Sin equipaje

Sin equipaje

Me gusta como caminas por el mundo, como ríes, como sientes, como el aire arremolina tu pelo y te dejas……justo a su antojo, que lo enrede.

 Me insistes, siempre dispuesta me explicas, que si no sonríes a carcajadas, porque sí y porque no. Si no dejas que todo acaricie tu destino, eso para ti, no sería vivir.

 Y pase lo que pase, me haces entender que es imparable, que todo cuanto acontece, era justo lo que debía suceder.

 “Es la vida real, no un cuento de hadas”.- me dices sonriendo.

“Una brújula sin punto fijo, tal vez, incapaz de seguir un rumbo y sin nadie que te guie”,- pienso yo, mirando al infinito.

Me gusta como llegas a todo y sin complicaciones.

Como eres capaz de no encontrarle sentido a los problemas, pues estos pasarán sin más y volverán a ser un recuerdo, cómo todo lo que forma parte del pasado. Ya lejano.

No vuelve, no preocupa, no te escuece.

Sigues tu camino, mirando de frente.

Observo tu equipaje, vas cargada. ¡Llevas tanto! y habrá quien no vea nada.

Y los que han querido entenderte, no preguntan, te miran, el tiempo no se detiene, partes de nuevo, dejándonos a todos vacíos, pero queriéndote siempre, y eso te hace grande, eternamente fuerte.

Jamás dijiste ser la valiente, pero tampoco serás nunca la cobarde.

 

Autora: Miriam Giménez Porcel

Les invito a alegrarse con este tema:

EL EQUIPAJE Lilly Goodman

Lo Que Soy

Lo Que Soy

Adios, me dijo tu risa cruel como puñales clavados en la espalda, punzantes, que no dejan sabor a nada.

Salí corriendo a buscarte por funestos garitos de luces de colores, sí, te he buscado intensamente, he buscado y no encontrado ni rastro de tí. Únicamente olores a rosas, perfumes de hielo y carcajadas de rojo carmesí.

Pero ayer por fin di con tu lado más marciano, te encontré rodeada de lunares gambeteando entre el humo de mil cigarros, fuego intenso derramado sobre gotas de licor, dejando paso al calor de la noche más oscura.

Me guiñaste un ojo, tu lengua violenta diciéndome que no, se contorneaba sobre la miel de tus labios y yo cual harapo, detrás de tu reflejo me vi. Abrázame fuerte a este cariño con un espasmo te dije, pero ya jamás te volvería a ver, o sí. Te olvidaste de mi paladar y como una plañidera me vi desalmado, con cara de perro, golpeando a los ladridos inoportunos.

Debí mirar atrás y rogar al Dios de los desengaños que dejara de echar pelusa al ombligo de los desencantos que soy.

Un estampido de mil campanadas sobre mi cabeza hundida en un charco, rondando por el amanecer, no pensando el qué sino el por qué la luna se jacta mientras el sol radiante me escupe a la cara.

Me quedo pasmado buscandote al pasar, queriéndote ofrecer-me de nuevo. Me comería las estrellas una a una por conquistar tu corazón, enlutando los sinsabores del destino, hasta enloquecer.

Quizá, si supiera acunar el arte de la magia, te hechizaría, las llaves, al amanecer robaría. Heme aquí llorando una bahía, muriéndome por esa sonrisa y por esos ojos que me hacen temblar. Que sepas que no me han rendido, he sido yo el que a querido fracasar.

Me he transformado en ese borracho que con su lento divagar, olvidando los inviernos, saludando a los cerezos, vuela y vuela alto para olvidarse de recordar.

 

Las princesas de Ahora

En este mundo que gira en torno a un horario rotundo. Ese tic tac que no para.

Con unas ganas locas de no perder ya un segundo.

Cabe destacar que la mujer avanza a pasos agigantados y el hombre que la acompaña, la respeta y más la ama.

Por eso mi escrito de hoy es en honor a cualquier mujer. A la entereza, al saberse grande. Y también, a la pareja que así la valora, y se lo demuestra.

 Por supuesto que no existe el hombre perfecto, pero ¿y quién lo busca?

Tal vez aún haya quien sueña con ese príncipe azul, rojo o amarillo, que llegará y te despertará con un beso.

Pero, probablemente cuando despiertes y pasen los años, desearás volver a dormirte y sin verlo todo negro.

Porque, al final, de los sueños se despierta una solita. Y se cumplen junto a alguien y se comparten. Pero jamás permanecer, por ser simplemente acompañante.

 Espero y deseo que realmente seas de las princesas de ahora.

De esas que te despierta el sonido de grito de guerra de la canción más cañera, y te ayuda a empezar el día con energía.

Que te levantas y ladras o, simplemente, ni diriges la mirada, hasta que un buen desayuno te desbloquea.

De las que te da igual quien te vea con aquella camiseta vieja de deshilvanada, con esos pelos alborotados o con unas horribles ojeras, recién levantada.

 Y es que el mundo se comía a la mujer cuando se dignaba simplemente a opinar de algo, y ahora, la mujer que no opina, no es persona. No debería haber quien nos reprima.

Porque las princesas de ahora no tenemos miedo a nada, lo que ha de venir vendrá, lo que ha de suceder, se superará y lo que hay que disfrutar, no lo hay que desperdiciar, ya que hoy estás  y, si no, mañana estará otra.

 Me gusta pensar que cada vez más, tenemos la libertad, la autonomía, la capacidad y la gracia divina de ser y creernos el género fuerte.

Porque lo somos.

Porque una pareja a nuestro lado, nos ha de complementar, no nos ha de anular.

Y cada vez más, la princesa actual vive, lucha y corre con tacones, sin tacones, en falda o pantalones, pero se luce más bella y resuelta por  conseguir cuánto persigue y desea, por sus propios méritos, sin más.

Por supuesto que no existe la mujer perfecta, pero ¿Y quien la busca?

Si al final, al hombre le acaba atrayendo la más loca, la más risueña, la que no tiene complejos, y no conoce rival, la que se rie de ella misma, cuando llora sin sentido, la que expresa cuanto piensa sin vergüenza, la que se cuida porque sí, la que corre una mañana y a la noche sigue así, la que huye de estereotipos, pero luce siempre feliz. La que tiene estilo propio y se gusta sin sufrir.

 ¿sabeis lo qué opino?

Que, todas somos princesas de ahora.

Tenemos ese arte, esa gracia y esa seguridad junto a un sexto sentido, que muchos desean, y al final eso es lo que enamora.

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