Presentación de “Rendez-blues” – Diario de Yo en diferido

Hoy voy a reflexionar, así, como si fuera un madurito interesante y no un pureta que se atrevió a atreverse de verdad un poco demasiado tarde.
Toda la vida echándole un par y resulta que lo que importa no es cómo o cuándo te metes en faena. Toda una vida, media si nos ponemos matemáticos. Dos vidas, un par, si me meto en esa particular rama de las matemáticas que calcula el tiempo que tenía previsto estar pisoteando la el envés del planeta. Tres si cuento las veces que me he visto arruinado. En todos los sentidos. Arruinado de verdad, no en ese sentido restringido, el del ”tronco, estoy sin un duro”.
Qué te iba a decir. Ah, sí, que digo que ya nadie dice “tronco”, “duro ni “un parYo qué sé. Haber estudiao.
Un, dos, tres, catorce vidas y me vienen ahora con el cuento de que lo que importa es venir, venir para quedarse y, mucho más que todo lo anterior, quedarse de verdad. A las duras y a las más duras. Vivir para ver. En eso estamos. Aprendiendo estamos. En eso, en vivir, en aprender y en quedarse.
Y con un par de narices me quedo, literal, cada vez que pienso que hace nueve meses, el parto la burra, no, no creas, que estaba yo acercándome a unos colegas en el parque de Antonio Leyva. No, ese no, el otro, el que tiene un parque, una biblioteca y una peña que se junta a pegar voces por allí de vez en vez. Yo había ido a escuchar a otros recitar y me quedé.
Aquí viene parte del fruto de estos meses convulsos. ¡Que me gusta a mí esa palabra! ¡Convulsos! ¡Arrebato! ¡Que te como! ¡Basta!
Primera presentación, de verdad, cien por cien mía, en marcha, en caliente. Ojo; un millón de gracias a los que estaban, a los que están, a los que me ayudaron a auparme, a los que me ayudan y, claro, a ti. Y gracias también a los que dan por saco y a los que no están. Yo qué sé, todo suma. ¿Que no es verdad? Pos fale.
Ahora, mientras escribo esto, espero que lleguen los días en que presente (me), en La Casa Encendida, el Parque de las Cruces, la Antonio Mingote o el Aleatorio que, dicho sea de paso, conecta directamente con Antonio Leyva y sus colegas. Y mientras escribo esto que estoy pensando mientras escribo, pienso que ya he leído en un par de pubs, en algún que otro curso de creación literaria, en un par de librerías, o librerías-cafeterías, que desde los tiempos del café-concierto no hay quien siga la denominación de los establecimientos del ramo, en un festival en Almagro, en una entrega en Almansa, en unas fiestas de un patrón de no sé qué ciudad, en un par de bibliotecas de aquí y de allí y hasta en el roedor de la Bernarda. Alba, albor, alborada, clarear, como mi cabello desde que cumplí los dieciséis, quién los pillara, yo no, que son agotadores, que no tengo el roedor para tanta zanahoria y tanto farolillo, amanecida, aurora, madrugada, que ahora, siempre, me pilla dormido, maitinada, sin implicaciones, orto, mi favorito, por qué no decirlo. Vamos, que apunta el día a que me quedan muchos días escribiendo y dando la murga.
Como dicen unas que no parecen estar dispuestas a rendirse, voy despacio porque voy lejos. Insisto: Haber estudiao.

Mi madre y mi abuela, esas dos desconocidas adoradas

Estaba dando vueltas en la cabeza a esta reflexión cuando me acordé de la película de nuestro oscarizado Almodóvar, “Todo sobre mi madre” y no al revés, quería presumir de la envidia que me produce Pedro, por ser esa persona que conoce al dedillo los detalles de la vida de su progenitora. ¡Qué suerte la tuya Pedro!. En un caso más reciente también envidio a Paco León por esas maravillosas historias sobre la suya, ”Carmina o revienta” y “Carmina y Amén”. Envío desde aquí mi admiración a estos dos directores, no cómo tales porque eso ya lo han hecho muchos, y yo quizás soy la menos apropiada, sino como “hijos” que han tenido la suerte de conocer sobre sus madres todo lo que yo nunca sabré sobre la mía, y no siempre quise conocer.

Corrían otros tiempos entonces y la comunicación con los padres era más que escasa, casi inexistente. Aquellos padres que pasaban el día fuera de casa y cuando volvían se dedicaban sólo a sí mismos y esas madres a las que les costó un mundo acostumbrarse a utilizar las lavadoras, la televisión, el teléfono o la fregona a una edad en la que ya habían desgastado media vida haciendo todas esas tareas, o como dirían ellas “labores del hogar” a mano. La gran mayoría de ellas sufriendo la frustración de no poder ayudar a sus hijos en las tareas del colegio, sencillamente porque ellas sí habían tenido la suerte de asistir a la escuela, había sido para aprender apenas “las cuatro reglas”.

En algunas contadas ocasiones se nos daban a conocer pasajes de la vida de nuestras abuelas, especialmente cuando surgían los típicos desencuentros con la suegra, solo entonces llegaban a nuestros oídos comentarios sesgados sobre sus vidas, naturalmente transformados bajo el prisma de un crispado estado de ánimo, por tanto no ajustados a la realidad, y en tono totalmente subjetivo.

-Receso: Hoy es casi imposible escribir con el ruido constante de un helicóptero sobrevolando, desde hace dos horas el centro de Madrid. ¿Qué coño pasa hoy? –

El objeto de esta reflexión no era por supuesto el contexto puramente histórico y costumbrista de los protagonistas sino mi personal enfoque, sigo…

Sigo traumatizada por la muerte de mi madre, que falleció años antes que mi abuela paterna. Dos muertes que cambiaron mi vida y me sumieron en la depresión que aún colea.

En mi niñez y adolescencia no fui consciente en absoluto del papel fundamental que tendrían esas dos personalidades en mi vida y mucho menos lo que las iba a echar de menos durante toda mi existencia. Debido a múltiples factores, entorno histórico añadido, esas dos vidas se han convertido en el mayor error de la mía. Me siento culpable de no haber escudriñado en sus sentimientos para conocer el porqué de tantas cosas que hoy desconozco por completo  y que hoy daría media vida por conocer.

Pocas veces le pedimos a la abuela que nos cuente las batallitas que de verdad queremos conocer y no las que ellas se empeñan en relatarnos hasta la saciedad de un modo repetitivo y prácticamente autómata.

Hay tantas preguntas que ahora me gustaría haber hecho. en el ecuador de mi vida, me he dado cuenta que muchas veces valorar a alguien no es tan fácil como simplemente quererle por quien es, es mucho más que eso. Es conocer el porqué de sus reacciones y sus sentimientos. Saber qué es lo que le eriza la piel o le hace soltar una lágrima. De dónde vienen sus miedos y frustraciones, qué le hace sonreír.

Tenemos toda una vida plena de momentos para hacer muchas preguntas, pero no las hacemos, el tiempo pasa, y un buen día ya no podemos hacerlas. Me gustaría poder contribuir un poquito aunque fuera para que todos conozcamos mejor a nuestros seres queridos. El mejor momento para saber es ahora, ¡hazlo! ¡Pregunta!, Habla con ellos. Escucha a los que quieres para conocerles mejor. Para que nunca te quede nada por saber, para que en un futuro no te sientas tan mal como me siento.

Se me quedaron millones de preguntas sin respuesta por las que culparme toda una vida.

¿Cuántas veces le has preguntado a tu madre lo que querías saber?

-Mamá, ¿eres feliz? ¿Por qué no lo eres?

-¿Qué sientes cuando papá no te da tu sitio?

-¿Qué te gustaría haber estudiado?

-¿Cómo te trataban tus padres?

-¿Alguna vez has sido maltratada, o abusada y por quién?

-¿Qué esconde tu resquemor hacia ciertas personas?

-¿Cuántas relaciones tuviste?

-¿Hubo alguien en tu vida a quién aún amas?

-¿Qué es lo que más te gusta recibir de los demás?

-¿A quién admiras y por qué?

-¿Te sientes amada, querida y respetada?

-¿Alguna vez has querido dejar tu vida, cambiar algo, o dejarlo todo y por qué?

… Tantas y tantas más.

Pero ahora ya es demasiado tarde para saber, todos los que podrían hablarnos de ello han muerto o se encuentran en el estado de “No recuerdo”. Y lo peor es que no podremos vivir dos veces para reparar nuestros errores, aunque así nos gustaría que ocurriera. Por ello, te recomiendo que no esperes ni un minuto más para preguntar y conocer todo aquello que te interese sobre ellas, madres, abuelas, tías, primas. No hablo de los hombres de la familia, aunque están incluidos si así lo consideras.

Yo ya no puedo.

@carlaestasola

 

Finalmente descubrí que el helicóptero era porque estaban desahuciando de sus viviendas a mis vecinos de la Calle Argumosa y todo el barrio estaba allí para que no ocurriera, lo que finalmente ha ocurrido. Injusto dejar a vecinos en la calle, en un edificio de renta antigua en el que llevan muchos años viviendo.

Imagen: Ilustración Adrian Wong Shue

Música: Lévon Minassian )Duduk) – They have taken the One I Love

Las flores que nunca seré

He llegado a la conclusión,

conmigo mismo he acordado

que doy todo lo que tengo

pero más, no

 

Carlos Bueno-León

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