El beso de la dama de la noche.-Un relato con Poema en audio.

     

       Se abren y se cierran las puertas de los días, entre sus paredes quedan suspiros y gritos que a veces no cesan y en ocasiones duran hasta el amanecer en que él individuo agotado, de tantas emociones diurnas, cae en cualquier rincón, dormitando.

         El visitante no se da cuenta, de que no hay un lugar seguro, tranquilo, siempre está siendo observado, por algún ente.

        No hay lágrimas, ni malestar alguno;  la cena   es el momento en que todos pueden hablar sobre lo ocurrido en el día, pero nunca habrá respuestas sobre cuestiones que se refieran a todo lo que haya o no podido suceder.

       No hay un número fijo de invitados o visitantes, a veces, solo hay uno.

      Se les olvidó comentar que todo lo que ocurre en aquel lugar, esta dentro de la más incrédula realidad.

      Un ruido en el tejado del invernadero, cristales que se hacen añicos, con mucha fuerza, como si una explosión hubiera ocurrido.

    Un laberinto impide a esas horas y a cualquier otra, su acceso, al invernadero, siempre se encuentra en movimiento, cambiando de forma y espesor, encontrar la fuente en la que aquel muchacho tiene aquella extraña  manera de desconectar de la muerte, era una tarea bastante complicada. Dormido sin hundirse, las raíces se enredan en sus brazos y piernas, mientras el  marcha a realizar su viaje.

     Nada ocurre, después de unas horas, a veces toda la mañana, las raíces le sueltan y el continua tumbado todavía unos minutos mas, mientras su ser regresa y abre los ojos despacio, volviendo a ser, ese muchacho preocupado con lo que pueda llegar, mientras algo más que su mirada, se eleva en el azul infinito del universo, sobre el que habitamos.

      ¿Cuánto le gustaría  poder pasar toda el día ahí, alli? en ese otro mundo, donde no suceden estos extraños sucesos, si así, se les podían nombrar.
.
Al rato; después de escuchar aquel ruido atronador procedente del gran invernadero, la confusión besó a la reina de todas mentes, allí presentes.

     La ansiedad se une a lo ya vivido durante todo el día, ya casi anterior, ayer; y cada cual decide que sentido darle a las percepciones vividas, sobre lo que allí esta aconteciendo.

    Algunos, hace rato que han salido corriendo a través  del bosque. Pasaron horas caminando, hasta caer en la mayor de las desidias, jamás encontrarían, una salida.

      Otros se han acurrucado debajo la mesa sobre la que el desayuno aun inacabado, permanece, tal vez, un poco desmigados los bizcochos y los cafés  e infusiones  derramadas.

      Como era lógico, tal vez, lo más  probable, uno de los muchachos,  salió  corriendo como alma que lleva dentro el diablo, recorriendo  cada uno de los habitáculos  que integran aquel lugar.

      Aquella dama cuya mente fue besada, en los más  trascendentales momentos de confusión, parece haber tomado  el control de todo lo que ha ocurrido la noche anterior.

      Ella repite una y otra vez: “toma el control de todo y te darás cuenta de que nada es lo que parece”.

      Quizás, un sueño del que despiertas y encontrarte ante tus ojos, unos breves segundos, algo que no sabrías como nombrar.

      Una dulce terapia que te ayuda a paliar tus “pequeños problemas”.

     El muchacho, una estaña mezcla, entre humano y..  tal vez un avatar, la miró y se percató de que ella era la “dama de la noche” aunque aún debían ocurrir muchas cosas, en el transcurrir de un tiempo, aun sin determinar.

     Todos fueron a dormir temprano, ya casi cuando el sol rozaba su hermoso, sereno rostro.

     Mientras las muchachas que antaño se ocupaban de  tener en orden la casa, recogían el desastroso  desayuno.

   No, no era una equivocación,  en esta casa, todo estaba cambiado, más bien diría, extrañamente distinto, según que, un orden preestablecido.

     !No!  Ahí  no existía  tal cosa.

    Todo era un continuo caos, como si una gran mariposa no parase de aletear.

    Ellas vivían en la casa, antaño, eran el ama de llaves y las sirvientas a su cargo, que durante tantos años llevaron con mesura la casa.

    Después, de aquel extraño suceso, en el que muchos miembros de la familia desaparecieron todos a la vez, sin motivo alguno, la ama de llaves, que llevaba,  valga la redundancia, toda una eternidad allí, salió corriendo, tirando por el aire todo el manojo de las llaves y nunca más se volvió a saber de ella.

    En el pueblo hablaban de lo que no entendían, como siempre terminaba ocurriendo, pero nunca nadie se atrevió a acercarse y averiguarlo por si mismo.

   Ya sólo el enorme muro que vallaba el espeso bosque, era suficiente impedimento o causa, para no pensarlo, antes de entrar impunemente en la finca.

    Poco a poco se fueron marchando el resto, con la excusa de viajes de negocios o de vacaciones y quedó el más joven de los muchachos habitantes, que nunca tuvo intención de abandonar el lugar. Habitando aquella enorme y tétrica, había que reconocerlo, mansión.

     Nadie quería que llegará la alborada, era el punto del vía crucis, así lo llamaban, al lugar y momento donde se iniciaba el caos.

     Todo volvería a su ser. Ella ya  había sido elegida, su mente, besada.

     Ella la sintió desde su receptáculo de vida, donde durante tanto tiempo la había esperado.

     Aquello era solo el comienzo, ella eclosiono en el preciso momento en que sintió su presencia, cuando se hicieron añicos los cristales que la cubrían y al mismo tiempo la protegían.

     Era delicada, con una intensa y dulce fragancia, la más natural que se podría jamás encontrar. Ella era “la dama de la noche”

    Ya todo volvería a su ser, todo dispuesto. Ella había sido la elegida. Cuando beso aquella mente, ambas se sintieron unidas para siempre.

    Su dulce contacto producía ampollas violáceas llenas de luz que eclosionaban en breve instante, desde ese momento, eran su sostén y su enriquecimiento, permanecían eternamente con ella.

     Aquella vieja casa comenzó a desmoronarse despacio, sin prisa, formando parte compacta del paisaje.

     Bajo la tierra en ese inmenso bosque, ahora cubierto por la intensa nieve que no paraba de caer.

     Todo se plegó en si mismo.

     El receptáculo de la dama estaba preparado, allí,  desnuda, hermosa presencia se unieron las dos mentes que quedaron convertidas en una, pues sólo durante el periodo de  una milésima de segundo, en una determinada noche ocurre este hermoso suceso en el que una fuente inagotable de sabiduría y luz de todo el universo existente, aunque desconocido, fluyera,  ahí, al alcance de todo aquel que la mereciera.

    La noche se hizo luz poco a poco hasta el próximo  beso de la dama de la noche.

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Os dejo el audio del poema.

Como no prender mi cuerpo de deseo
sí te miro y no encuentro letras que encadenar
para contar a los demás
esa sutil delicia que produce tu mirada
la luz,que emites sin dañar el cristalino
ese blanco, que en pureza te envuelve.

La sencillez de tus formas
la delicadeza de tu ser
que parece romperse, solo, con mirar-te.

Cómo no querer, ser parte, de ti
sí es mi deseo
abrazarte sin tocarte,
mirarte sin acercarme,
qué  me envuelvas en esa dulzura
qué desprende tu ser.

Amándote como se ama
lo más sagrado del mundo
Observando-te en la prudente distancia
Sin dañar-te  tu hermosura
Cómo si fueras mi diosa.

Marijose
Fotografía de la red. Será  retirada si se solicita.

El bolígrafo verde

EL BOLÍGRAFO VERDE

Mi vida cambió por completo el día en que me regalaron un bolígrafo de color verde. Sí, sí, como lo oís, no penséis que exagero. He aquí una prueba más de que la cosa más insignificante puede suponer un cambio muy grande. Una especie de «efecto mariposa» en plan casero. En mi caso, todo comenzó por un bolígrafo de tinta verde.

La cuestión es que yo sabía de la existencia de estos bolígrafos, obviamente, así como de muchos otros colores, pero nunca había utilizado ninguno. Y he de decir que, cuando estudiaba, mis apuntes estaban impecables con los tres colores clásicos: azul, negro y rojo. Utilizaba el color rojo para los títulos de los temas, el negro para los subtítulos y el azul para el contenido. No necesitaba más. Después de eso, en mi vida laboral, el uso de bolígrafos quedó limitado casi en exclusiva a los colores negro y azul. Mi predilecto siempre ha sido el negro, pero para las firmas de documentos siempre he utilizado el azul, por aquello de que se notase a simple vista que eran originales y no vulgares fotocopias.

Cierto día, uno que estaba siendo particularmente duro, una reunión con un cliente fue la que me cambió la vida. Así de sencillo. Yo andaba con un humor de perros y, como ya habíamos forjado cierta confianza entre nosotros, decidió echarme una mano y contarme su secreto. Él es una persona tranquila, a la que jamás he visto alterada, por muy dura que hubiese sido la situación.

—¡Vaya! Parece que estás teniendo un mal día hoy, ¿no es cierto? —me comentó, como quien no quiere la cosa, después de que yo hubiese soltado una larga ristra de tacos tras una inoportuna llamada telefónica.

—No me hables, no me hables… —le contesté, mientras le ofrecía un café.

—¿Sabes qué? Te iba a contar una cosa, pero seguro que no me vas a creer, así que… —me dijo, interesante. Sabía de sobra la rabia que me da que me pongan el caramelo en los labios para luego no contar nada.

—¡Ah, no! Ahora me lo cuentas… Con el día que llevo, no me dejes así o soy capaz de morderte —le hice un gesto imitando a un mordisco, para enfatizar mi respuesta.

—Vale, pero me tienes que prometer que no te reirás, ¿de acuerdo? Y, sobre todo que, por ridículo que te parezca, lo probarás.

—Venga… cuenta… —le contesté. Ya estaba empezando a impacientarme y eso no era nada bueno ni para él ni para nuestro negocio.

—Verás. ¿Sabías que algo tan sencillo como el color del bolígrafo que utilizamos puede cambiar nuestro estado de ánimo?

—Jajajajaja, ¿me lo estás diciendo en serio?

—Me has prometido que no te ibas a reír…

—Es cierto, llevas razón. Continúa, por favor —le solicité, mientras trataba de esconder una sonrisilla burlona.

—Apuesto a que utilizas bolígrafos de color negro, ¿me equivoco?

Como ya os lo he contado antes, ya sabréis que no, no se equivocaba. Ya me había picado un poco la curiosidad, así que asentí para que continuase.

—Verás, es muy sencillo. Si solemos escribir con bolígrafo azul, nuestra vida nunca tendrá nada de especial. Eres una persona tradicional, no proclive a realizar cambios, que se encuentra demasiado a gusto en su zona de confort. Si el que utilizamos habitualmente es el negro, nuestra vida será propensa a ser de ese color. ¿Lo entiendes?

Aunque no confiaba mucho en esa descabellada teoría de los colores, asentí y le insté a que continuase. Quería saber a dónde llevaba todo aquello.

—El rojo siempre se ha asociado al color de las correcciones y los fallos. No te lo recomiendo, tu vida será un desastre. Tu cerebro interpretará que todo lo que escribes es erróneo y nunca tendrás la suficiente seguridad en ti mismo.

¿Así que aquello tenía que ver con la interpretación que tu cerebro hiciera? Ya que había entrado al trapo de aquella manera, decidí que lo mejor sería dejarlo continuar.

—Como sabrás, podemos utilizar bolígrafos de todos los colores posibles, pero yo te recomiendo, en tu situación, que comiences a utilizar el verde.

—¿El verde? ¿Por qué el verde? —pregunté, extrañado. Nunca me había parecido que fuera un color muy agraciado.

—El verde es el color por antonomasia de la esperanza. Es el color de los prados, de la naturaleza. Es positivo y relajante. Pruébalo. Ya verás cómo lo notas —y sacó de su maletín un bolígrafo de gel verde, que me entregó.

Sé que suena extraño, pero no tenía nada que perder, ¿no? Desde aquel día comencé a utilizar el bolígrafo verde que me regaló mi cliente. Y después de ese han venido muchos más. Todo, absolutamente todo escrito que tengo que hacer lo redacto en color verde, incluso las firmas de los documentos. ¡Ya son famosas mis firmas verdes en los pagarés! He de reconocer que, desde que utilizo este color, la vida ha cambiado para mejor. Tengo mucha más paciencia, soy más positivo y creo que podría decir que me siento incluso más feliz. Los malos días de ánimo malhumorado son cosa del pasado y disfruto más de cada día. Lo podéis creer o no, pero es así. Quizá sea solo psicológico… o puede que el color de la tinta con la que escribimos pueda afectar en realidad a nuestro estado de ánimo. No lo sé con seguridad.

Y vosotros, ¿os pasáis al verde?

Indómitos…

Parecía llover eternamente sobre el bosque de las hayas, el suelo embarrado,se mezclaba con las húmedas hojas marrones, formando un espeso cenagal que hacía casi imposible la marcha de los cuatro compañeros que juraron entregar aquella misiva.

Aquellos que portaban la llegada del profeta.

El viento aullaba, encorajinado y proyectaba partículas que como flechas, se clavaban brotando sangre de sus caras.

Sus labios cortados por el frío del otoño a pesar de llevar los rostros protegidos por los buzos metálicos.

La marcha era angustiosamente difícil uniéndose la niebla a tan dificultosa marcha.

Cegandoles.

Era prácticamente imposible avanzar, noche oscura, cerrada, la luna nueva.

Las figuras mortecinas bamboleadas por el viento se convertían en fantasmales sombras, que aún despacio no paraban de avanzar. Nada les impedía continuar Y llegar a su destino.

Al son del miedo sus sombras batallaban; ningún otro habitante del bosque osaba asomarse ante aquella noche tormentosa.

Una caverna fluye a través del pantano cuyo camino con los ojos cerrados conocen perfectamente.

Una luz que da lumbre, la yesca eternamente encendida para impedir en el eterno vagar de los tiempos a lo asustados jinetes.

Firmes caminan sobre fatuo fuego, sobre la única chispa que les marca la fe.

Allí, el descanso y el calor humano les proporciona fuerzas para llegar a su destino.

Ella, les recibe y solicita el acomode de los jinetes, que en su valentía y unión, a pesar de los embates de las circunstancia, encontraron la manera de entregar su misiva.

Marijose & Guatavo.

Gracias Gus tus palabras siempre me ayudan a continuar.

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