La Carta del Adiós

 

Curioso lo de vivir en tu ciudad y nunca verte.

Metí la sonrisa entre las llamas de tantos ojos azules queriéndome calentar el corazón, que me volví adicto a los inviernos, por eso empecé a odiar el frío intenso de todos estos veranos, cuando por fin pude verte.

Creo que no siempre tienen algo que ver las copas rotas para unos labios heridos, ¿verdad? Aunque no creo que entiendas nada, a ti que nunca te han disparado besos (versos) a bocajarro.

¡Qué sabes de la vida de ojos cerrados!

Hoy respiro poesía entre la bruma de la ribera de este cuasi río que nos queda, pobre Tajo, nos lo han cambiado por unas pelotas de golf. Pero a lo que vamos… Respiro la poesía de los árboles en primavera y del canto de los pajarillos alrededor.

Atrapados quedamos en el estribillo de aquella canción, esa que hablaba de las babas del mar y del relámpago en vena, de desayunos para mañanas sin prisa -con el café bien cargado-, que aún hay sueño.

Acurrucados bajo la ventana, mirando la espuma del mar, observando a los peces bailar la rumba de los enamorados.

Aún no comprendes nada, no entiendes ni el por qué de lo que sin serlo fui. Pero contigo hoy vuelvo a huir, contigo y de ti.

Ojala supiera hablarte del mar, en lugar de usarte como chaleco salvavidas.

 

Besos.

Tuyo siempre.

Juan.

Lo Que Soy

Lo Que Soy

Adios, me dijo tu risa cruel como puñales clavados en la espalda, punzantes, que no dejan sabor a nada.

Salí corriendo a buscarte por funestos garitos de luces de colores, sí, te he buscado intensamente, he buscado y no encontrado ni rastro de tí. Únicamente olores a rosas, perfumes de hielo y carcajadas de rojo carmesí.

Pero ayer por fin di con tu lado más marciano, te encontré rodeada de lunares gambeteando entre el humo de mil cigarros, fuego intenso derramado sobre gotas de licor, dejando paso al calor de la noche más oscura.

Me guiñaste un ojo, tu lengua violenta diciéndome que no, se contorneaba sobre la miel de tus labios y yo cual harapo, detrás de tu reflejo me vi. Abrázame fuerte a este cariño con un espasmo te dije, pero ya jamás te volvería a ver, o sí. Te olvidaste de mi paladar y como una plañidera me vi desalmado, con cara de perro, golpeando a los ladridos inoportunos.

Debí mirar atrás y rogar al Dios de los desengaños que dejara de echar pelusa al ombligo de los desencantos que soy.

Un estampido de mil campanadas sobre mi cabeza hundida en un charco, rondando por el amanecer, no pensando el qué sino el por qué la luna se jacta mientras el sol radiante me escupe a la cara.

Me quedo pasmado buscandote al pasar, queriéndote ofrecer-me de nuevo. Me comería las estrellas una a una por conquistar tu corazón, enlutando los sinsabores del destino, hasta enloquecer.

Quizá, si supiera acunar el arte de la magia, te hechizaría, las llaves, al amanecer robaría. Heme aquí llorando una bahía, muriéndome por esa sonrisa y por esos ojos que me hacen temblar. Que sepas que no me han rendido, he sido yo el que a querido fracasar.

Me he transformado en ese borracho que con su lento divagar, olvidando los inviernos, saludando a los cerezos, vuela y vuela alto para olvidarse de recordar.

 

Los bosques de mi mente

Me traslado de escenario y busco el guión que debo seguir en esta nueva obra.

Los silencios son parte del libreto también, los abrazo y los vivo por qué ellos enseñan todo aquello que no se puede decir con palabras.

Un gesto, una mirada, tal vez  un latir del corazón sentido en la palma de tu mano, en una voz que te hace temblar, y resurgir el aleteo de las mariposas en el estómago.

Un silencio que retorna vida en ese eco silente en que se envuelve un espectador.

Ese escenario,  casi es lo de menos, el lugar no es impedimento para que mi actuación sea deslumbrante. Un bosque, un arroyo, una gran urbe en la que el caos desborda. En una casa adinerada bajo esa lampara de cristales o simplemente entre chabolas,  en la más humilde pobreza.

Momentos, tampoco influyen, de noche o de día, bajo la tenue luz de una farola, en la orilla del mar con el sol marchando en el horizonte o la luna llena que de lunáticos  siembra el mundo.

El ser humano sin más, puede actuar en cualquiera de esos hábitat.

Una mente en la que todo se entreteje, discurren las neuronas como conseguir ser poeta de la vida y no morir en el intento.

Decidir mi vestuario tampoco es difícil, piel con piel,  es suficiente para poder ser vida en una jungla llena de trampas, de cazadores furtivos que esperan el momento.

Se abre el telón.. Uff!! apenas tuve tiempo, con tanto enredar la mente…..

Una música de fondo, nos pone en situación….Muy tenue, suave suena “Claro de Luna….”

Un bosque en la noche, pequeño claro en el que la luna deslumbra, un horizonte en el que los acantilados bajo nuestros pies se encuentran y batallan los sentidos.

El mar, su reflejo en él, bañados nuestros cuerpos por su ir y venir, acunados a veces por su calma,  otras en la tempestad,  en que se enredan por momentos tras un encuentro consentido.

La algarabía de la sal que penetra en los poros,  despertándote del letargo inducido, tras el sueño en que aquel brebaje sumió tu mundo, mientras disparatado el suyo encumbraba la vida y marchaba vadeando el océano.

Sin caminos, con abismos,  nada queda más que el mar que atraviesa continentes e imprime distancias en mapas,  dibujadas geografías que en la mente son sentidas.

Sinuosos recorridos entre aquellos acantilados reclaman potestad para alejar y acercar certeramente corazones que derrumban la paz.

Otra melodía se hace eco del momento, estalla la tormenta mientras despiertas….

Centellean los relámpagos ante ti,  el cielo se viste de gris, las nubes veloces arriban, mientras se fuga la luna,  rauda a salvo se pone mientras diluvia.

La piel encuentra placer en la humedad sentida, mientras sin costuras se desviste el alma y la luz recrea el reflejo de tu mirada en el cristal rasgado que en su rostro el poeta lleva.

Tras anegarse todo solo queda dejarse llevar y fluir en ese mar en el que libre sirena buceas al encuentro del coral que adorna la piel sentida y cura el corazón que se enreda en mil batallas con la mente mientras él se marcha…..

 

Todo un mar de sensaciones que nos regala la vida.

Disfrútalo….

Y  ….. El espectador se pregunta ….
¿Esa barca de quien es?  Del poeta….

Marijose.- Fotografías de la red.

Vídeo “Mar de Sensaciones” las voces son de Xavier Hernández y Marijose Luque. Las letras son de Jaime F. González y Marijose Luque.

 

 

 

 

 

 

 

 

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