La excursión

 

Daniel, no olvides el almuerzo, le gritó su madre, mientras bajaba a toda prisa por las escaleras de su casa, se había quedado dormida y llegaba tarde al trabajo y daniel al colegio, veloz como un rayo, preparó todo para que Daniel estuviera listo enseguida puesto que el autobús no tardaría en llegar como cada mañana. Daniel es un chico, inquieto,aventurero,con muchas ganas de aprender,muy  hiper activo  y nunca para,salvo cuando duerme e incluso ni eso.En clase siempre es el primero en todo, es el que ayuda a hacer las tareas en grupo,cuida de los animales que hay en clase,sale siempre a la pizarra cuando hay cuestiones que resolver y siempre ayuda a sus amigos.Esa tarde estaban estudiando como de costumbre cuando la profesora les comunicó que para el lunes quería una redacción,con fotos,videos y bien documentada de las cuevas que hay a las afueras del pueblo.Daniel entusiasmado rápidamente eligió a tres amigos más para formar el grupo que dijo la profesora para así poder ir el sábado a hacer su trabajo.
Cuando acabó la clase, fue corriendo al autobús que le llevaría de vuelta a casa, solo pensando en planificar, que haría y que llevaría para tal misión.
Cuando llegó el viernes por la tarde, Daniel,Jorge,Lucas y Joel empezarón a hablar sobre la expedición del día siguiente,tenían muchas dudas pero daniel les dijo..
-confiar en mí chicos, yo llevaré todo lo necesario para mañana, vosotros solo coger comida y unas linternas, de acuerdo.
Cuando llegó a casa preparó con mucho cuidado su mochila,unos refrescos,linternas,algo de comida,sacos de dormir,su cámara,un poco de ropa de repuesto y una navaja que le había regalado su abuelo antes de morir.
Cuando acabó de cenar,nervioso repasó todo lo que tenía preparado, y así agotado tras un día intenso se quedó dormido.
Asustado dio un brinco en su cama, y pensó, ya me he quedado dormido,cogió su mochila y se dio cuenta que todo estaba en silencio,miró su reloj y marcaban las seis de la mañana, aún quedaba una hora antes de que vinieron sus amigos, decidió coger sus cosas y esperarles en el piso de abajo, fue a la cocina y se preparó un vaso de leche caliente con magdalenas, tuvo tiempo mientras saboreaba este manjar de mirar en internet una leyenda de esas famosas cuevas, leyó que eran unas antiguas minas de oro y que mucha gente murió allí dentro a causa de desprendimientos, tenía muchas galerías y túneles que aún no habían sido descubiertos, eso se entusiasmo.Llegaron las siete de la mañana y sus amigos puntuales,emprendieron esa gran aventura entre risas y nerviosismo. Cuando llegaron al lugar vieron justo al lado derecho de la cueva una explanada convertida en un cementerio con algunas lápidas, en memoria de los mineros, tenía todo aspecto de dejadez y abandonado.
-Alla vamos amigos, estáis preparados para entrar y descubrir nuevas cosas,. dijo Daniel
-Si,Si,Si dijeron todos a la vez.,,
Los cuatro amigos se adentraron,en la oscura cueva,hacía frío encendieron las linternas estaba todo en silencio solo se escuchaban unas goteras que caían a lo largo de la galería,continuaron caminando y apenas ya se veía con las linternas menos mal que alumbraban todos a la vez, de repente Jorge asustado dijo:
-Habeis escuchado eso, son como gritos y lamentos?
-Nosotros no, dijo Daniel, no empieces con tus tonterías!!
Siguieron andando, Daniel se adelantó un poco más que los demás,no quería reconocerlo pero estaba asustado, se escucharon unos gritos a Daniel se le cayó la linterna del susto cuando se pudo dar la vuelta y alumbrar sus amigos habían desaparecido, como si la cueva se los hubiera comido, vio que en el suelo había sangre, empezó a tener mucho miedo, se tiró en el suelo sollozando pensando que sus amigos le estaban gastando una broma..
-Vamos chicos dejarlo ya!!!! ya me habéis asustado bastante salir ya,.. pero nadie contestaba.
De su mochila cogió la navaja de su abuelo, y agarrando la linterna con fuerza se puso de pie y continuo andando cuando una sombra se le acercaba por delante, no veía bien quien era ni que era, aterrorizado y temblando miró hacia los lados para poder huir pero no más lejos de eso otras sombras se acercaban, no podía creer lo que estaba pasando no sabía si sus amigos estaban muertos o vivos, Daniel no pensó otra cosa que usar su navaja contra esas sombras en un alarde de valentía o de supervivencia, logró correr y correr hasta que por fin vio una luz, en sus últimos esfuerzos llorando, consiguió salir de la cueva,…

-Daniel hijo!!!.. Que son casi las siete de la mañana,..arriba te has quedado dormido!!
Su madre encendió la luz de su habitación, y encontró a Daniel tumbado en la cama vestido, lleno de sangre y una navaja en la mano.

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Luces de primavera

Tomó un taxi de madrugada.

El rumbo, la ilusión, las ganas y una nueva dirección fué la unica conversación que mantuvo aquella mañana.

La felicidad vino de la mano del sol que iluminaba la estancia. Parecía como si algo la estuviera esperando, alguien impreciso, pero que ella notaba.

Bello domingo se presentaba, sin más pretensiones que desayunar en silencio, salir a escuchar la naturaleza de aquella masia apartada, perderse, para encontrar la paz que tanto anhelaba.

Necesitaba poner todo en orden. Primero su mente. Sus pensamientos. Siempre tan nefastos. La negatividad continua que ella traspasaba. Todos se habían alejado. De un modo u otro, fue alertándose de cómo nadie la llamaba, ni se preocupaba de sus miedos, los añoraba, pero no llamaban.

Justificó sus actos, el estres diario, sus propias vidas les alejaban.

De ahí esta huida, de ahí el salir de todo y recapacitar si era ella y debía recuperar a todos los que amaba, o bien debía replantearse el egoísmo y subirse a otro tren, empezar a pensar en si misma, su calma.

Tenía que tomar una decisión al respecto de todo. Por duro que fuera. Para ella. Para él. Para sus hijos. Para todos aquellos que la rodeaban. Su propia infelicidad les agobiaba.

Qué cruel puede llegar a ser. Teniéndolo todo y desear otras vidas.

Cuanto había ansiado, lo había conseguido.

Las metas propuestas, las había alcanzado.

Entonces, ¿porqué tanta inseguridad? ¿Porqué tanto deseo de huir, por empezar de nuevo?

Sin tener sentido, cada noche lloraba.

Sin entender el motivo, cada dia soñaba. Otro amor. Otros sueños. Otra casa.

Desde niña había pensado en crear lo que sus padres jamás lograban. La unidad, la estabilidad, las risas, los gestos de complicidad, en definitiva lo que era una familia soñada.

Ellos no lo eran, jamás lo habían conseguido y eso le dolía en el alma, y se había propuesto hacerlo bien.

Desde niña se empeñaba en que todo fuera, como debía ser, como tocaba.

Se enamoró. Lo consiguió. Lo enamoró. Su sonrisa, sus curvas, sus ganas. Se casó y procreó. Eran la envidia de cualquiera que a su paso los mirara, y aun así de puertas para adentro, la vida pasaba. Ni eran felices, ni se amaban.

¿dónde quedó todo aquello que un día se afianzaba?

Él no la miraba, no la comprendía, ni si quiera la valoraba.

Ella lo idolatraba. Y le dió unos hijos que eran su viva estampa. Un hogar que cualquiera deseaba. Una vida estable, que ahora la ahogaba.

Por consejo de su psicóloga, allí se encontraba, perdida, buscando respuestas a preguntas que no   le gustaban.

¿Se amaban? ¿Se necesitaban? ¿Se huían?

Realmente, se engañaban.

Y lo que más le dolía era, que estaba viviendo la misma imagen de su infancia, los gritos, las malas palabras, el simplemente trabajar y dejar que la vida pasara.

Inmediatamente después empezó a comprender lo que antes no escuchaba, que para que alguien la amara, debía empezar por amarse a ella misma, sentirse mujer, deseada, mirarse al espejo y entender que o se gustaba o jamás llegaría a nada. Que o ella misma se valoraba, o no se haría valorar por su marido, por sus hijos, ni por su propia mirada.

Inmediatamente después de llorar con inmensas ganas, decidió que empezaría de nuevo. Que valoraría cada amanecer. Que concedería amor y sonrisas y bellas palabras.

Entendería realmente que la verdadera terapia, empezaba en la palabra QUIERETE y después ama.

Regresó, abandonó su corto letargo en aquella estancia.

Serena. Dispuesta a que la entendiera, quien jamás la escuchaba.

Las luces de primavera de cada mañana, cegaron los miedos, enterraron las voces que la atormentaban.

Ella no era su madre. Conseguiría salir de esta depresión prolongada.

Ella es única. Tenía derecho a ser feliz. A no envidiar. A no sentirse abandonada.

Se acabó la batalla.

Autora: Miriam Giménez Porcel

Crónicas de una madrileña desde un pueblo pequeño de Extremadura

Despertar con el cántico de miles de golondrinas alborozadas con el amanecer de un nuevo día, con la campana de la iglesia que toca cada media hora. Excepto de 24:00 a 07:00 por aquello del dejar descansar a los vecinos.

Los perros ladran a lo lejos en los corrales de las casas, en un coro discontinuo. La luz se cuela por la ventana tenue en principio, pero  con firmeza da paso al fin al calor, aunque aquí hace mucho calor fuera, en casa con estos muros de ochenta centímetros, incluso por las noches refresca y hay que recurrir a encender la vieja chimenea.

Aquí todo el mundo te saluda, te dan lo poco que poseen, o lo mucho porque algunos viven holgadamente, no hay más que ver sus casas.

Mi vecina me regala huevos recién puestos por sus gallinas, no sé si podré comérmelos o se estropearán antes, pues en este preciso instante la casa carece de frigorífico. Se que la gran mayoría no vais a entender cómo se puede vivir sin un frigorífico, pero se puede os lo aseguro. Especialmente si estas tu sola, y siempre hay algo que comprar en las cuatro pequeñas tiendas que hay en el pueblo.

Perdón, quería decir tres, porque la cuarta, no es de alimentación, aunque aquí en casi todas las tiendas hay un poco de todo. La cuarta es un bazar donde puedes encontrar una miscelánea de cientos de productos apiñados en dos pequeños pasillos con poco más de tres metros de largo. El orden es bastante aleatorio, aunque la propietaria lo encuentra todo rápido, incluso yo en unos minutos he llegado a localizar los productos buscados: unas hojas de lija de diversos grosores, un destornillador, una llave inglesa y un cúter. Aunque habría podido comprar también productos de limpieza, que ya tengo. O una cacerola, un tinte para el pelo, o unas pinturas alpino de 12 colores para el colegio de esos pocos niños que se ven por aquí.

He conocido a uno de esos niños, Héctor tiene unos 9 años, y pasea bajo mi balcón para arriba y para abajo con juguetes en la mano. Casi siempre solo. Vive dos casas más allá, es el pequeño de tres hermanos. Estaba limpiando uno de los balcones cuando el pasó y se me quedó mirando, siguió caminando y volvió a mirar… La tercera vez que lo hizo, le saludé, y le pregunté su nombre. Es una práctica que hago desde que llegué la semana pasada a este lugar, siempre pregunto el nombre a la gente, y les digo el mío. Quizás quiero retener algunos de los que van a ser mis vecinos durante mucho tiempo. Quizás dándoles el mío reivindico mi lugar en esta pequeña sociedad  cerrada que suponen poco más de cuatrocientas personas.

La casa está situada cerca de la plaza del pueblo. No, no es una casa de campo, aunque aquí el campo no está más allá de doscientos o trescientos metros sigas la dirección que sigas en torno a la estrella de los vientos.

Se respira calma y silencio, justo lo que necesitaba en este momento. Pensar sobre todo, replantear algunas cosas que no están yendo como a mí me gustaría en mi vida, y concentrarme en mi misma por una vez, que ya me tocaba. Después de más de 25 años dedicándome en cuerpo y alma a los demás, hablo de todo aquello que te impide cuidar de tus inquietudes personales, y no de las de los que te rodean.

Algunos ya empiezan a preguntarse por qué he venido a parar a este reducto apartado de la civilización en busca de mi misma, como si buscarse en cualquier otro lugar no fuera válido. Seguramente lo es, lo será sin duda. Pero dejar los lastres atrás y desenvolverte por ti misma es un reto lo suficientemente atractivo como para embaucar a esa aventurera que creo llevar dentro, o al menos así es como me gustaría que fuera. No tardaré mucho en descubrirlo, y si os parece os seguiré contando las crónicas de un pueblo perdido en la Extremadura rural, cerca de Monfragüe, y de Plasencia… Lejos de familia y amigos. Dónde las encinas y olivos, cerdos y gallinas son mi paisaje ahora.  Aquí donde la dehesa sublima el sol haciéndole todopoderoso y donde a su sombra bajo  un árbol hiere menos y se convierte en acariciadora.

Seguramente a Paco Castañares, amigo tuitero, le encantará saber que me encuentro por sus lares, y a algunos amigos más que son de estas tierras, como lo fue mi madre, lo es, porque nosotros nos iremos, pero probablemente sin descubrir que es la tierra quien finalmente nos posee.

Un búho ulula al amanecer y al atardecer… La gran noticia del pueblo es que con la leña de un vecino llamado Andrés ha llegado un nuevo habitante, un lagarto de unos treinta centímetros al que las gentes del pueblo dedican más atención que a mí, y del que andan cuidando que nadie le haga daño.

La torre de la iglesia tiene tres nidos de cigüeña. En la casa de enfrente hay otro nido… Hay muchos por todo el pueblo. Es impresionante escuchar como baten sus picos a los doce y pico de la noche, cuando estás intentado coger el sueño. O cuando simplemente como hoy, trato de escribir sobre lo que veo.

Por cierto hoy vi pasar a Héctor con su madre, llevaba una venda en la muñeca, y le pregunté que le había pasado. Parece ser que a la salida del colegio se acercó al riachuelo a ver los peces, y se cayó al agua desde un viejo puente medio derruido… Para que os hagáis una idea, el puente no está vallado a los lados, y el riachuelo cubre unos cuarenta centímetros escasos, si casi hay más hierbas que agua, pero mi amigo Héctor quería ver los peces, a quien no le ha pasado a su edad… Y se asomó con la insaciable curiosidad de un niño.

Y ahora si completo el primer capítulo de crónicas de mi pueblo, una carta sincera, escrita desde lo que siento sobre la vida fuera de una ciudad

Sólo espero que Héctor se mejore pronto, y que no le duela el pequeño huesecillo de la muñeca que se ha roto en su caída. Aunque él nunca lo sepa, se ha convertido en mi primera preocupación en esta nueva vida.

Desde mi pequeño pueblo,

Carla

@carlaestasola

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