Almas que se rozan.

 

Ensombrece el olmo tu silueta mientras silente hiere el sol tu piel, en el obscuro momento en que el alma vuela, al reencuentro de aquel ser que te ilumina la sonrisa. 

Sin buscarlo, encuentras entre esas sombras esa esencia que  deleita tus sentidos y que sin dilación alguna decides plasmar en tu vivencia. 

Cuentan las golondrinas en sus chismorreos curiosos que eres tú la dueña de sus pensamientos, en esos laberintos de la mente, que resuenan en las esquinas. 

La luna traviesa, celosa, se encuentra al no tener momentos, pues él los roba en sus sueños para hacerte tan hermoso regalo. 

El brillo de su mirada le traiciona cuando en el velo de la noche rasgado, intenta camuflar su pensar. 

Besos sordos para el resto del mundo, regazo ardiente que recoge el alma en la noche, brazos fuertes que arropan de los sueños, pesadillas hirientes de la noche, de esa presencia tan ausente que rompe moldes. 

Caricias no sentidas que envuelven y erizan la piel que hueles y sientes, a través del vago rumor del viento.

Suspiros que te hablan de deseo y sueños que se vuelven tentaciones.

A la luz del alba se bañan las almas de esos dos poetas, mientras en la luz del día se dispersan, para dormir viviendo silentes en su rutina.

Cada noche sus almas se arropan y se pierden en el infinito universo, donde sin excusas, pueden sentirse.

Marijose.- Letras y Fotografías.

Esos miedos

Fantasmas se liberan de tu alma, fantasmas que vienen, suave y lento para hacerte sentir culpable y sin aliento hasta conseguir esa confesión, siempre fui así.

Temores que tenemos, disfrazamos, camuflamos y hasta toreamos para acabar encubiertos de ellos, en falsos comportamientos, que flaco favor nos hacemos, todo sale, todo fluye, nada muere sin saberse.

Qué oportuno salir a flote, aquello que ocultabas, cuando menos lo esperabas, qué necios, nos pensamos liberados, sin ellos.

Son los miedos lo que paralizan. Lo que impiden respirar, seguir, jamás avanzar.

No hay espejos en mi alma, no quiero reflejarme en ellos, pues miraría y más me observo, y no quiero encontrarme, por que vivo ajena, a mi rostro, a mis lágrimas a tanto alimento negativo que ha ido minando mi sentido y ya no quiero.

Huye lejos dice mi lado bueno.

Mata esos miedos.

Huye, sonríe y empieza de nuevo.

Autora: Miriam Giménez Porcel.

La Carta del Adiós

 

Curioso lo de vivir en tu ciudad y nunca verte.

Metí la sonrisa entre las llamas de tantos ojos azules queriéndome calentar el corazón, que me volví adicto a los inviernos, por eso empecé a odiar el frío intenso de todos estos veranos, cuando por fin pude verte.

Creo que no siempre tienen algo que ver las copas rotas para unos labios heridos, ¿verdad? Aunque no creo que entiendas nada, a ti que nunca te han disparado besos (versos) a bocajarro.

¡Qué sabes de la vida de ojos cerrados!

Hoy respiro poesía entre la bruma de la ribera de este cuasi río que nos queda, pobre Tajo, nos lo han cambiado por unas pelotas de golf. Pero a lo que vamos… Respiro la poesía de los árboles en primavera y del canto de los pajarillos alrededor.

Atrapados quedamos en el estribillo de aquella canción, esa que hablaba de las babas del mar y del relámpago en vena, de desayunos para mañanas sin prisa -con el café bien cargado-, que aún hay sueño.

Acurrucados bajo la ventana, mirando la espuma del mar, observando a los peces bailar la rumba de los enamorados.

Aún no comprendes nada, no entiendes ni el por qué de lo que sin serlo fui. Pero contigo hoy vuelvo a huir, contigo y de ti.

Ojala supiera hablarte del mar, en lugar de usarte como chaleco salvavidas.

 

Besos.

Tuyo siempre.

Juan.

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