#DameLaHistoriaTú

Espanta Diablos

 

El cielo se incendio como si de paja seca se tratara, los rojos del cenit sobresalían entre los negros y grises.

El diablo ha abierto las puertas del infierno y sus hijos vagan por la tierra arrasando con todo, como si de espantapájaros se trataran.

Los hombres caen como espigas de trigo bajo el pie del agricultor, pero ahora son los humanos los que pagan la desidia que han tenido a lo largo de estos últimos cien años.

La tierra se ha vuelto en su contra, el cielo se ha declarado en rebeldía,

Dios y su hermano vengador, han traído su guerra ancestral hasta nuestros pies, han decidido que es por nuestro bien, que el que gane de los dos será el dueño y  señor del porvenir de los hombres, de declarar su libre absolución o del juicio final.

Total que al fin arderemos en uno de los fuegos, el de nuestra redención o en el de la perdición.

En un último suspiro de cordura hemos creado miles de espanta diablos, mientras nos consumimos en el fuego eterno de la desesperación.

 

©Antonio Caro Escobar

Reto #damelahistoriatu

Esta semana, El poder de las letras – Página de escritores independientes. Ha escogido para el reto la imagen que se muestra a continuación. Esperamos que os inspire interesantes relatos.

Podéis enviar vuestras creaciones al siguiente email elpoderdelasletras@elpoderdelasletras.com.

Gracias.

 





 

#damelahistoriatu “ él ”

Entre los surcos de la tierra se incrustan los hierros, la bruma envuelve el caminar tranquilo mientras con firmeza se dirige hacia el final del tren.

El  olor del carbón quemándose en la boca de la locomotora anuncia la salida mientras los pasajeros reunidos en la estación se despiden o se agitan nerviosos buscando entre sus enseres, algunos, un motivo para quedarse.

La humedad resbala por la ventana mientras ella mira hacia el vestíbulo, una luz tenue alumbra el pequeño ventanal donde el jefe de estación termina de ordenar los billetes expendidos. El minutero discurre despacio, un pequeño reloj de mano  y un viejo teléfono de color beis claro sobre su mesa le impiden observar como un muchacho se escurre cuidadosamente entre las ruedas de hierro.

Deja de respirar el tiempo suficiente para que cuando el soldado pasa a su lado, no le descubra. Se engancha el cinturón del pantalón y espera a que el tren arranque, su pequeño cuerpo temblequea y no puede evitar que un sollozo silencioso se despegue de su garganta.

El jefe de estación observa el cielo, no se había pronosticado lluvia, la niebla cubrió la mañana y la bruma se acerco en la noche dejando un halo de silencio y melancolía. Es el momento de dar la salida. Se coloca la gorra y camina hacia la cabecera del tren.

Activa la palanca de paso de la corriente y toca el silbato mientras el maquinista se despide del lugar con un intenso bufido.

María José Luque Fernández.




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