Santuario de paz y calma

Gamo

Entre las ramas, camuflada, en el alto de Caunedo, en ese valle de Somiedo, donde la vida es tierna y calma.

Respirando el aire límpido de la montaña, entre los bosques y los ríos, sorprendiéndome a cada momento con esos seres vivos, tan hermosos que allí habitan. Uno de los pocos santuarios de la naturaleza que aún existen.

Mi mirada se pasea, sin fijarse en ningún punto en concreto, el latido calmado almacena esa paz que te mece y te alimenta el alma.

De repente, un crujido, una rama que se parte y apareces.

¡Tú, sí.!

Hermoso, aun pequeño en edad, con curiosidad miras hacia donde me encuentro, esa pequeña atalaya, pues el aire cambió y me encontraste.

Intuías que no era un peligro, y en esas horas tardías en las que el sol comienza a agostar su brillo y su calor, disfrutabas de un gran banquete, tu solo en toda la avenida, no quise caer en la tentación de inmortalizarte con la cámara, preferí disfrutar observándote, delicia para mis emociones, que un gamo despertaba.

Un pequeño ruido, un arañar continuo e insistente, tras de mi, alertó mis sentidos y con mesura me di la vuelta.

Un gato montes me encontré, casi a mi vera. Tal vez olió la manzana que llevaba en el macuto o tal vez era su lugar de caza o de reposo.

Ahora si, me quede lo más quieta que pude, no quería ser presa involuntaria de sus arañazos o mordiscos, menudos son cuando se enfadan, tan hermosos mirarlos.

Él se acerco sin miedo alguno a mi macuto, pronto me quedaría sin él.

El ruido de un motor, escasos,  me salvó de ello, eso sí, le dejé la manzana que enseguida regreso y se comió a escasos metros de mi.

Y el cielo torna de tenues violetas que acarician la tarde, cantando a la noche que se acerca con presteza. Hay luna nueva, no debo retrasarme en el caminar de regreso, las luces del pueblo son escasas y los caminos zigzageantes, a veces embarrados y otras vallados de alambre o pequeñas puertas de madera que marcan las lindes de los terrenos.

Las vacas, los caballos, todo esta libre en un mundo de ensueño, donde tantas veces regresé para deleitarme y hacer que las emociones explosionen dando vida a la vida.

Marijose.-

FRAGMENTO DE MI DIARIO

Paseo en “El Cristo de las Sierras” – Tandil, Buenos Aires

[25 de febrero de 2018]

No sé si es el aire cargado de natural verde o el olor que rebalsa de misticismo en la atmósfera, pero me resulta ineludible el hecho de empañar los ojos con el agua dulce de mi pecho encendido, inflado de la luz de los sueños. Estar allí no se puede descifrar en palabras.

Es como esa mano divina, imponente que se aloja allí.

Es como esa mano que toca el alma de manera elocuente, en caricias de algodón, en nubes de terciopelo. Esas nubes que casi se alcanzan con las manos, de tan bajo que se encuentran. Y es que es mi altar sacrosanto, límpido. No encuentro tanta paz, capacidad de meditación y confesión como al pie de tamaña deidad. Allí los sueños flotan en las piedras escondidas entre los árboles, las hierbas silvestres abundantes, las aves, los caballos y burros habitantes, y las pocas almas humanas que frecuentan el secreto que allí habita.

Ahí no hay pena que no se esfume entre las sierras inmensas y eternas que cohabitan junto a la fauna.

Mi sueño de ayer se cumplió y se adornó de flores al salir a la luz.

Mi sueño de hoy está a salvo en ese santuario de deseos.  El mismo que descansaba junto al sueño de ayer y que ahora queda tan solitario como exclusivo. Está en la carne urgente, latente, se acopla entre los pájaros que sobrevuelan el pedregal, se cuela por los huesos pulidos con el ardor provocado por el sol y se instala en los ojos empañados una vez más, empapados del agua que nace en el pecho traslúcido y recorre las pupilas así como a las pestañas.

Mi Penúltimo viaje

¿Como saber que aquel viaje en el que me embarcaba era mi último viaje? ¿Cómo? Nunca es el último mientras halla latido.

No estaba programado, nunca lo hacia, me gustaba ser libre como el aire y caminar descalza entre la hierba y desnudarme en la cascada, sintiendo el agua que me arropa y sin embargo no me gustaba el sol del verano, de hecho le tenía alergia desde aquel año que fuimos toda la pandilla a Asturias. Cosas que ocurren.

Mis mejores viajes, como Egipto o Noruega fueron improvisados de un día para otro, como conocerte a ti en el transcurso del crucero por el Fiordo de los Sueños. Esperar lo inesperado fue siempre mi premisa. No pides nada y lo das todo y si algo llega, pues tomarlo como un regalo, así es la vida.

Fue un mes de febrero a finales, un año no bisiesto. Recibí un e-mail de la agencia de viajes que tenemos contratada en la empresa para viajes ejecutivos. Era una oferta express de esas que de vez en cuando te ofrecen pero el tiempo para contratarla también es escaso.

Un viaje de ensueño !Venecia! Como no ir.  Y en el me embarque con apenas tiempo para preparar la maletas y despedirme, vamos decir a los amigos y familia que estaría de viaje, con él fin de que no se preocuparan y me recogieran el correo del buzón.

Me alojé en el Hotel Colombina al que llegamos por supuesto en góndola, aquellos lugares por donde transcurríamos eran tan hermosos, dignos de ser capturados en la retina.

Dejé las maletas junto a la puerta y salí a buscar maravillas. A observar y prenderme de aquel lugar y sus gentes.

Tantos lugares, tantas cosas que ver, personas con las que charlar y aprender.  Todo una vida y aun así seguiremos siendo ignorantes pues no sabremos nunca todo lo que abarca el saber.

 

Deleite para el cuerpo humano, prendido de emociones, la mente abierta y el corazón en la mano latiendo, que mejor momento que este para dejar de existir y que el silencio se funda en este anochecer.

Tan delicioso manjar para el sentir humano en el que dos rostros se miran a los ojos sabiendo que estarán juntos en el abrazo eterno de sus almas.

No regresé de aquel lugar, en un tiempo, pues él me embrujó como lo haces tú,  imprimandonos en este divino atardecer.

Nunca me sentí tan viva ante este regalo de la madre tierra y también en este caso del ser humano en perfecta armonía, mientras en el declinar de la luz domeñaba la oscuridad, difuminándose los miedos que dejaran de ser vida hoy…

Marijose siempre vuestra, para toda la eternidad. Gracias amigos.

Hasta pronto,  me voy con mi libertad y con mi identidad sabiendo lo que quiero y deseo, un tiempo, dejando atrás cosas hermosas que agradecer y otras que dejar vuelen mejor aunque no lo entiendan ahora, es mejor para mi, que ese necesario descanso llega.

Quedan dos programas de radio Viernes y Sábado de los que mi compañero Fernando dejará los enlaces y que por supuesto están ya preparados.

Y como prometí en su momento, el Libro solidario publicado, termina la andadura de mis letras, de  momento descansaran y  tranquilas se harán novelas o lo que gusten.

Si se hiciera audio libro ellos se lo dirían. La Web Libro Solidario Universo de Esperanza, queda abierta, tal vez, sirva a más personas para concienciarse de lo que no queremos ver y por supuesto mi compañero Fernando quedará a su frente y él decidirá que hacer.

Disculpad que me vaya con un post, sin deciros adiós compañeros, pequeña familia, pero no me gustan los adioses y los grupos de wapsat, lo siento, soy más bien callada, aunque en momentos determinadas en mis tormentas emocionales se  disparen incontroladas las palabras.

Recuerden Sonrisas de Camaleón, Cuentos de Noe, Silencio en tu mirada, Parodias, Sensibilidad a flor de piel, Uno más de mis pensamientos, El&ella, Baúl de sueños, Junco y Gacela, Más allá de donde la mirada no ve y  A media luz. Tantos lugares, pero es que después de Sonrisas de Camaleón no encontré ningún lugar donde sentirme a gusto escribiendo.

Besos y mis sonrisas siempre, toboganes de colores que eran arco iris, lluvia de sonrisas que son besos.

La vida es un noria que gira y el mundo un pañuelo. ¿Quién sabe? Pero volveré.

Tal vez algún día se den todos  la mano pues la convivencia es algo hermoso, donde la tolerancia demuestra que el ser humano aún lo es.

Gracias.- Marijose. Mis 14 libros en Amazon en ambos formatos, pero pronto subiré una antología de todos los poemarios.

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