoy está a salvo en ese santuario de deseos.  El mismo que descansaba junto al sueño de ayer y que ahora queda tan solitario como exclusivo. Está en la carne urgente, latente, se acopla entre los pájaros que sobrevuelan el pedregal, se cuela por los huesos pulidos con el ardor provocado por el sol y se instala en los ojos empañados una vez más, empapados del agua que nace en el pecho traslúcido y recorre las pupilas así como a las pestañas.

Mi Penúltimo viaje

¿Como saber que aquel viaje en el que me embarcaba era mi último viaje? ¿Cómo? Nunca es el último mientras halla latido.

No estaba programado, nunca lo hacia, me gustaba ser libre como el aire y caminar descalza entre la hierba y desnudarme en la cascada, sintiendo el agua que me arropa y sin embargo no me gustaba el sol del verano, de hecho le tenía alergia desde aquel año que fuimos toda la pandilla a Asturias. Cosas que ocurren.

Mis mejores viajes, como Egipto o Noruega fueron improvisados de un día para otro, como conocerte a ti en el transcurso del crucero por el Fiordo de los Sueños. Esperar lo inesperado fue siempre mi premisa. No pides nada y lo das todo y si algo llega, pues tomarlo como un regalo, así es la vida.

Fue un mes de febrero a finales, un año no bisiesto. Recibí un e-mail de la agencia de viajes que tenemos contratada en la empresa para viajes ejecutivos. Era una oferta express de esas que de vez en cuando te ofrecen pero el tiempo para contratarla también es escaso.

Un viaje de ensueño !Venecia! Como no ir.  Y en el me embarque con apenas tiempo para preparar la maletas y despedirme, vamos decir a los amigos y familia que estaría de viaje, con él fin de que no se preocuparan y me recogieran el correo del buzón.

Me alojé en el Hotel Colombina al que llegamos por supuesto en góndola, aquellos lugares por donde transcurríamos eran tan hermosos, dignos de ser capturados en la retina.

Dejé las maletas junto a la puerta y salí a buscar maravillas. A observar y prenderme de aquel lugar y sus gentes.

Tantos lugares, tantas cosas que ver, personas con las que charlar y aprender.  Todo una vida y aun así seguiremos siendo ignorantes pues no sabremos nunca todo lo que abarca el saber.

 

Deleite para el cuerpo humano, prendido de emociones, la mente abierta y el corazón en la mano latiendo, que mejor momento que este para dejar de existir y que el silencio se funda en este anochecer.

Tan delicioso manjar para el sentir humano en el que dos rostros se miran a los ojos sabiendo que estarán juntos en el abrazo eterno de sus almas.

No regresé de aquel lugar, en un tiempo, pues él me embrujó como lo haces tú,  imprimandonos en este divino atardecer.

Nunca me sentí tan viva ante este regalo de la madre tierra y también en este caso del ser humano en perfecta armonía, mientras en el declinar de la luz domeñaba la oscuridad, difuminándose los miedos que dejaran de ser vida hoy…

Marijose siempre vuestra, para toda la eternidad. Gracias amigos.

Hasta pronto,  me voy con mi libertad y con mi identidad sabiendo lo que quiero y deseo, un tiempo, dejando atrás cosas hermosas que agradecer y otras que dejar vuelen mejor aunque no lo entiendan ahora, es mejor para mi, que ese necesario descanso llega.

Quedan dos programas de radio Viernes y Sábado de los que mi compañero Fernando dejará los enlaces y que por supuesto están ya preparados.

Y como prometí en su momento, el Libro solidario publicado, termina la andadura de mis letras, de  momento descansaran y  tranquilas se harán novelas o lo que gusten.

Si se hiciera audio libro ellos se lo dirían. La Web Libro Solidario Universo de Esperanza, queda abierta, tal vez, sirva a más personas para concienciarse de lo que no queremos ver y por supuesto mi compañero Fernando quedará a su frente y él decidirá que hacer.

Disculpad que me vaya con un post, sin deciros adiós compañeros, pequeña familia, pero no me gustan los adioses y los grupos de wapsat, lo siento, soy más bien callada, aunque en momentos determinadas en mis tormentas emocionales se  disparen incontroladas las palabras.

Recuerden Sonrisas de Camaleón, Cuentos de Noe, Silencio en tu mirada, Parodias, Sensibilidad a flor de piel, Uno más de mis pensamientos, El&ella, Baúl de sueños, Junco y Gacela, Más allá de donde la mirada no ve y  A media luz. Tantos lugares, pero es que después de Sonrisas de Camaleón no encontré ningún lugar donde sentirme a gusto escribiendo.

Besos y mis sonrisas siempre, toboganes de colores que eran arco iris, lluvia de sonrisas que son besos.

La vida es un noria que gira y el mundo un pañuelo. ¿Quién sabe? Pero volveré.

Tal vez algún día se den todos  la mano pues la convivencia es algo hermoso, donde la tolerancia demuestra que el ser humano aún lo es.

Gracias.- Marijose. Mis 14 libros en Amazon en ambos formatos, pero pronto subiré una antología de todos los poemarios.

Peregrina.- Un balcón a la vida

Quería explicar que estas letras las escribí hace ya cuatro años en una de mis mágicas vacaciones de semana santa. Bueno, de nuestras mágicas, mi niña y mi chico también.

Posiblemente volvamos en Semana Santa para terminar de recuperarme, lugar increíble donde perderse a vivir, donde el silencio reína pero la algarabía es constante, donde puedes perderte sin dar muchos pasos en otro mundo y sentir que el paso del tiempo no existe. Nada corre prisa. Se paro el reloj. Es maravilloso.

Es la hermosa historia de un pueblo que quedó despoblado para la construcción del embalse de el Grado. Diré que es un pueblo medieval recuperado, respetando su origen, la forma y materiales de las casas. La forma originaria del pueblo, en el que se ha habilitado el turismo rural pero con un gran respeto al pueblo y su historia, a sus alrededores e incluso al embalse.

Es un lienzo impresionante, levantarte por la mañana muy temprano despertada por la melodía de la vida. Recorrerlo en silencio, contando las baldosas, observando su deformidad, intentando desmembrar la historia de aquellos que antaño allí pisaron. Recorrer los senderos que rodean al pueblo, arena, bosque entretejido de todas las formas inimaginables. Encontrar unas cuevas y observarlas, internándote en ellas con la mirada e inventando por qué no historias de ayer.

Sentarte allí junto al embalse en las tenues horas y dejar que las pinceladas de colores tenues embarguen tus sentidos, mientras la melodía de la vida, los trinos se calman.

Ponerte las botas de montaña y subir alto, tan alto que creerás volar desde los restos de los castillos que custodian el embalse. Pararte a observar a escuchar a sentir la vida.

La sombra del quebrantahuesos, los buitres negros, el águila a simple vista sin necesidad de utilizar los prismáticos.

Encontrar la ermita reconstruida, con las pinturas y colores de antaño, un lugar en el que sentarte un rato a recuperar el aliento y volar la imaginación a otros tiempos, historias tantas que contar, que escribir, que escuchar.

Tumbarte a la intemperie en la noche, en la oscuridad total, dejar que las estrellas te den la mano y te acompañen de paseo, la vía láctea y…

En cuanto pueda jubilarme, quiero un lugar así para irme a vivir, donde nada turbe el alma y la paz se respire, donde todo sea quietud y belleza, las emociones despierten y mi siembra sea solo caminar por la vida.

Lo mejor de todo, antes de llegar al pueblo hay un aparcamiento, ahí se quedan los motores. Hasta el pueblo solo tus pies pueden llevarte.

Unas fotografías que tome allí, para que entiendan de que les hablo.

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Peregrina

Despiertas desorientada por el canto de las golondrinas, una orquesta esta ensayando frente al balcón de tu casa.

Armoniosa mezcla de sonidos dirigidos por un gran maestro, la naturaleza

El silbido de las alas al ascender, la corriente en el abismo rocoso mientras esquiva al molesto cuervo que enojado emite su graznado.

El croar de las ranas, mientras las moscas zumban a su alrededor, escapando de su mortal, pegajosa lengua.

El bla, bla, bla de las golondrinas al esbozar la montaña los primeros rayos de luz sobre las transparentes aguas del embalse

Aun desorientado abres despacio sin prisas las ventanas del pequeño mirador y entonces tus neuronas terminan de enlazar la vida.

Un balcón sobre el río Cigar

 Atrás quedaron las luces brillantes, regalos sin sentido, vidas ahogadas en un mundo irreal. Se prometió volver a casa en las siguientes navidades, pero no lo deseaba.

No, llevaba varias semanas pensando en ello, pero nada le ataban allí.

Nadie la entendió a ella, en ese mundo. La tacharon de loca y de cuantas cosas más cuando marchó a ese tan necesitado retiro.

Su jefe la despidió sin mas contemplaciones, solo había pedido unos meses, los necesitaba.

Sus amigos ya no los sentía cerca. ¿No serian como el resto de nuestra vida.un artificio creado por nosotros mismos, al servicio de nuestro ego?

Definitivamente, no iba a regresar.

Un halcón peregrino sobrevoló su cabeza, se posó en la torre de la iglesia, espero paciente, sin dejar de observar. Un ratón en vaivén sobre sus patas colgaba.

Ella no seria otro pelele de esa vida, de aquella navidad. Ella sentía que a diario esa vida en el mundo real la empujaba hacia el abismo.

Su mirada dejó de perderse en el horizonte, la vastedad de sus sueños se encogía a cada momento dejando de ser vida al igual que sus latidos.

Observo el cielo y no encontró la vía láctea. Se acostó temprano a dormir.

Aquella mañana la densa niebla lo cubría todo, eran cerca de las doce cuando comenzó a sonar la gran campana de la Iglesia.

La puerta de madera desgastada por el paso del tiempo permanecía cerrada desde hacía ya 10 largos años, cuando el último lugareño decidió recoger sus escasas pertenencias y marchar hacia la ciudad.

Las avispas habían anidado en las absides, nada accesibles cercanas a la puerta.

Eran junto con algún despistado caminante, aventurero la única señal de vida existente de aquel lugar.

Replico nuevamente la campana, podía escucharse en el pueblo cercano.

La peregrina, así le gustaba que la llamasen, estaba tan sorprendida que apenas podía ni tan siquiera pestañear.

Hacia relativamente poco tiempo que decidió quedarse a vivir allí.

Al principio eran unos días de descanso, necesitaba escapar del estrés que últimamente le generaba su trabajo.

La gran ciudad, la deshumanización en que cada mañana, debía sumirse, ese caos involuntario en que los negocios sumergen los sentidos y desaparecen las emociones.

A pesar de ser una persona tranquila, que practicaba doctrinas como el yoga, la meditación que ayudaban a sobrevivir en ese mundo que no la gustaba demasiado, ella pensaba que ya todo sería un completo y continuo desastre.

Semejaba el alma sin quebranto en un mundo de paz y armonía de lucha diaria.

La peregrina decidió no inmiscuirse en ninguna otra cuestión.

Su mente quieta y callada no pensaba ya en nada, no deseaba nada, en ese pequeño reducto sabía que estaría bien, ella sola sin más.

Antes de salir por la puerta de la iglesia, se volteo y miro al techo de la iglesia, donde la luz penetraba con fuerza entre los agujeros de aquella gran roseta que siempre tanto le había gustado. Semejaba para ella que no era creyente, una apertura desde la obscura dimensión del mal hacía la luz del sol, que quería y deseaba para todos aquellos que en algún momento fueron compañeros de camino, pero sobre todo para ella.

Y así continuo su camino, se fundió en el bosque, atravesó aquella pasarela que parecía no tener fin, amontonando las hojas del otoño, solo un pequeño remolino levanto el vuelo ante el bufido del viento.

Gotas de agua bailaban sobre su rostro y en la superficie de la pasarela.

Su camino, al fin lo había encontrado.

La soledad y el silencio, ese sería su camino.

Marijose.-

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